Perro mundo

Como en los tiempos bíblicos, unos nacen en la tierra prometida y otros están obligados a buscarla.

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04 de septiembre 2015 , 06:19 p. m.

En este planeta Tierra, con más de 7.300 millones de habitantes, el forzado desplazamiento de las familias es una tragedia universal. Huyéndole a la violencia que padecen tantos países, el éxodo de seres humanos es constante. Buscando un mejor futuro, porque en sus lugares de origen no encuentran oportunidades, es mucha la gente que se desplaza. En esos casos, son sus penosas circunstancias las que los obligan a desplazarse. Pero también hay trágicos desplazamientos forzados por arbitrarias e injustas decisiones de mandatarios antidemocráticos, tirando a tiranos. Como en los tiempos bíblicos, unos viven en la tierra prometida y otros están obligados a buscarla.

En Asia, por ejemplo, mientras el Estado Islámico, integrado por terroristas de Siria e Irak, asesina sin contemplaciones y destroza cuanto tesoro o joya arquitectónicas encuentra a su paso, ciudadanos de esos países, obligados a huir de la violencia, se apretujan en estaciones de Hungría, país que les niega el ingreso, mientras encuentran cómo llegar a Alemania, en donde la generosa acogida a miles de refugiados empieza a regularse.

De África, en donde abundan la pobreza y la inseguridad, las familias huyen desesperadas buscando refugio en algún país europeo. En la aventura de cruzar el Mediterráneo en frágiles embarcaciones, muchas veces estas colapsan antes de llegar, por exceso de pasajeros. Hallar en una carretera de Austria un camión con 78 víctimas congeladas es otra fase de la tragedia de los desplazados. Y nada más doloroso que la imagen del niño muerto a la orilla del mar. Cae de la barca cuando su familia huye de Turquía.

En esta región, la procesión va por dentro. En Colombia es dramática la situación de los compatriotas desplazados de Venezuela por Maduro y sus secuaces. Emulando al Hitler que marcó las casas de los judíos a los que luego torturó en campos de concentración, Maduro hizo marcar las casas de los colombianos: D: demoler, R: revisar. Las demoliciones se dieron y a sus habitantes los echaron como perros. Esbirros de la Guardia Nacional, igual que las SS nazis, fueron duros, crueles, arbitrarios. Los golpearon a todos, incluidos niños y mujeres. Dividieron las familias e impidieron que sacaran todos sus enseres. Tanto horror lo vio el mundo por TV, y se conmovió. Pero la Canciller de Venezuela, reunida en Cartagena con la canciller Holguín, tuvo la desfachatez de decir que ¡todo era un montaje de los medios de comunicación!

En la ONU y en la OEA, la tragedia de los deportados no obtuvo gran atención. La reunión de cancilleres, propuesta por Colombia, se hundió en la OEA, con 16 votos a favor, que se agradecen, pues Panamá, voto útil para el consenso, escurrió el bulto. Su voto lo compró Maduro. Le ofreció a Panamá cancelarle deudas pendientes. El voto negativo de Brasil no nos extraña: lo ordenó Dilma Rousseff, cuya gestión desaprueba el 98 por ciento de los brasileros. En otra parte, fue una verdadera vergüenza el papel de Ernesto Samper, delegado de Colombia en Unasur. Sin tener en cuenta el trato afrentoso a los colombianos, apoyó a Maduro.

Venezuela, con inflación de tres dígitos y tiendas desabastecidas hasta de papel higiénico, está en la olla. Y Maduro, para tapar su incompetencia, cogió a Colombia de chivo expiatorio. La culpa de la crisis interna del país y de tramar en Bogotá su asesinato. De remate, armó la gresca en la frontera. Toda una paranoia a ver si envolata las elecciones de diciembre. Le teme al posible triunfo de la oposición.

El presidente Santos, tras su sentida alocución, elogiada hasta por el senador Uribe, tendrá que reconocer que le salió mal retar a la audiencia llamando “mi mejor amigo” a Maduro. Y que, por darles a todos contentillo, no le resultó bien apoyar a Ernesto Samper para representar a Colombia en Unasur.


Lucy Nieto de Samper
lucynietods@gmail.com

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