Crítica/ La increíble vida de Nereo López

Crítica/ La increíble vida de Nereo López

El artista se reinventó siendo septuagenario para trabajar con los museos de Queens y del Barrio.

31 de agosto 2015 , 04:28 p. m.

La vida de Nereo López (Cartagena, 1920) fue extraordinaria por su oficio, su obra, su legado, y es un ejemplo para todos de lo que alguien puede llegar a hacer. Es de no creer: en su novena década de vida (murió la semana pasada casi a los 95 años, en Nueva York) tomaba fotos y llevaba a cabo proyectos fotográficos.

A los 76 años, más o menos, se fue de Bogotá para vivir en Nueva York, donde tenía un pequeño estudio y era reconocido como artista. Es decir: se reinventó siendo septuagenario para trabajar con los museos de Queens y del Barrio, de esa ciudad.

Empezó estudiando fotografía por correspondencia y en 1964 se dio el lujo de ganar el primer premio del Concurso Mundial de Fotografía organizado por Kodak para la feria de Nueva York. Nereo López elevó su obra al mismo nivel de quienes trabajaban en Nueva York, Londres y París, y llegó a hacer fotos para la revista Life y Look, las publicaciones más importantes en la fotografía mundial. No había nada más para donde escalar. La revista brasileña O Cruzeiro lo llevó a tomar fotos del Carnaval de Río.

Más de 100.000 fotos suyas están ahora –por fortuna y visión– en la Biblioteca Nacional de Colombia, que tiene personal dedicado a su dispendiosa clasificación y restauración. Ya tienen varias disponibles en internet. Personajes, corralejas, el río Magdalena, oficios y, sobre todo, mucha, mucha gente común y corriente fueron eternizadas en su lente.

Las fotos de Gabriel García Márquez recibiendo el premio Nobel son también suyas, pues fue el fotógrafo oficial que envió el Estado colombiano para el acontecimiento.

Muchas de sus fotografías que capturaron “momentos decisivos” y que hoy nos dejan perplejos son verdaderas cátedras para los que se dedican al oficio de registrar el mundo con imágenes.

Para colmo, en sus últimos años se había fascinado con Photoshop, con el que experimentaba en el arte de modificar sus viejas fotos.

Lo más increíble, tal vez, es que Nereo López, pudiendo darse ínfulas, era un hombre sencillo, dedicado a su oficio, que honró. Al hacerlo nos honró a todos. 

NELLY PEÑARANDA
Crítica de arte

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