Reina la confusión / Séptimo arte

Reina la confusión / Séptimo arte

La película ambientar una serie de acciones nostálgicas que pudieron ser mejor.

12 de septiembre 2015 , 10:03 p. m.

Ha vuelto el querido Peter Bogdanovich a la pantalla grande con Enredos en Broadway (She’s Funny That Way, 2014) luego de una pausa de trece años sin rodar un largometraje de ficción. Quien fuera uno de los realizadores más promisorios del nuevo Hollywood de los años setenta, con tres largometrajes –La última película, La chica terremoto y Luna de papel– que entre 1971 y 1973 hicieron historia, pasó después por una serie de fracasos artísticos y tragedias personales que convirtieron su carrera como director en una montaña rusa de altibajos, decepciones y promesas incumplidas.

Bogdanovich es apreciado ante todo por su labor como crítico e historiador de cine, además de ser un excelso escritor y entrevistador, con libros publicados sobre Orson Welles, Howard Hawks, Fritz Lang y Allan Dwan. Su cinefilia se ha trasladado íntegra a su cine en forma de homenajes, guiños y una devoción absoluta a los postulados narrativos y estilísticos del cine clásico, que, sin embargo, no son de fácil traslado al cine contemporáneo.

Bogdanovich se siente cómodo en el pasado del cine y eso es evidente en filmes como At Long Last Love y su celebración de los musicales de los años treinta; They All Laughed y esos parlamentos de Ben Gazzara como sacados de un filme de Bogart dirigido por Hawks, o en El maullido del gato, que nos contó una historia situada en el Hollywood de los años veinte.

Enredos en Broadway, cuyo guion fue escrito hace unos quince años, también es un filme con raíces en el pasado, en el cine de Ernest Lubitsch (al que cita explícitamente) y en el de Gregory La Cava, y que además tiene conexiones de tono con algunas comedias de Woody Allen. Esto lo convierte en un ejercicio de estilo elegantemente ejecutado, aunque con cierta tendencia al humor de ‘golpe y porrazo’ (slapstick), que Bogdanovich debería saber que ya no funciona bien. Lo demás es una cadena de encuentros fortuitos, conexiones personales y familiares algo forzadas y una confusión sentimental, con el telón de fondo del ensayo de una obra de Broadway.

El balance final es entretenido (la actuación de Kathryn Hahn me pareció una delicia), simpático y, ante todo, nostálgico. Se siente la nostalgia por otra manera de hacer y entender el cine. Se siente la nostalgia por un autor que merecía una mejor fortuna.

JUAN CARLOS GONZÁLEZ A.
Para EL TIEMPO

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