Así sería el superascensor que haría más fáciles los viajes espaciales

Así sería el superascensor que haría más fáciles los viajes espaciales

Tendría una estructura inflable de 20 km de altura, por cuyo interior circularía un elevador.

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30 de agosto 2015 , 10:55 p.m.

Un ascensor espacial, que podría transformarse en la estructura más alta de la Tierra, obtuvo su patente de invención en los Estados Unidos. La tecnología es de propiedad de Thoth Technology, una empresa privada dedicada a la defensa y el desarrollo aeroespacial, con sede en Ontario (Canadá).

“Pensamos que patentarlo en Estados Unidos es valioso porque es la mayor economía del planeta. Además, ya lo patentamos en el Reino Unido y tenemos la patente pendiente en Canadá”, dijo Brendan Quine, diseñador de la estructura y actual profesor de ingeniería espacial y física planetaria en la Universidad de York, en Toronto.

Bautizada como la torre TothX, se trata de una estructura inflable reforzada de 20 kilómetros de altura por cuyo interior o costado circulará un elevador eléctrico. En su parte superior habrá una plataforma para el aterrizaje y el despegue de naves espaciales.

Al estar a esa altitud, las naves pueden despegar verticalmente y alcanzar con mucho menor esfuerzo la zona llamada de órbita terrestre baja (conocida por las siglas en inglés LEO). “Esto ahorra aproximadamente un 30 por ciento de los costos de combustible y, además, permite emplear naves completamente reutilizables, como sucede con los actuales aviones de pasajeros”, señaló Quine.

El diseñador aclaró que el ascensor no proporciona la energía cinética horizontal que se requiere para obtener velocidades orbitales. Esta todavía debe ser proporcionada por un cohete que debe complementar el despegue de cada nave, pero de menor tamaño que los actuales.

Sobre una montaña

En cuanto a la construcción del proyecto, Quine estimó que tomará entre tres y cinco años fabricar una versión de prueba de 1,5 kilómetros y otros cinco años para llegar a la versión definitiva. Se calcula que podría entrar en operación hacia el 2050.

“La estructura se puede construir en cualquier lugar de la Tierra, pero un terreno montañoso con elevaciones por sobre los 5.000 metros puede ser ventajoso para reducir los costos de construcción”, dijo. No obstante, es probable que para decidir la ubicación también primen factores políticos, ya que tan solo la versión de prueba será la mayor estructura construida en la Tierra.

El proyecto sale al paso de otro ascensor espacial anunciado el año pasado por la firma japonesa Obayashi. Claro que este último sí sería un auténtico ascensor espacial, ya que alcanzaría una altitud de 96.000 kilómetros, la zona donde orbitan los satélites.

Según Quine, esa iniciativa es muy difícil de realizar por sus características. La estructura propuesta está conformada por un cable fijo anclado al ecuador terrestre y por el cual se desplazarían unos coches robóticos que transportarían carga y astronautas a la estación espacial.

El mayor problema es que los materiales propuestos para su construcción, los nanotubos de carbono, no son lo suficientemente fuertes y el impacto de un rayo podría dañar severamente la estructura.

De hecho, el especialista propone combinar su estructura y la japonesa. “Tal vez sería mejor anclarla a una estructura ya existente, como nuestra torre, y así se evitarían los posibles daños en la atmósfera baja”.

Quine planea conceder la licencia de su ascensor a compañías aeroespaciales interesadas en desarrollar este tipo de construcciones. “La idea es desarrollar esta tecnología lo más rápido posible, de modo de conseguir una capacidad de construcción a nivel mundial”, señaló.

En la literatura

Los ascensores espaciales se han vuelto protagonistas habituales en las novelas, series y películas de ciencia ficción. El concepto fue propuesto por primera vez por el escritor británico Arthur C. Clarke en su novela 'Las fuentes del paraíso', en la que unos ingenieros construyen una de estas estructuras en la cumbre de una isla ecuatorial.

Casi en paralelo, su compatriota Charles Sheffield concibió una estructura semejante para su novela La telaraña entre los mundos y, aunque la terminó antes que Clarke, no logró publicarla hasta después del lanzamiento de la obra del autor de Odisea del espacio.

Si esta tecnología lograra desarrollarse abarataría los costos de los viajes espaciales, ya que el transporte de carga y tripulantes a satélites y otros vehículos podría hacerse a través de estos singulares artefactos.

RICHARD GARCÍA
El Mercurio (Chile) / GDA

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