Edulfo Martínez, el colombiano que peregrina descalzo

Edulfo Martínez, el colombiano que peregrina descalzo

Un atleta ibaguereño hace sin zapatos el camino de Santiago de Compostela.

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15 de septiembre 2015 , 06:33 p. m.

Cuando emprendas tu viaje a Itaca, pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temas a los lestrigones ni a los cíclopes, ni al colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Pareciera que Edulfo Martínez se rige por ese poema de Cavafis y que fuera precisamente el mantra que le da fuerza para caminar descalzo entre fango, piedras, carreteras.

Lleva 5 kilómetros de los 820 que quiere hacer sin zapatos, cuando habla por primera vez de Itaca, de las palabras de Fernando González en su Viaje a Pie y hasta de un verso inventado por él mismo: “En el camino dios nos guiará y nos dará fortaleza, por eso para llegar a la tumba del apóstol Santiago no nos faltará ni voluntad ni entereza”.

Al fondo van quedando la bruma de Los Pirineos franceses, los caballos, las ovejas y Saint Jean Pied de Port donde comenzó a peregrinar este ibaguereño, un atleta que tiene la marca de 1.118 kilómetros caminando descalzo en Colombia y ahora quiere lograrlo en el camino a Compostela.

Martínez es un hombre menudo, de pelo cano. Viste con tan poco que recuerda a algún monje tibetano. Una pantaloneta azul, un saco rosado, una mochila tan liviana como él y una bolsa que cuelga de ella con un libro que se alcanza a ver: 'Sultana', de Jean Sasson. Abajo, sus pies desnudos.

Esta es la segunda vez que hace descalzo el camino de Santiago. En la primera logró hacer cinco etapas, pero sus pies se dilataron, se debilitaron y tuvo que continuar con sandalias. “Nunca pienso en fracasos. Intentaré llegar hasta donde mis pies me den”, dice Martínez de 60 años, pero con aspecto más joven.

Se sumó al grupo de peregrinos colombianos buscando una habitación, un espacio en un pueblo atestado de peregrinos, 350 diarios según los registros, y se fue quedando con el grupo de 820 km de reconciliación hasta compartir la primera etapa, los exigentes primeros 25,8 kilómetros que hizo así, descalzo y sin quejarse. Eso sí, hablando, contando historias porque como dice Edulfo él no hizo votos de silencio, sino de bulla.

Martínez abrió los ojos cuando le dijeron la palabra reconciliación, cuando le contaron quiénes eran los peregrinos colombianos de este proyecto y no dudó en sumarse. “Entonces yo vengo siendo como la sociedad civil en este grupo donde hay personas de tantas orillas buscando la paz”, dijo.

Edulfo Martínez comenzó a caminar y correr descalzo hace 15 años. Su inspiración fue y sigue siendo el etíope Abebe Bikila, atleta que ganó oro en los olímpicos de Roma 1960, corriendo la maratón descalzo.

“Eso lo vi por televisión y dije: ¿será que se puede trotar descalzo? Y me lancé a probar solito”, cuenta Edulfo, quien también ha subido 13 veces a la Piedra del Peñol en Guatapé (Antioquia).

No es fácil, admite. “Quince años después los pies todavía se resienten, se chuzan, es que los pies pasan protegidos casi todo el día, entonces no es fácil adaptarlos”.

Martínez no explica en detalle por qué hace el camino. Es normal que los peregrinos cuenten algo, pero se guardan sus razones profundas para hacer el recorrido.

“La pregunta más reiterada de un peregrino a otro es por qué está haciendo el camino. El aspecto mío es el espiritual, el de la trascendencia. Soy discípulo de Buda, de Sócrates, de Platón, del mismo Cristo y a esto me ha llevado el trasegar por la vida”, explica.

Para él, el dolor le permite llegar un poco más allá. Por eso no se queja cuando se le incrusta una paja en la planta del pie o cuando debe descolgar por una pendiente repleta de rocas filosas. En su lugar pide ayudar a cargar algún morral o se devuelve un tramo para acompañar a un peregrino atrasado.

El “ángel descalzo del camino”, como lo bautizó Sofonías Ágreda, no se comunica en inglés y eso -dice- le dificulta la vida en el recorrido. “Además soy muy torpe. La vez pasada me perdí”, cuenta y saca de una bolsa transparente un pequeño celular, una “flecha”, del que llama a su hija para informarle cómo va. Ahí mismo guarda una libreta diminuta con números telefónicos y donde pide que le escriba en inglés cómo pedirle a otro peregrino que le envíe las fotos que le toman en el camino.

“Le agradezco al camino habérmelos encontrado. Antes, venía con aprehensión, pensaba devolverme, pero al oír una voz colombiana me animé y al encontrarme con este proceso tan hermoso dije: 'Esto solo es un bien para Colombia y me quedé con ustedes' ”.

“Yo estoy convencido de que si los máximos líderes que están involucrados en el conflicto hicieran el camino, al menos una etapa, nunca dispararían una arma”, remató Edulfo, una noche antes de despedirse con los ojos aguados y seguir hasta donde le den sus pies.

Dice adiós en la localidad española de Roncesvalles para continuar descalzo buscando su Itaca.

CATALINA OQUENDO B.

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