Así se aprende en un club de astronomía para ciegos

Así se aprende en un club de astronomía para ciegos

En el Planetario de Medellín el universo se percibe con los otros cuatro sentidos.

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31 de agosto 2015 , 08:23 p.m.

La primera vez que Lucía Vásquez advirtió la grandeza del universo fue durante la primaria. Sobre un trozo de cartulina, sus hermanos trazaron en alto relieve el sistema solar. Entonces, recuerda ella, la Tierra era una diminuta esfera de icopor frente a la inmensa estrella que da luz a este planeta.

Lucía nunca percibió el universo con los ojos. Algunos médicos explicaban que a su padre le había dado varicela y que eso había producido su ceguera de nacimiento. Otros insistían en que habían sido los medicamentos para la sinusitis que la madre ingirió durante el embarazo.

De especialista en especialista, esta abogada de la Universidad de Antioquia se cansó de buscar una respuesta científica a su condición, y decidió que su reto sería entender la vida con cuatro sentidos.

Por eso, aunque los principales instrumentos para estudiar el universo requieren de los ojos, la curiosidad la llevó a darle significado al espacio a través de las formas: “Las estrellas son dos triángulos atravesados”, explica, armando con sus dedos una figura de varias puntas. “Las nubes, en cambio, las he leído en los libros, pero no sé cómo describirlas. Lo mismo me pasa con los colores o con la palabra brillante, porque nunca los he tocado”, dice.

Hace un par de semanas, Lucía asistió por primera vez al Club de Astronomía para Ciegos que dicta un astrobiólogo en el Planetario de Medellín. “La gran estrategia estará en la capacidad de describir”, advirtió antes de entrar, con la expectativa de comprender las condiciones de Venus (su planeta favorito) y su relación con Tauro, su signo zodiacal.

Allí, en un auditorio del Planetario, Andrés Ruiz, jefe del área de programación académica, habló sobre las galaxias ante ocho personas con pérdida total de la visión o con visión reducida.

Les pidió que imaginaran un cubo grande repleto de granos de arena, y luego 40 cubos repletos de granos de arena, y que esa era la cantidad de estrellas que conformaban nuestra galaxia: 200.000 millones.

A Lucía le gustó cuando Andrés sugirió que la materia oscura, esa que no emite suficiente radiación electromagnética y que por ende no es posible detectar con los medios técnicos actuales, es una especie de engrudo de harina y pegante, repleto de nudos, que nadie puede ver.

“¿Hay galaxias que pueden desarrollar más velocidad que otras?, ¿y cómo se forman?”, preguntó Silvia Congote, con grabadora en mano y con la curiosidad de una novata en los misterios de la astronomía.

Ella, que perdió la vista hace 20 años, alcanzó a ver los cráteres de la Luna por telescopio. Se deleitó con un inmenso firmamento repleto de estrellas en una finca del municipio de La Ceja, oriente antioqueño.

Ahora, dice, aquello que narra Andrés en el club, cada tercer miércoles del mes, “lo construyo en mi cabeza, lo vivo con mucha intensidad y lo proyecto en una especie de película de la que soy autora”.

La imaginación es el requisito más importante en esta clase. Incluso para Andrés esa ha sido su gran lección durante los casi dos años de historia del club, que comenzó en 2014 con pocos adeptos y con la lectura colectiva de Cosmos, la obra culmen de Carl Sagan, un divulgador científico ya fallecido.

“Ellos me mostraron que tenemos dormidos los otros sentidos, que el sonido es ruido para quienes vemos”, expresa Andrés, y añade que la imaginación es la herramienta más poderosa, porque permite ver más allá de las narices.

Por eso, Ruiz procura que sus lecciones de astronomía para ciegos sean sumamente didácticas y táctiles. “Esta es una ciencia a ciegas”, dice convencido. “Nosotros, con estos ojos, solo podemos identificar el espectro visible del universo, solo una banda minúscula de toda la luz que llega al universo. No vemos los rayos x, ni los infrarrojos, ni los ultravioleta ni las microondas, y el universo está repleto de ellos”, dice.

En este sentido, según Ruiz, todo este ejercicio confirma cuán inmenso es el universo y cuán limitados están los hombres para comprenderlo.

MEDELLÍN

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