Editorial: Un 'tres pelado'

Editorial: Un 'tres pelado'

En un contexto regional cada vez más oscuro, el crecimiento de la economía colombiana es aceptable.

10 de septiembre 2015 , 07:24 p. m.

Todo depende del contexto en que se ubique. Hace 12 meses, un dato como el que reportó el Dane este jueves, con respecto al crecimiento de la economía colombiana entre abril y junio del 2015, habría sido recibido con cajas destempladas. Pero ahora, en medio de los vientos que soplan en contra de la región, la cifra fue aceptada como algo positivo.

La razón es que el incremento del 3 por ciento en el Producto Interno Bruto del segundo trimestre se compara bien con el observado en las naciones de América Latina que tienen un tamaño equivalente o superior. En el acumulado del semestre somos los que vamos mejor, por encima de Perú, Chile, México, Argentina, Brasil y Venezuela.

Lo anterior les servirá a algunos para recordar aquel refrán según el cual ‘mal de muchos, consuelo de tontos’. Sin embargo, reconociendo que la situación no está para hacer ferias y fiestas, es destacable que superemos con creces el promedio regional anual, calculado por el Fondo Monetario en 0,5 por ciento.

El golpe que significó el desplome en los precios del petróleo y otros bienes primarios fue muy fuerte. El impacto no solo se siente en el comercio exterior, sino en la inversión y en el ánimo de los consumidores. Al mismo tiempo, la salud de las finanzas públicas se ha resentido, con lo cual el gasto estatal ya no es el salvavidas de antes.

Aun así, Colombia tiene sectores que sacan la cara. El caso más sobresaliente es el de la construcción, cuya expansión trimestral alcanzó el 8,7 por ciento, gracias al vigor de la actividad edificadora y al de las obras civiles, que incluyen programas de desarrollo de la infraestructura. Todo indica que, si los ambiciosos planes que hay se concretan más temprano que tarde, esta será la locomotora que tire de los demás vagones durante un tiempo largo.

Puede sonar raro que a la minería y el petróleo les haya ido relativamente bien, justo cuando las cotizaciones internacionales dicen otra cosa. Sin embargo, más de uno olvida que entre abril y mayo del 2014 el bombeo de crudo por un oleoducto clave estuvo suspendido, mientras que esta vez se logró superar la meta del millón de barriles.

Con todo, es incuestionable que hay una desaceleración en marcha. El comercio anda, pero menos que antes, principalmente por las ventas reducidas de vehículos. La salud de los establecimientos financieros también es buena, aunque los servicios prestados a las empresas experimentaron un retroceso.

Por otra parte, la agricultura tuvo su salvación en el café, que otra vez vuelve a ser el capítulo de mostrar. Es inquietante registrar que los cultivos permanentes y los transitorios no levantan cabeza, como tampoco lo hace la ganadería.

Pero, sin duda, el mayor campanazo de alerta es el de la industria, que continúa en rojo. En contra de lo que se pensaba, la devaluación del peso no ayudó a aliviar los males del ramo manufacturero, que sigue esperando un reverdecimiento que no llega.

Ciertos analistas confían en que el capítulo fabril se comporte mejor este semestre. No obstante, la impresión general es que la velocidad de la economía será muy similar, porque la máquina no da más. El cambio en las condiciones en que nos movemos ha sido tan radical que nos toca consolarnos, como a ciertos estudiantes que pasan el curso, con un ‘tres pelado’. Pero al menos vamos aprobando la materia.

editorial@eltiempo.com

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