Perdidos en el laberinto del sistema de salud

Perdidos en el laberinto del sistema de salud

Un exsubdirector del Dane relata su experiencia frente al funcionamiento del sistema de salud.

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11 de septiembre 2015 , 07:43 p. m.

Hace tres años mi esposa falleció de cáncer. En diferentes ocasiones, incluso durante su enfermedad, pensé en varias versiones de este relato.

El contexto resulta absurdo. Mi esposa y yo éramos dos profesores universitarios, académicos, trabajadores formales, docentes reconocidos de dos reputadas universidades de Bogotá. Ahora, para mi dolor, somos objeto de los temas en que desarrollo mi actividad académica.

Les contaré mi experiencia matrimonial, en términos de la seguridad social. Mi EPS aún no registra mi unión marital, a pesar de que hice el registro de la misma, hace cuatro años. Entre otros temas, al parecer Guatagui y Guataquí son personas diferentes, con cédulas iguales. Mi esposa y yo éramos trabajadores asalariados; nuestros empleadores, fieles cotizantes. Las normas tributarias me exigieron crear una nueva cotización, como trabajador independiente, por mis actividades de consultoría. Cotizábamos por tres personas, y mi esposa recibió el servicio de una, el cual agradezco, pero que siempre me despertará la inquietud de qué se podría haber hecho con los recursos de las otras dos cotizaciones. Al momento de exigir el servicio de salud al que mi esposa tenía derecho, el hecho de que cotizáramos por tres personas, a un sistema de aseguramiento en salud, no hizo diferencia, la cual habría sido posible si destináramos esos recursos a pagar medicina prepagada.

Estas múltiples identidades tributarias, esos respetuosos aportes tributarios, cumplidos como ciudadanos por la sufrida unidad existencial, legal y tributaria que éramos como pareja, hicieron que mi esposa me preguntara en ocasiones qué sabía o hacía yo al respecto. Nunca pude responderle con actos, solo con palabras, al decirle que la política social era sensible y la política fiscal era insensible. Pienso ahora, ejecutada por personas que solo saben recaudar, pero no les importa en qué se gastan lo que recaudan.

Hoy, aún soy dos personas tributarias, pagando aportes por salud, pensiones, riesgos laborales, sin que ello implique mejora alguna en mi bienestar, y sin poder aún responder la pregunta que me planteó mi esposa.

Y desde aquí, a tres años de su muerte, he decidido finalmente escribir esta nota.

JUAN CARLOS GUATAQUÍ
Especial para EL TIEMPO

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