Amenaza climática presente

Amenaza climática presente

La solución a la amenaza climática es política. Es imperativo crear un organismo ambiental mundial.

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17 de septiembre 2015 , 04:16 p. m.

La alteración de los ciclos climáticos es evidente. Sus efectos progresivos, de no ser revertidos, amenazan toda expresión de vida en el planeta. La constante alteración y reducción de frecuencias de lluvia, como lo podemos constatar en los últimos años en diversas naciones, amenaza la producción de alimentos y la sostenibilidad de todas las especies.

La solución es política, exige tomar decisiones inmediatas y obligatorias para todas las naciones, puede ser, bajo el mando de un organismo ambiental mundial. La próxima cumbre climática, que tendrá lugar en diciembre del presente año, debería plantearlo, diseñarlo y programar su funcionamiento. A pesar de la complejidad, progresividad y proporciones de la encrucijada climática, es posible controlarla y revertirla, en corto y mediano plazo.

Hay identificadas causas concretas del ascenso de la temperatura media del planeta. La generación de gases de efecto invernadero son determinantes, pero pueden reducirse progresivamente si se cambian las fuentes de generación de energía. En el presente, el 86 % de la producción de energía global es de origen fósil (carbón, petróleo, gas natural). Son fuentes preferidas, por su alta rentabilidad y, al mismo tiempo, las mayores generadoras de gases de efecto invernadero.

El 40 % del consumo global de energía proviene del petróleo, y de esta, el 90 % lo consume el transporte vehicular. El consumo medio mundial de petróleo crudo es de 90 millones de barriles diarios.

Diversos diagnósticos del problema climático dan cuenta de que los países desarrollados y emergentes son los mayores responsables de la generación de gases de efecto invernadero, en particular CO y CO2 y, así mismo, los de mayor desarrollo de la industria automotriz y los más reacios a asumir compromisos para reducirlo, por no afectar la rentabilidad de sus industrias y su desarrollo.

La industria y el mercado automotor han alcanzado proporciones inéditas. Las predicciones señalan que, para el 2040, sobre el planeta circulará, en promedio, un vehículo por cada habitante (10.000 millones). Hoy, uno por cada siete.

El análisis y proyección de cifras del origen y tendencias del consumo de energía, hasta el presente, predicen resultados dramáticos. Las decisiones para la mitigación y reversión del problema están en manos de los gobiernos de todas las naciones del planeta, pero, en particular, de las de mayor desarrollo económico y tecnológico.

Los sorprendentes y vertiginosos adelantos de la ciencia y la tecnología permiten sustituir fuentes de energía, para todos los usos, que garanticen mínima o ninguna generación gases de efecto invernadero, que deduzcan la contaminación y decrecimiento de las fuentes de agua.

Los países de menor desarrollo, aunque no son, en su conjunto, los mayores generadores de las causas del problema climático, son los más vulnerables ante los efectos del problema. No obstante, también deben aportar proporcionalmente a sus condiciones económicofiscales mediante la innovación en generación de energía, uso del suelo, conservación y restitución del revestimiento vegetal de la tierra.

El ordenamiento técnico ecológico y el control del uso del suelo son responsabilidad específica de los correspondientes gobiernos. La ausencia o precariedad del ordenamiento es factor determinante del mal uso y manejo de los recursos naturales, reflejado en deforestación, erosión y desertificación de extensas áreas.

El evidente uso inadecuado de los recursos naturales es responsabilidad de los gobiernos, por deficiente institucionalidad, laxo ordenamiento legal y débil ejercicio de soberanía nacional.

Es imperativo crear un organismo ambiental mundial. Este debe definir, coordinar y vigilar la aplicación de un ordenamiento ambiental global, diseñado concretamente para mitigar y revertir las causas y efectos de la problemática climática global.

De no hacer nada, la encrucijada climática se agudizará e indefectiblemente comprometerá la sostenibilidad de la vida en la Tierra. La gravedad del problema no admite excusas ni espera.

Marcos Silva Martínez

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