Génesis / La Feria del Arte

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Ver el documental 'La sal de la tierra' es algo de lo que es imposible arrepentirse.

20 de septiembre 2015 , 04:00 p. m.

Nunca he tenido la oportunidad de ver una megaexposición de Sebastião Salgado. Tengo un par de libros suyos y puedo recitar su obra de memoria. Alguna vez tuve varias fotos originales suyas en mis manos y debo decir que no he visto nada más poderoso tan de cerca. Salgado, sin duda, pertenece al club de las leyendas de la fotografía. Los críticos de su obra se escandalizan porque ha sido capaz de retratar el horror en composiciones estéticamente impecables. No entienden que la hambruna de Etiopía o el genocidio de Ruanda hayan servido para lograr “buenas fotos”, para ellos la fotografía documental no debería darle tiempo al fotógrafo para enfocar, entender la luz y componer, para ellos hay algo inmoral en sus fotos. Nada más estúpido. Salgado –además de documentalista– es un artista de tiempo completo. El documental sobre su obra, dirigido por su hijo, Juliano Ribeiro Salgado, y el gran cineasta alemán Wim Wenders, rompe toda clase de prejuicios y muestra a un hombre atormentado y completamente comprometido con la gente.

El documental ‘La sal de la tierra’ presenta la biografía completa de Salgado, sus tiempos de agitador político en Brasil, su prometedora carrera como economista en París y Londres, la manera casual como llegó a la fotografía, sus primeras misiones en África, las minas de oro en Brasil, el horror de los años 80 en Etiopía y las masacres sin fin en Ruanda. En algún momento, Salgado cuenta que en un trayecto por carretera de 150 kilómetros no dejó de ver cadáveres masacrados a lado y lado. El documental alcanza momentos terribles cuando narra esa clase de imágenes: “Este padre llevó a sus hijos a una pila de cadáveres y regresó hablando con su amigo como si nada”. Pero la vida y las fotos de Salgado, por supuesto, no son solo sobre el horror. Hay esperanza, claro. Hay una foto de un niño de 11 o 12 años en la que se detiene. “Mira su postura”, dice, “sus padres han muerto, solo tiene un pedazo de camisa encima y abajo está desnudo. Tiene una guitarra de juguete en la mano, un perro flaco, nada más, pero mira al frente con un orgullo sobrenatural. Sobrevivió”.

La película finaliza con el último gran proyecto de Salgado: ‘Génesis’, un libro que explora toda la belleza natural del planeta y que, por supuesto, nació de una experiencia autobiográfica: después de tantos horrores, Salgado estaba deprimido y se refugió con su familia en la finca desértica de esta en Brasil. Las sequías habían convertido el paraíso en tierra seca, hasta que llegó su esposa y comenzaron a reforestar; no hablo más de la película porque vale la pena que conozcan la historia ustedes mismos, y porque vale la pena –en caso de que no conozcan sus fotos– verlas en un formato de lujo: la pantalla de cine. Es imposible arrepentirse.

Puntilla: gran acierto de Cine Colombia por traer esta película y además ser cómplice del Taller Arte Dos Gráfico para tener varias reproducciones de las fotos de Salgado en el centro comercial Andino y en Avenida Chile.

FERNANDO GÓMEZ ECHEVERRI
Columnista de arte
@LaFeriaDelArte

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