La zancadilla que hizo caer para arriba a Mohsen

La zancadilla que hizo caer para arriba a Mohsen

Tras ser agredido por la camarógrafa húngara Petra Lászlo, a Abdul y su hijo Zaid les sonrió la vida

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19 de septiembre 2015 , 11:18 a.m.

La vida de Osama Abdul Mohsen y su hijo Zaid cambió del infierno al cielo en diez días. Pasaron de ser parte del tumulto de personas que huyen de la guerra de Siria en condiciones desastrosas a dormir en un apartamento de Getafe, a quince kilómetros de Madrid. De escaparse de la muerte a alimentar una expectativa en el fútbol.

Mohsen, el refugiado sirio que cayó con su niño en brazos cuando la camarógrafa húngara Petra Lászlo le hizo zancadilla, llegó a Madrid en la madrugada del miércoles. Lo hizo acompañado del pequeño Zaid (de 7 años) y de Almuhannad, otro de sus hijos (18 años), que sueña con ser jugador de fútbol. El Centro Nacional de Formación de Entrenadores (Cenafe) se encargó del viaje desde Múnich y les tenía preparado un apartamento con varios cuartos, al que también se espera que llegue el resto de la familia, que permanece en Turquía.

La zancadilla, que escandalizó a millones de personas, terminó por servirle de pasaporte para alcanzar un sueño. ¿Qué había pasado en la vida de la familia Mohsen antes de ese momento? ¿Qué sucedió después, mientras la gente protestaba por el acto de la camarógrafa y ella pedía perdón? (Vea también: Periodista que pateó a refugiados en Hungría no pide perdón).

Antes de la zancadilla

Mohsen, que nació en Siria en 1962, estudió en el Instituto de Deportes de la Universidad de Alepo. Viene de una familia de clase media, educada. Tiene ocho hermanos, entre los que se cuentan ingenieros, maestros y un médico.

Trabajaba como entrenador de fútbol, luego de haber intentado lucirse como jugador sin mucho éxito. Llevaba una vida normal con su esposa e hijos hasta que la guerra en Siria los tocó de cerca. Fueron amenazados, aguantaron bombardeos e incluso el mayor de sus hijos recibió una bala en la pierna izquierda. Se fueron del país hace un año.

Vivían con muchas necesidades en Mersin, una de las principales zonas de refugiados sirios al sur de Turquía. Sobrevivían con menos de 10 euros al día.

En vista de la dureza de las condiciones, el padre decidió coger también camino hacia Europa. Ya lo había hecho Mohammad Al Ghadabe, su hijo de 18 años, que había llegado a Alemania.

Se fue con Zaid y la esperanza de encontrar un lugar mejor donde se pudiera reunir luego toda la familia.

Avanzaron durante cerca de una semana y en la frontera con Hungría se unieron a los cientos de refugiados que rompieron el cordón policial que el mundo conoció luego de que un colega de Lászlo grabó la zancadilla que ella le puso a Mohsen y su hijo.

Después de la zancadilla

Todo el mundo la vio en repetidas ocasiones, pero durante algún tiempo no se volvió a saber del sirio y el pequeño. Poco a poco se fueron conociendo datos, gracias a los esfuerzos de periodistas como Martín Mucha, del diario El Mundo de España.

Después de la caída, la policía húngara los cogió, les tomó los datos y las huellas dactilares y los amenazó con encarcelarlos, pero al fin los dejó ir. “Zaid lloró durante dos horas”, contó Mohsen.

Pasaron a Viena y de ahí a Múnich, donde se reencontraron con el hijo que llevaba allí unos meses. "El viaje fue agotador y muy estresante. Muy difícil y peligroso. Mi hijo (Zaid) y yo pudimos morir durante el viaje a Europa", dijo a El Mundo. Habían transcurrido doce días desde que salieron de Turquía.

Su historia se conoció. La gente lanzó mensajes de apoyo. Incluso se impulsó una iniciativa que tendría lugar el 1 de noviembre en el estadio de Wembley, con el fin de conseguirle un trabajo en Europa.

Pero no fue necesario esperar tanto. Miguel Ángel Galán, director del Cenafe, se adelantó.

Envió a un joven jugador de fútbol, Mohamed Labrouzi, que podía hacer de intérprete, con la misión de regresar con Mohsen. El muchacho se encontró con Mucha y fueron a buscarlo “con la confianza de poder hacerlo, a pesar de que él no tenía ni pasaporte ni documentos oficiales”, según explica el periodista en El Mundo.

Y lo lograron. El miércoles partieron de Múnich en la madrugada y llegaron a Madrid pasada la medianoche.

Los esperaba un grupo de periodistas en la estación de Atocha. Había algarabía: ya se sabía que Getafe iba a ser su nuevo hogar. Mohsen, que no habla español, agradeció como pudo en inglés y dijo que quiere a todos los españoles. Lo llevaron luego a su nuevo hogar.

“Usamos dinero de nuestro presupuesto de publicidad para pagar”, explicó Galán y agregó que esperan traer al resto de la familia en una semana.

Después le ayudarán a solicitar el asilo y a aprender castellano. “Tan pronto como hable español, planeamos ofrecerle un trabajo en nuestra organización”, señaló.

No es el único apoyo que ha recibido. La alcaldesa de la localidad, Sara Hernández, también manifestó que “Getafe les prestará toda la atención que sea necesaria”. Agregó incluso que el equipo local explora la posibilidad de contratarlo como entrenador.

Petra perdió su trabajo de periodista por hacerle la zancadilla a Mohsen. Y él cayó hacia arriba: ya tiene varias posibilidades y una nueva vida.

JUANITA SAMPER OSPINA

PARA EL TIEMPO

MADRID

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