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Chapete, el caricaturista que enfrentó al régimen

Chapete, el caricaturista que enfrentó al régimen

El humor fue el arma más poderosa de Hernando Turriago Riaño contra la dictadura de Rojas Pinilla.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
02 de septiembre 2015 , 07:52 p. m.

Hace 60 años, en una de las épocas más difíciles para la libertad de prensa en Colombia, cuando el contenido publicado en los medios era controlado y vigilado por un censor, emergió como un gran protagonista el caricaturista Hernando Turriago Riaño, mejor conocido como Chapete.

A través del dibujo, la crítica, la sátira y el humor, se convirtió en uno de los más agudos críticos del entonces dictador Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957).

Chapete lo llamaba ‘Gurropín’ y, tras su caída, el 10 de mayo de 1957, buscó la manera de ridiculizarlo. Lo dibujó de paseo en las islas Canarias, como un viajero más y en ropa de playa, como terrateniente y sin ningún poder. (Vea la galería: Algunas caricaturas con las que 'Chapete' enfrentó la dictadura)

Turriago nació en Bogotá el 3 de febrero de 1923 y formó parte del grupo de caricaturistas de la ‘gran prensa’, que defendían las políticas del Frente Nacional, época en la que los partidos Liberal y Conservador se repartieron el poder por cada cuatro años.

Chapete luchaba contra la represión, el bloqueo a las protestas estudiantiles, la corrupción, las multas injustificadas y el cierre de periódicos por censura. Por ello no perdía oportunidad para resaltar a los personajes o gremios que llevaron a la caída de Rojas Pinilla

El 3 agosto de 1955, cuando la dictadura ordenó el cierre de EL TIEMPO, por no realizar la rectificación de una noticia en la que se exponía que la muerte de un periodista se había dado como consecuencia de la violencia política del régimen de Rojas, Chapete dibujó a un hombre de barba blanca con toga que hacía una venia y decía: “Respetado público, unos momentos de intermedio”, haciendo referencia a la publicación alterna que sacó este diario y que circuló desde el 22 de febrero de 1956 hasta el 7 de junio de 1957, con el nombre de Intermedio.

El 7 junio de 1957, cuando comienza a circular de nuevo EL TIEMPO, 'Chapete' dibuja un hombre con barba blanca que hacía una venia.

37 años de humor

Chapete, seudónimo que se le dio por su parecido con uno de los personajes de Pinocho, trabajó en EL TIEMPO durante 37 años, desde el 3 de marzo de 1944 hasta 1981. Él publicaba en la sección de opinión ‘Domingo a domingo’, en la que dibujaba, en cinco viñetas, los temas más importantes de la época.

La primera caricatura que realizó fue el 3 marzo de 1944, llamada ‘El menú diario’, sobre el proceso que se seguía por la muerte de Mamatoco, el boxeador Francisco Pérez. Chapete dibujó una señora con un pollo asado y un letrero que decía: “Mamatoco frito, asado, al horno, con calumnia, con llantas (…)”, y hacía referencia a la poca atención del Gobierno en el caso.

La primera caricatura que realizó para EL TIEMPO fue el 3 marzo de 1944, llamada 'El menú diario', sobre el caso que se adelantaba por la muerte de Mamatoco, el boxeador Francisco Pérez.

Chapete era un caricaturista político liberal. Era bajito, de contextura gruesa y un hombre que cuidaba muy bien su bigote. Su jornada empezaba desde las cuatro de la mañana, según recuerda Teresita Turriago, la quinta de los once hijos que tuvo Chapete junto con la también bogotana Blanca Posada. “Él leía el periódico desde muy temprano; desde allí nacían las ideas que serían plasmadas en su próxima edición”.

Chapete tuvo una extensa familia. Estuvo casado con su única y fiel esposa, quien murió hace seis años. De ese hogar nacieron once hijos: Hernando, Alejandro, Camilo, Juan David, Teresita, Diego, Pilar, Juanita, Daniel Enrique, Marcela y Mauricio.

Entre varias de las anécdotas que conserva Teresita de su padre, como el viajar por horas en tren, visitar las fincas donde eran invitados por campesinos y acompañarlo a las entrevistas, la que más le llena de alegría es recordar la primera vez que ingresó a las instalaciones de EL TIEMPO cuando tan solo tenía 12 años. “Éramos muy felices.Nos agarraba de la mano y nos llevaba hasta la redacción del periódico. En su escritorio había una mesa que se doblaba, su tinta china, lápices, periódicos y muchas caricaturas”, recordó Teresita.

A Chapete nunca le importó el dinero y hasta el final de sus días fue respetado y aclamado por los campesinos, quienes le daban obsequios en huevos, leche y hospedaje en fincas. Él les dedicaba gran parte de sus caricaturas a los campesinos y creó el personaje de José Dolores para representar al pueblo colombiano.

Incluso, pese a ser perseguido por la Policía y por contradictores, nunca le tembló la mano para enfrentarse a la oposición.

Chapete fue amenazado y estuvo en el exilio durante un año en Nueva York. Según relata su hija Teresita, todo se dio luego de que durante el gobierno de Rojas Pinilla le dijeron que no siguiera “sacando caricaturas con ese tono” porque le iban a “mandar a cortar las manos”.

Para ese momento, Chapete estaba recién casado con Blanca, con quien viajó a Nueva York. Allí trabajó en diarios y le ofrecieron que se quedara en ese país, pero su esposa le pidió que regresaran para estar cerca de su familia.

El 9 de marzo de 1960 representa a Fidel Castro recorriendo el camino de Gurropín.

Un gran legado

Chapete dio a conocer su talento desde muy joven, cuando fundó el periódico El Tábano para caricaturizar a sus profesores y compañeros de colegio. De este lugar, según cuentan, lo expulsaron por sus continuas burlas a un profesor de química.

Su trabajo fue reconocido a nivel nacional e internacional. En 1956 recibió el premio Mergenthaler por su defensa a la libertad de prensa.

El caricaturista José Mauricio López, Pepón, quien compartió los últimos años con Chapete, recuerda que la mayoría de las tardes se encontraban junto con otros periodistas, artistas, políticos e intelectuales en el café El Automático, ubicado muy cerca de la sede de EL TIEMPO, en el centro de Bogotá. En este lugar, dice Pepón, compartieron tertulia con el poeta y escritor León de Greiff y otros artistas, como Fernando Botero y Alejandro Obregón.

El Automático funcionaba como un restaurante y, en algunas ocasiones, se realizaban exposiciones de pintura. “Hablábamos del tema político del día y nos tomábamos un par de tragos”, señala Pepón.

En una entrevista a 'Diners', Chapete confesó que gran parte de la inspiración de las caricaturas que realizaba provenían de las charlas callejeras y de las tertulias en El Automático. “La caricatura era el camino para que la gente conociera lo que había detrás de cada político”, decía.

Hernando Turriago Riago 'Chapete', caricaturista de EL TIEMPO.

Julio César González, Matador, caricaturista de EL TIEMPO, afirma que lo majestuoso de Chapete fue dar un toque de humor a temas políticos que preocupaban a la ciudadanía. “El humor libera la crítica, personaliza y hace más fácil digerir lo que sucede”.

La primera vez que Matador se cruzó con una caricatura de Chapete fue de niño, cuando ojeaba periódicos. Con los años, cuenta, fue un referente de la caricatura en la academia y en su trabajo.

El también caricaturista colombiano Vladimir Flórez, Vladdo, rescata de Chapete el trazo limpio y el dibujo impecable. “Cuando era niño vi algunos de sus dibujos. Tenía el sueño de publicar en las páginas editoriales de un periódico y me aficioné por la caricatura política”.

Vladdo afirma que Chapete jugó un papel muy importante en la historia porque, aun viviendo en un régimen que perseguía a los periodistas, logró marcar su posición.

“El caricaturista político es otro columnista en los periódicos que, por la condición misma de la lectura, es más llamativo para el lector porque sintetiza escenarios que son complejos. Tiene una cierta licencia para fastidiar, molestar y criticar, cosa que no tienen los demás”, afirma Vladdo.

Pepón, Matador y Vladdo recalcan que durante la época de Chapete no se podía hablar de la Iglesia ni de la sexualidad con la misma libertad que hoy. Y que incluso realizar un dibujo contra el partido de turno era muy difícil, ya que los periódicos estaban muy marcados políticamente e influían en la elección del candidato presidencial.

Marta Liliana Pinto, docente del área cultural de la Universidad Pontificia Bolivariana y una de las personas que más conoce sobre Chapete, pues su tesis de maestría estuvo enfocada en el análisis de 2.500 dibujos que él publicó, afirma que la importancia de este caricaturista radica en que “aprovechó la situación para revelar, resaltar y criticar por medio de su trabajo la relación del general Rojas Pinilla con los otros dictadores durante su presidencia”.

Para Pinto, una de las caricaturas de Chapete que resalta la pelea entre los estudiantes y el Gobierno es la publicada el 10 de mayo de 1957, en la que aparecen unos jóvenes con libros en su brazo derecho y con una bandera de Colombia. “El joven está frente a la tumba de los estudiantes de la Universidad Nacional caídos en la matanza del 8 y 9 de junio de 1954, pocos días antes de celebrar el primer año de gobierno de Rojas”, describe Pinto.

Una vez oficializada la salida de Rojas Pinilla, el 10 de mayo de 1957, 'Chapete' realizó varias caricaturas en contra del régimen y a favor de su terminación.

Mientras sus once hijos, doce nietos y allegados a este famoso e influyente caricaturista lo recuerdan con orgullo, en la academia y para quienes aman este arte, su nombre es y será ejemplo de cómo representar la lucha del pueblo por los derechos. Su familia decidió, en el 2003, donar 244 caricaturas del artista al Museo Nacional de Colombia.

Hoy, 18 años después de la muerte de Chapete, registrada el 21 de julio de 1997, quienes ven sus caricaturas resaltan el trazo impecable y el manejo de la pluma.

Y aunque los dibujos estuvieron pensados para acontecimientos de los turbulentos años 50 y 60, el contexto parece ser el mismo: un país que lucha contra la corrupción, los derechos de los estudiantes, la seguridad y por la libertad de prensa.

ANGY ALVARADO RODRÍGUEZ
Redactora de ELTIEMPO.COM
Twitter: @angyalvarador

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