Conductores

Conductores

Dos conductores. Uno, exconductor de un país; el otro, exconductor de bus y hoy conductor de un país

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31 de agosto 2015 , 06:31 p.m.

Tomé, cogí diría yo, un taxi en estos días de sólidos trancones e impávidos ciudadanos ante el desastre de la poluta ciudad capital.

El conductor no dejaba de pitar ni de poner el freno de mano, ni direccionales a derecha e izquierda y de meterle el clutch –o embrague, como quieran–. El tipo andaba como desesperado; con solo dos manos y dos piernas frenaba, pitaba, aceleraba, volvía a frenar, maldecía, y hablaba y mucho; y se quejaba tanto que llegué a sentir lástima por él.

A una mujer con su niño cruzando la calle le pitaba para que lo dejara pasar, al carro de enfrente le pitaba para que se moviera, lo cual era perfectamente imposible, y dele al freno de mano sin necesidad alguna –el freno de mano en realidad es un freno de estacionamiento, pero no, este señor lo manipulaba –como buen manipulador que era– quizá para subirle al taxímetro. Y meta clutch –o embrague, como quieran, ese sistema que permite tanto transmitir como interrumpir la transmisión de una energía mecánica a su acción final de manera voluntaria. Y eso era, un embragador o quizás un bravucón embaucador.

Casi se tira el carro al pasar por un hueco, mas no le importó, no eran de él, ni el auto ni el hueco. Maldecía al típico estilo colombiano: “¡Por eso estamos como estamos!”. Y seguía pitando, insultando, acelerando, frenando y, para colmo de males, tenía a todo volumen una de esas emisoras –emisoras solo de ruido, con cuentachistes de lo peor–, peleando con todos y contra todo. Y ahí estaban, el crucifijo, la virgen María y un rosario, bamboleándose todos al ritmo de Candela.

Al bajarme del taxi, luego de que –y de eso estoy seguro– me cobrara más de lo correcto, todavía aturdido con la gritería radial... me quedé pensando: “No joda, este tipo me es conocido”; sin embargo, no recordaba de dónde ni cuándo. Fue solo y sólo a la mañana siguiente cuando recordé de quién o de quiénes se trataba.

Y sí, era idéntico a dos personajes actuales de la que fuera mal llamada La Gran Colombia. Dos conductores. Uno, exconductor de un país y hoy conductor de un megáfono; el otro, un exconductor de bus y hoy conductor de un país. En lugar de pitar, el uno trina como un desesperado y el otro se la pasa vociferando y oyendo pajaritos. Ambos andan por ahí zigzagueando en busca de bronca, mientras los peatones los miramos atónitos.

Mauricio Pombo

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