Las posibilidades que tiene Colombia luego del revés sufrido en la OEA

Las posibilidades que tiene Colombia luego del revés sufrido en la OEA

Colombia evalúa si se justifica ir a cita de Unasur para analizar crisis con Venezuela.

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31 de agosto 2015 , 10:13 p. m.

Si bien Colombia no alcanzó este lunes los votos necesarios en la Organización de Estados Americanos (OEA) para citar a los cancilleres del continente y analizar la dura crisis fronteriza que se vive con Venezuela, sí logró su objetivo de visibilizar ante la comunidad internacional esta problemática humanitaria y que la región ponga sus ojos sobre la situación.

Un voto con el que en principio se contaba, pero que finalmente se convirtió en una abstención fue el de Panamá, país que ofreció su territorio para una cita bilateral entre los gobiernos de Caracas y Bogotá para subsanar la crisis desatada por el cierre de la frontera. De hecho, Colombia reconoció que esa decisión fue una sorpresa.

Panamá ya se había expresado favorablemente en torno a la posición de Colombia, pero en horas de la tarde se dio un diálogo entre ese país y el presidente Nicolás Maduro, lo que hizo cambiar su postura.

La delegación diplomática colombiana ante la OEA –conformada por 35 naciones– logró el respaldo de 17 países, pero necesitaba de 18 para que se cumpliera su propósito de que se convocara a una cumbre de cancilleres para abordar la crisis; 5 estados se pronunciaron negativamente, otros 11 se abstuvieron de sentar posición y hubo uno ausente.

El presidente Juan Manuel Santos, previendo este escenario adverso, dijo en la tarde que “si la OEA llega a fracasar en gestiones que los países le ponen por delante, como por ejemplo en esta situación que tenemos con Venezuela, eso es culpa de los países que la conforman”.

Eso sí –y por eso Colombia destacó lo logrado en la sesión de este lunes–, todo el continente se pronunció a favor del diálogo binacional –en otro escenario diferente– y se expresó de alguna manera sobre una problemática que ya deja 9.800 colombianos qu retornaron voluntariamente desde el país vecino y a otros 1.097 deportados. Este martes se completan 13 días del cierre de la frontera.

“Hemos obtenido la mayoría, mas no fue suficiente”, reconoció el embajador de Colombia en la OEA, Andrés González. Y anunció: “Vamos a continuar en nuestros planteamientos para ahondar en los argumentos que nos asisten”.

Esta tesis la refrendó la canciller María Ángela Holguín, quien destacó que Colombia logró dar el debate a nivel de embajadores y exponer el tema por más de cuatro horas ante la región.

“El que perdió fue el continente y también la OEA por no hacer un debate tan importante”, enfatizó la Canciller, quien dijo que esto abre el diálogo sobre “para qué está la OEA y por qué no es capaz de hacer un foro por la violación de derechos humanos”.

Este mismo lunes en la noche, tras la decisión que por votación adoptó el Consejo Permanente de la OEA, se conoció el aplazamiento de la cita que había convocado la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) para este jueves con el mismo propósito. No hay nueva fecha.

Ese panorama motivó a Colombia a plantearse si es necesario insistir en esa cita de la Unasur y en analizar otros caminos diplomáticos. Holguín informó que instruyó a la embajadora ante Naciones Unidas, María Emma Mejía, para que busque un diálogo con la oficina del secretario general de ese organismo para tratar el tema.

“Esto ha sido un atropello tan grande que Colombia no puede quedarse con una simple negativa a la reunión de cancilleres”, enfatizó la Canciller.

Así las cosas, sin ir a Unasur y tras el revés en la OEA, la eventual mediación de Panamá para un cara a cara entre Santos y Maduro se puede abrir paso, pero la Casa de Nariño mantiene reserva sobre el tema. “El problema para Colombia es que no tiene muchas más opciones frente a la frontera”, dijo Carlos Patiño, internacionalista de la Universidad Nacional.

Claro que para Sandra Borda, de la Universidad Tadeo Lozano, “la participación de Panamá en esta crisis luce un poco impuesta”, por lo que no ve viable que Bogotá la acepte.

Y Vicente Torrijos, catedrático de la U. del Rosario, afirmó que todo esto abre el debate, además, sobre si es o no pertinente que Colombia siga en la Unasur.

Lo cierto en este tema, aunque no se dieron los objetivos planteados en un principio, es que Colombia puso en la agenda internacional la crisis que se vive en la frontera con Venezuela y que el trabajo diplomático que se haga será clave para evitar que esta problemática tome matices de mayor gravedad. Claro que el Gobierno sigue en la zona atendiendo a los afectados.

Otra derrota de la OEA

El hecho de que los embajadores de la OEA se hubieran negado a escuchar a un país miembro como Colombia en una instancia superior, como la reunión de cancilleres, muestra en la práctica el declive del organismo hemisférico, que una vez más se queda por fuera de la discusión de un tema que le corresponde por naturaleza.

En su artículo 61, la Carta de la OEA establece la posibilidad que tiene cualquier miembro de convocar una reunión de cancilleres para debatir un tema urgente. Aunque se supone que la convocatoria es por mayoría, siempre se ha visto como un derecho de los países, en especial cuando existe una situación de crisis humanitaria como la actual.

Así las cosas, es posible que los países desistan de acudir más a la OEA y se vayan por organismos más pequeños y menos representativos como Unasur, tan cuestionada por su falta de independencia.

“Lo que está haciendo la región es evitando ensuciarse las manos con un problema muy difícil y mirar para otro lado”, dice la internacionalista Sandra Borda, quien considera que, con la OEA, Colombia “perdió un foro más amplio”: “Esa doctrina Maturana” de ‘perder es ganar un poco’ “nos tiene sobados”.

Por su parte, el investigador Francisco Barbosa opina que es una derrota para el sistema interamericano porque se está demostrando que los nacionalismos y que la integración están en contradicción. “Estamos regresando a las épocas en las que existían caudillos y nacionalismos y la integración era la excepción. Y en derechos humanos, la solidaridad tampoco es la regla”.

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EL TIEMPO*
Con información de SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington

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