Las heridas mentales del desplazamiento forzado

Las heridas mentales del desplazamiento forzado

Hace solo tres años existe un plan de recuperación emocional para las víctimas del conflicto.

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13 de septiembre 2015 , 05:56 p.m.

“No hay caminos cortos para curar las heridas y divisiones de una sociedad tras la violencia sostenida. Crear confianza entre viejos enemigos es un reto dificilísimo, pero esencial para abordar el proceso de una paz duradera. Examinar el pasado doloroso, conocerlo, entenderlo y, sobre todo, trascenderlo juntos es la mejor manera de garantizar que no pueda –ni deba– suceder de nuevo”.

Desmond Tutu, arzobispo que lideró la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, no pudo expresar en mejores palabras –tomadas del libro 'Reconciliación tras los conflictos violentos'– el mayor desafío de Colombia, se firmen o no los acuerdos de paz: la sanación de las heridas emocionales y de la salud mental dejadas por la guerra. (Lea también: 'Tres de cada diez desplazados están en pobreza extrema': Contraloría)

Es un reto enorme: más de 6’186.869 colombianos han guardado sufrimientos o lidiado con abandonos y desarraigos por ocho, diez o quince años tras haber sido desplazados por guerrilleros, paramilitares y por los enfrentamientos con la Fuerza Pública.

Muchos llevan a cuestas más de un hecho victimizante: han sido amenazados, secuestrados, víctimas de abuso sexual, torturados o han padecido y visto el asesinato de sus seres queridos. Más de 530.000 han declarado dos de estos hechos; otros 56.000, tres. Huyen cuando no ven otro camino.

“El desplazamiento rompe todos los vínculos, lo más profundo de la relación del ser humano con su realidad y la posibilidad del arraigo a un lugar, de tener una historia, una familia, una comunidad que lo vio crecer. Esa ruptura genera afectaciones emocionales y en la autonomía de las personas”, explica Paula Gaviria, directora de la Unidad de Víctimas. (Vea aquí: Crónica del retorno de una comunidad embera Katío a su tierra)

Cifras del sufrimiento

Hace casi cuatro años que la atención psicosocial de los sobrevivientes del conflicto se convirtió en política pública clave para la rehabilitación y la restitución de derechos, gracias a la Ley 1448 del 2011. En el 2012 se implementó y han atendido a unas 50.000 personas. Se ofrece a comunidades enteras, grupos e individuos. Todo depende de la oferta institucional de cada municipio y de la voluntad de los afectados para participar en las sesiones.

Pero falta mucho por hacer. Aunque durante el 2013 se registraron 816.475 víctimas del conflicto en el país (aproximadamente el 85 % son desplazados), solo 29.806 fueron atendidas por problemas de salud mental, según las cifras del 2013 y el 2014 (hasta septiembre), las más recientes del Ministerio de Salud.

Solo en Bogotá –donde hay 326.199 desplazados–, 2.478 recibieron atención en el 2013, aunque 15.716 llegaron a la capital. “Uno de los mayores efectos del conflicto es el sufrimiento. Tratarlo es tan importante como recuperar la tierra, tener casa o trabajo, porque fortalece a las personas, les da seguridad, autoestima y dignidad. Las hace sentir que no son culpables por lo que les pasó y que son parte de la solución”, explicó Gaviria.

Más de 6'186.869 colombianos han guardado sufrimientos o lidiado con abandonos y desarraigos por ocho, diez o quince años tras haber sido desplazados. / Foto: Natalia Gómez Carvajal / EL TIEMPO

Se creería que tanto dolor afectaría la salud mental y abriría la puerta a enfermedades como depresión, bipolaridad o esquizofrenia. Sorprendentemente, muy pocos las desarrollan. “Es equivocado pensar que todas las víctimas de desplazamiento forzado tienen alguna enfermedad. Muchas sufren, pero no todas tienen un cuadro clínico”, aclaró la psicóloga Lina Rondón, coordinadora del equipo de paz de la Unidad. (Lea: Unos 655 colombianos desplazados por choques entre grupo armado y Eln)

Según ella, el 30 % de los desplazados tienen sintomatologías menores y menos del 5 % las padece con un grado avanzado de complejidad. “El 100 % sufre o ha sufrido”, insistió.

Las mujeres son las más vulnerables: de los 29.806 diagnósticos clínicos hechos, el 66 % les correspondió a ellas, según el Ministerio. Los trastornos de ansiedad y los que se mezclan con la depresión son los más recurrentes: 6.526 mujeres y 1.983 hombres fueron diagnosticados.

Un tema poco analizado

Médicos sin Fronteras es la única organización que ha hecho un análisis reciente. Según su informe ‘Las heridas menos visibles: salud mental, violencia y conflicto armado en el sur de Colombia’, hay “síntomas relacionados con depresión y ansiedad o síntomas somáticos de origen psicológico. Aunque no todos los pacientes tuvieron un diagnóstico clínico, es evidente que todas las personas que han sufrido un evento violento de cualquier tipo presentan sintomatología relacionada con su salud mental”.

¿Cómo se manifiestan el dolor y la ansiedad? Con humor triste, preocupación constante, irritabilidad y, en menor proporción, con dolores en el cuerpo y miedo constante.

En el tercer renglón de diagnósticos del Ministerio está el autismo en la niñez, con 795 casos de hombres y 1.688 de mujeres. Pero en los diagnósticos complejos, como la esquizofrenia, la epilepsia y los trastornos afectivos bipolares, son menos frecuentes.

Nunca se ha hecho un censo sobre el tema; solo hay un estudio del 2003 –del entonces Ministerio de Protección Social– aplicado a 4.544 colombianos. Las conclusiones demuestran que la salud mental no es solo asunto de las víctimas. Le pasa a cualquiera: “8 de cada 20 colombianos, 3 de cada 20 y 1 de cada 14 presentaron trastornos psiquiátricos alguna vez en la vida, en los últimos 12 meses y en los últimos 30 días, respectivamente. Por tipo de trastorno, los más frecuentes fueron los de ansiedad (19,3 %), seguidos por los del estado de ánimo (15 %) y los de uso de sustancias (10,6 %)”.

Bogotá, la mayor receptora

“Una pareja de campesinos desplazados pagó alquiler por una habitación, el día que llegaron a Bogotá. Salieron, pero nunca encontraron el camino de regreso y perdieron el dinero”. Así explica María Isabel Urrutia –líder comunitaria y víctima del conflicto– cuán abrumadora es la capital para los recién llegados. (Lea también: El lento retorno de una desplazada a su tierra)

De 7,55 millones de víctimas en el país, 6,18 millones son desplazadas. Una población cercana a la de la isla de Manhattan, en Nueva York. El 5,27 % huyó hacia Bogotá, y eso la hace la mayor receptora del país: 326.199 almas, según la Unidad de Víctimas, aunque el Distrito da cuenta de 473.488. “Llegan muchos porque aquí tienen infraestructura de servicios, grandes almacenes, parques, institucionalidad”, explica Ana Teresa Bernal, alta consejera distrital para las víctimas.

Pero es un cambio feroz, todo se aprende de ceros: cómo coger el bus, cómo hallar empleo... muchos incluso tienen su primer contacto con un computador.

Lina Rondón, psicóloga de la Unidad de Víctimas, describe la confusión: “Es agresivo llegar a una ciudad en la que no te hablan, en la que el hurto está en todas partes y les dicen que se cuiden; donde no hay acceso a los alimentos y recetas tradicionales”.

Otro cambio es el rol económico. En su tierra, los hombres alimentaban a sus familias y las mujeres se quedaban en casa con los hijos, pero en la ciudad lo que ellas saben es más útil. “Muchos se separan, y eso está relacionado con la cultura patriarcal y el machismo”, señala Mariana Sáenz, coordinadora del equipo psicosocial de la Unidad de Víctimas.

Si se mira por ciudades, los oriundos de Buenaventura (Valle) son los más numerosos en Bogotá: hay 20.224. Por departamento, los tolimenses son la mayoría (47.813). Y por etnias, 62.000 son afros y unos 11.000, indígenas.

¿Dónde viven? No existe un censo, aunque en la base de datos solo se da cuenta de 145.943. La mayoría fue caracterizada en Ciudad Bolívar (26.258), Bosa (20.802), Kennedy (19.847), Suba (13.914) y Usme (11.053). Localidades en el sur y occidente con barrios difíciles. Según Bernal, la ciudad ha invertido $ 1 billón en las víctimas.

El diagnóstico

Entre julio y noviembre del 2014, el Distrito diagnosticó a 685 desplazados, y en el 2013 el Ministerio de Salud lo hizo con 2.478. Sus resultados difieren.

Por ejemplo, 180 de los diagnosticados por la ciudad padecían trastornos mentales y del comportamiento, debidos a las drogas (atendidos 483 veces). Otros 78 tuvieron reacciones graves al estrés y trastornos de adaptación (atendidos 184 veces) y 77 individuos sufrían trastornos de ansiedad (atendidos 106 veces).

Pero la mayoría de casos del Ministerio eran de autismo en la niñez (420 casos), seguidos por trastornos de ansiedad y depresión (331 casos) y otros trastornos de ansiedad (305 casos).

NATALIA GÓMEZ CARVAJAL
Subeditora EL TIEMPO
Twitter: @nataliagoca

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