El primer centro de refugiados en Berlín está a tope

El primer centro de refugiados en Berlín está a tope

Primer albergue para refugiados que llegan a Alemania no había tenido tanta afluencia en 35 años.

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13 de septiembre 2015 , 10:45 p. m.

En la calle Motard, del barrio Siemens, noroccidente de Berlín, está el campo de refugiados más antiguo de la capital alemana convertido en epicentro de la administración de la crisis generada por la masiva llegada de refugiados a Alemania.

Es el Centro de recepción inicial de la Asociación de Asistencia Social para los trabajadores. Consiste en un complejo de seis gigantes contenedores que alberga hasta 500 personas.

Fue construido hace 35 años para acoger a los germanos de la antigua República Democrática Alemana que huían del territorio comunista. Allí dieron sus primeros pasos en el capitalismo como ciudadanos de la República Federal.

“Este centro siempre permaneció ocupado, pero nunca estuvo lleno” dice Manfred Novak, presidente de la Asociación de Asistencia Social para trabajadores, entidad sin ánimo de lucro que administra para el Estado este tipo de lugares.

Centro de refugiados en Spandau, Berlín el más antiguo de la capital. / Foto: Patricia Salazar.

En 1990, tras la caída del muro de Berlín y la reunificación de Alemania, el centro cerró sus puertas por seis años. En 1996 se produjo la llegada de refugiados de Kosovo y Bosnia.

“Se planeó que el centro funcionara un par de años más y luego fuera reemplazado por edificios. Pero nunca antes, como en la actualidad, este complejo había cumplido una función tan trascendental como lo hace ahora: ser hogar de paso y de distribución desde la capital del país hacía el resto de la ciudad y de Alemania de miles de refugiados” explica Jyoti Chakma, director del complejo.

Ya son 100.000 los refugiados que han pasado por este centro en los últimos 10 años, pero nunca había sucedido que más de 500 personas pasen la noche en él.

Lo anterior, porque este centro es el primer sitio al que son llevados los refugiados que llegan a Berlín. Luego de tres meses, los errantes son despachados a otros albergues en Alemania o a sus lugares de origen en caso de que su primera petición de refugio sea rechazada.

“Aquí es donde los perseguidos se pueden dejar caer por cansancio o agotamiento, sin temor a que los maltraten o los maten” dice Isadora Rangen, trabajadora social adscrita al albergue, miembro de un equipo de 32 funcionarios de nómina y 35 voluntarios que atienden en los idiomas alemán, árabe, turco y francés.

Durante nuestra visita, en el albergue había 502 refugiados, de ellos 175 menores de edad. La mayoría son de Siria, Irak, Albania y Afganistán.

Ante el agravamiento de la crisis migratoria hay un retraso en la toma de decisiones sobre el destino de los albergados.

Así, de los 502 residentes, 80 están desde hace más de cinco meses, una circunstancia que preocupa al director del centro, puesto que “todos los días, todas las noches llegan nuevas personas. Las traen varias entidades e incluso ya llegan por sí solas”, asegura.

No obstante el caos administrativo y la acumulación de dramas, en el centro hay orden, tranquilidad y limpieza sobresalientes.

“Tratamos de que las habitaciones sean ocupadas por personas de la misma nacionalidad y credo religioso. Las familias con niños obtienen una habitación para ellos solos. Acomodamos preferentemente a hombres y mujeres por separado” dice Rangen.

Por ser un centro de acopio y primer ingreso, los refugiados no pueden trabajar y deben ceñirse a una rutina de estricto cumplimiento. Los refugiados tienen libre la entrada y salida del centro desde las siete de la mañana hasta las siete de la noche. El aseo y la comida está a cargo del personal sanitario provisto por el Senado de Berlín.

Mientras los padres aprenden a desempeñarse en la burocracia germana para tratar de lograr el asilo, los niños en edad no escolar pasan el día en el contenedor número cinco, adecuado como jardín infantil, donde además de juegos aprenden a hablar alemán, y los que están en edad escolar son integrados al sistema escolar y asisten las escuelas públicas.

“No importa si salen mañana o en dos meses, los niños en edad escolar deben ir a la escuela”, dice Rangen.

PATRICIA SALAZAR FIGUEROA
Corresponsal de EL TIEMPO
Berlín.

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