Editorial: Imitar a Medellín

Editorial: Imitar a Medellín

En otros lugares, las disputas políticas impiden mostrar avances como los de la capital paisa.

06 de septiembre 2015 , 08:50 p. m.

Era percepción, decían algunos entonces, pero las cifras les daban la razón a los más pesimistas. En sus días más oscuros, aquellos del apogeo de la guerra que Pablo Escobar les declaró al Estado y a la sociedad, Medellín fue una de las ciudades más violentas del mundo, con 7.273 homicidios al año. Azote que después continuó con sus distintos herederos, entre ellos los grupos paramilitares, los temibles ‘combos’ y las milicias urbanas.

Es prematuro decir que ha llegado el momento de pasar la página. Todavía subsisten serios problemas de seguridad, como el de la extorsión y el de las disputas por el control de territorios, así como los originados por el microtráfico de drogas.

Pero hay razones para decir que, a pesar de los retos que subsisten, los pasos dados en el campo de la seguridad urbana, en particular el de la reducción de la violencia homicida, merecen un reconocimiento. Tal y como lo registró un artículo publicado ayer por este diario, hoy la capital de Antioquia muestra una tendencia a la baja en este tipo de crímenes que llama la atención de quienes hacen seguimiento a estos datos. Y con razón, pues de los 266 homicidios por cada cien mil habitantes de 1991, el año pasado esta cifra fue de apenas 26.

Desde luego que sigue siendo alta, pero da cuenta de un avance significativo, resultado de por lo menos cinco factores, entre los que sobresalen el trabajo en equipo de las diferentes instituciones relacionadas con el asunto, el acceso a tecnología de punta y su óptima utilización, así como las labores de inteligencia.

No es nada nuevo. Incluso, podría decirse que recurrir a estas herramientas es una cuestión de sentido común. Desafortunadamente este, como reza el adagio, no siempre es el más común de los sentidos. En otros lugares, los egos, las disputas políticas, la corrupción, la negligencia y la excesiva ideologización de asuntos que exigen decisiones prácticas impiden mostrar avances como los de la capital paisa.

Superar esos escollos, tan absurdos como frecuentes, es sin duda la principal lección de esta experiencia exitosa de la que todas las ciudades del país deben tomar atenta nota.

EDITORIAL
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