La paz de Colombia, en jaque

La paz de Colombia, en jaque

Los países acompañantes debilitan la capacidad negociadora de Colombia; en Cuba y otros frentes.

05 de septiembre 2015 , 06:34 p. m.

“La paz era mi fin, pero de ninguna manera mi ídolo;

hasta la misma palabra ideal me desagradaría,

por demasiado alejada de lo real”.

Adriano

Estoy convencido de que hay un error estratégico estructural en el proceso de negociación de la paz y en su utilización tanto interna como externa. Parecería que a Colombia y al Gobierno se les está configurando “la tormenta perfecta”. No solo en el proceso mismo, sino en otros frentes, pues actores directamente involucrados están atentando sistemática y coordinadamente contra la estabilidad institucional, territorial, social y económica de Colombia. Estamos cercados por vecinos hostiles. Veamos.

Luego de cuatro años y medio de negociaciones y contra el entusiasmo de la Comisión de Paz sobre los avances en el proceso, los hechos señalan que las Farc, además de no aceptar puntos neurálgicos, han logrado recuperar en La Habana lo que habían perdido en el campo de batalla y con la dilatación estratégica del proceso, parte de los países acompañantes están jugando un papel perverso.

Las Farc no han aceptado la entrega de las armas, ni la desmovilización y tampoco la normatividad internacional, descalificando los tratados vigentes sobre delitos de lesa humanidad, “(…) las actuaciones realizadas por los rebeldes en aras de alcanzar sus legítimos objetivos deben ser tratadas como delitos políticos y como tal amnistiadas” (Carta de ‘Iván Márquez’ a Acore, 2/8/2015).

No aceptan ninguna derrota, ni debilitamiento, y menos aún rendición. Es más, sostienen que la negociación es de igual a igual. Mientras que las fuentes oficiales sostienen que se pasó de 28.500 guerrilleros a 8.500. Y fue aniquilada buena parte de su dirigencia nacional y regional, con más de 65 jefes de frente muertos.

Además, han incrementado y minado los cultivos ilícitos de 48.000 hectáreas a 69.000, solo en el 2014. (Simci, UNODC, 2015). Y han reclutado 548 menores de edad entre enero y junio de 2015, ¡cuando en febrero se habían comprometido a no hacerlo! (Sergio Arboleda, La Noche, 6/7/2015).

En medio de este baile, Venezuela trata de estrangular a Colombia cada mes. Con un decreto extiende los límites de sus fronteras; con otro, ordena el cierre de las mismas, creando una crisis política, social, humanitaria y económica de grandes proporciones.

Restringe el suministro de gasolina. Suspende casi la totalidad de las compras a Colombia. Instiga, con éxito, a Unasur para que condene a Colombia por un supuesto complot paramilitar. Da albergue y ayuda estratégica a la estadía y transporte de guerrilleros y mercancías (¿droga?, ¿dólares? ¿armas?).

Con respecto a Cuba, quedaron grandes dudas sobre la compra de armas por parte de las Farc. (Cargamento de armas a Barranquilla y Cartagena, barco chino, 3/2015). Supuestamente iban para allá. Cuba ha sido un aliado de las Farc.

En momentos álgidos, Nicaragua, que no es país acompañante, concertadamente con Venezuela, Cuba y las Farc, ofrece asilo político activo a su dirigencia, reclama periódicamente hacer efectivo el fallo de La Haya, demanda por segunda y tercera vez a Colombia, amenaza hacer efectivos los compromisos de explotación petrolera en las áreas en disputa. El caso de Noruega es complejo, luego de haber permitido por años la presencia de las Farc allá.

¿Qué hacer? Dar las gracias a los países acompañantes, suspender los diálogos, y levantar la mesa de La Habana y replantear la estrategia. Retirarse de Unasur. Nunca ha sido claro qué hacemos allí. Concentrarse en la problemática fronteriza, en la reorganización y fortalecimiento de las Fuerzas Militares y en la difícil coyuntura por la que atravesamos. Así, se rompería, en parte, el nudo gordiano.

En conclusión, los países acompañantes y sus aliados, con excepción de Chile, han debilitado la capacidad negociadora del Gobierno de Colombia, tanto dentro de la mesa de La Habana como en otros frentes estratégicos del país. ¡Es la continuación perfecta de todas las formas de lucha!

JORGE BUSTAMANTE

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