Anacronismo limítrofe

Anacronismo limítrofe

Los refugiados rompen la costura nacional, propiciando multinacionalidad y supranacionalidad.

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04 de septiembre 2015 , 04:47 p. m.

La globalidad impone una sociedad sin frontera, espacio común. La ONU y su predecesora, la Liga de las Naciones, fueron con base en federación nacional en que cada Estado defiende lo suyo. La Comunidad Europea tiende ya a la supranacionalidad donde en vez de límite hay institucionalidad de ese tipo y tránsito libre, hoy probados por destierro o rebusque migratorio que la tecnocracia encubre bajo el apelativo vergonzante de subempleo. “La crisis migratoria golpea el corazón de Europa”, titula TIME un informe sobre cómo Estados nacionales son inundados por el aluvión por desarreglo socioeconómico y bélico; “más que construir murallas, los políticos deben mirar causas de fondo”, dice la revista, como sería que abundancia y tranquilidad atraen escasez y zozobra, que cuatro guerras espantan en Oriente Próximo o que la desesperanza expatria Latinoamérica a EE. UU., ya tópico en su política y ahora en su campaña, expuesto a exaltación xenofóbica.

Mientras Gran Bretaña pide acción enérgica, Francia y Alemania –imán migratorio obvio– proponen un plan consensuado para reparto según población e ingreso, más diplomacia y ayuda a países originarios de refugiados, trato bilateral que involucra el pasado de Europa con el derecho de gentes, elemento fundacional comunitario. Felipe González dirige una carta a Cataluña sobre el despropósito de armar otra nación. El punto fronterizo ya es geopolítico, sujeto de razón y cooperación, no de arbitrariedad como la de Venezuela, apoyada por la rezagada izquierda latinoamericana.

Trabajo, comercio, finanza, motores reales, más que retórica burocrática de organismos internacionales reductos de nacionalismo anacrónico, más desorganización concomitante socioeconómica, desarraigan gentes que por desespero o pavor exigen a la globalidad autoridad de esa índole que regule daños de su evolución. Cualquier iniciativa comunitaria añade supranacionalidad a la actualización democrática, teniendo en contra reacción extremista adversa a inmigración y pluralidad religiosa y cultural, también del llamado euroescepticismo, especialmente en Inglaterra, o de lo que el excanciller Kohl llama euroesclerosis ante “cuestión de supervivencia”. La diplomacia, como expresión política, cuenta con jurisdicciones, tratados, asociaciones, con legalidad humanitaria, con organismos mundiales como la ONU y sus agencias, no obstante la impotencia de algunas como OMC o OEA, desbordados negocios sin nación, vigente belicismo, desorden financiero, comercial, campantes droga, armamentismo, contrabando.

La utopía la genera la realidad, la fronteriza colombo-venezolana está más allá de manejo policivo; lo inmediato, el horror humanitario en esta creciente de un fenómeno viejo en manos de la insensatez extrema de deportación o murallas en varias partes entre “ellos y ‘nosotros’, detrás siempre el cobro de la deformidad económica, exacerbación de traumas, sublimación fanática de etnias y creencias, totalitarismo, siendo lo factible legalidad universal todavía embrionaria que ponga al día el nacionalismo, duelo por ahora disparejo.


Jorge Restrepo

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