Albalú

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Albalucía Ángel siguió con la musa literaria atravesada en el corazón y la inteligencia.

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18 de septiembre 2015 , 07:35 p.m.

Ahora, muy cerca de los 80 años, su rebeldía sigue intacta. Más madura, más sideral. Carmen Balcells le dijo que no era ni poeta ni escritora, sino una cantante. Y en Europa cantó en los metros de Madrid, París y Londres, y fungió de cantante de rancheras para sobrevivir, para hallarles un rumbo a sus tormentosos deseos interiores. Alguien le dijo que su voz se parecía a la de Chavela Vargas, o la de Chavela a la de ella, porque nunca la había escuchado. Pero la literatura la encontró. Su primera novela la escribió en París; llovía y leía Crónicas marcianas, de Ray Bradbury; así nació Girasoles de invierno; la inspiró la lluvia y el extraño rumor del planeta rojo, y luego en Londres, bajo la influencia de los Beatles, de Let It Be, de John Lennon, y el embrujo de Lewis Carroll, escribió Dos veces Alicia, siempre trabajando simultáneamente la ficción y la realidad.

En Madrid, unos jovencitos ricos que robaban carros la lastimaron cruelmente. “Se va a caer como un pajarito”, le dijeron, y se vino a Colombia, a morirse, pero aquí la salvó José Gregorio Hernández, porque todo es cuestión de fe, y ella creyó, y el médium invisible le suturó la columna, y tuvo otra oportunidad en este peregrinaje, que tiene mucho de suerte y también de convicción; nacida en Pereira, pero ciudadana del mundo y las estrellas, Albalucía Ángel siguió con la musa literaria atravesada en el corazón y la inteligencia. A través de Enrique Santos Calderón, en EL TIEMPO, consiguió recortes de prensa alrededor del 9 de abril de 1948, habló con personas que vivieron ese fatídico día y regresó a Europa, donde en cuatro años escribió Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón, una novela sorprendente por su estructura, por su ritmo frenético, su lenguaje coloquial y su entramado polifónico que para la época (1975) era un síntoma de inusitado vanguardismo. La mandó a un concurso, cuyo jurado lo presidía Álvaro Mutis, y lo ganó. Se enteró cuando estaba por los bosques de Asís buscando una señal del poverello para enloquecerse definitivamente.

En una visita al país, un titular de prensa rezaba: ‘Pereirana desvirolada gana premio literario’. El machismo era arrasador y se fue para jamás volver. Cuarenta años después, la pájara ha regresado para volar libremente con su pensamiento, y sin atenuantes afirma: “Yo estaba amortajada, pero no muerta”. Alba de luz. Albalú.

Alfonso Carvajal

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