La historia de una superviviente del conflicto afgano

La historia de una superviviente del conflicto afgano

Nadia Ghulam, durante diez años, tuvo que hacerse pasar por su hermano para sostener a su familia.

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30 de agosto 2015 , 09:24 p. m.

La primera vez que Nadia Ghulam se vistió de hombre tenía 11 años. Tres años antes, una bomba destruyó su casa, en Kabul (Afganistán), y le desfiguró el rostro y la obligó a hacerse numerosas cirugías. Casi dos décadas después, Nadia se subió por primera vez a un escenario teatral para contar su historia. Es el relato de una superviviente, de un pueblo sometido por la barbarie, de lo que tuvo que hacer para mirarle la cara a la opresión y no dejarse aplastar por la guerra. Pero ella enfatiza que ya no es una víctima. (Lea también: Récord de víctimas civiles en Afganistán en la primera mitad de 2015)

Hoy Nadia está en Barcelona, y en pocos días llegará a Manizales para revivir este episodio en el Festival Internacional de Teatro de esa ciudad con la obra que lleva su nombre y que fue producida por la compañía catalana La Conquesta del Pol Sud. Hace unos días ella estuvo en Afganistán, visitando a su familia y ratificando que el peligro aún acecha en las calles de Kabul.

Habla por teléfono desde Cataluña, con un español accidentado y una voz suave pero hipnótica, que traslada con facilidad al interlocutor a ese periodo casi de fantasía que viven los infantes en los primeros años de sus vidas.

“Antes de la guerra yo no tenía nada de problemas –relata Nadia–, tenía una vida como de una princesa, como todos los niños y niñas, que no saben de dónde sale la comida, de dónde salen las cosas que necesitan, sus juguetes, todo esto. Antes de la guerra yo tenía todo, porque mi padre trabajaba y éramos una familia muy feliz, sin dificultades”.

Pero esa infancia de ensueño se rompió a sus 8 años. El impacto tectónico de la bomba, que casi la desaparece, rompió la tranquilidad de su familia al mismo tiempo en que su país se estremecía por el comienzo de una guerra civil que duró nueve años. (Lea también: Gobierno afgano anuncia nuevas negociaciones de paz con los talibanes)

Nadia no recuerda con precisión aquel momento, “nadie hubiera estado preparado para hacerlo”, dice, pero es consciente de que cambió su vida. “Fueron muchos años de operaciones, ahora tengo 30 años y sigo teniendo cirugías por las secuelas de la bomba en mi cuerpo. Aún no estoy curada”.

Por supuesto, en su país también todo iba deteriorándose. Los efectos de la guerra no solo destruían casas y edificios, sino que afectaban la forma de ser de sus habitantes.

“La misión es sobrevivir –apunta–. Cada persona piensa en sí misma y no te puede ayudar, piensa en cómo puedo salir yo adelante. Hay muchas dificultades en daños, todo eso porque la pobreza y la guerra destruyen la vida de las personas, el sentimiento del ser humano, y se convierten en auténticos animales”.

Su familia también se iba desgarrando con cada cimbronazo del conflicto. La salud mental de su padre se fue deteriorando, hasta incapacitarlo, y su hermano Zelmai fue asesinado. Nadia, con solo once años, decidió disfrazarse de él para poder trabajar y sostener a su familia, ya que el régimen talibán no permitía que las mujeres trabajaran.

“Esto en mi obra lo narro con muchos detalles, pero para mí no es una historia que sea tan fácil de contar. Ha sido llena de dificultades, llena de problemas, y también estoy contenta porque en esta situación de vestirme como chico tuve muchas libertades que muchas mujeres no tenían”. (Lea también: Primera mujer piloto de aviones en Afganistán combate los prejuicios)

Ghulam cuenta en primera persona toda su historia en esta pieza del grupo La Conquesta del Pol Sud. / Foto: Archivo particular.

Fueron diez años en los que Nadia adoptó la identidad de su hermano muerto para poder trabajar, ya fuera en construcción o en el campo, siempre con la amenaza constante de que la pudieran descubrir.

“Pero Dios siempre me ayudaba para encontrar alguna solución”, recuerda con satisfacción. Tal vez eso es lo que más emociona de su relato, esa capacidad de encontrarle algún detalle positivo a una situación en la que apostaba su integridad a diario.

Kabul-Barcelona

Cuando tenía 21 años, una ONG le ayudó a Nadia a salir de su país hacia España para continuar con su tratamiento médico. Ya la guerra en ese entonces no era civil, sino un conflicto a escala global detonado por los atentados del 11 de septiembre en Nueva York.

Aunque su nueva vida en otro país la alejó del peligro, ella no puede dejar de hacer comparaciones entre su situación y la de su familia. “Hay momentos, por ejemplo, en que si tomas algo, si comes algo, piensas en tu familia. Si estás en un país en paz, piensas que tus seres queridos no están a tu lado y ellos están corriendo un riesgo. Esto no es fácil, cada día estás llena de tristeza de pensar por qué no puedes estar con las personas que tú quieres en tu vida”.

La historia de Nadia se convirtió en un libro, El secreto de mi turbante, escrito a cuatro manos con la española Agnès Rotger; e incluso inspiró una película, Osama, que se estrenó en el 2003 y se filmó en Afganistán.

En España, Nadia se instaló en la ciudad de Badalona junto a una familia adoptiva que la acogió. Cuenta que suele visitar su país cada verano y, además de difundir su historia, también trabaja como traductora de una ONG y agrupaciones artísticas.

Fue así como conoció a Carles Fernández Giua, el director de La Conquesta del Pol Sud, una compañía especializada en el teatro documental. “Yo trabajaba con él como traductora para hacer unos textos en mi idioma afgano. Él se enteró de mi historia, de quién soy y cómo ha sido mi vida, le interesó y un día me dijo que si podía hacer una obra con él, y le dije que sí”.

El resultado es un relato en primera persona en el que Nadia cuenta detalles de todos sus trucos para ganarle el pulso a la anarquía del conflicto, apoyada en una puesta en escena de vanguardia, ideada por Eugenio Szwarcer, que combina elementos del teatro de objetos con proyecciones multimedia.

Esto de las artes escénicas también fue un reto para Nadia, a menor escala, claro está, pero ella recuerda que la primera vez que pisó las tablas temblaba y le costaba mucho hablar.

La solución para que estuviera cómoda en el escenario fue que el director y el escenógrafo la acompañaran. Así desapareció el temor. “Con ellos estoy muy conectada –afirma–, cuando estoy delante de la gente estoy pensando que les estoy explicando a dos amigos míos mi historia, y eso me ayuda mucho para no tener miedo”.

Fue un proceso lleno de complejidades, acepta, pero el resultado ha sido satisfactorio no solo porque les puede contar sus vivencias a sus “amigos”, sino porque demuestra que lo más importante de haber vivido el apocalipsis que significa la guerra es tener la capacidad de superar las heridas psicológicas, así las físicas aún necesiten tratamiento.

“De verdad que estoy muy contenta por la forma en la que la gente recibe mi obra, cuando salen todos están llenos de emoción, positivos y contentos. En el teatro puedes ver que no soy una víctima, soy una persona que ha tenido dificultades, pero he podido salir adelante, esto lo reconocen; y el equipo que tengo son como ángeles que me protegen. Esto también me da mucha satisfacción y alegría”.

Barcelona-Kabul

Nadia se prepara con una determinación envidiable para lo que viene. Dice que quiere ser actriz de su vida, poder terminar sus estudios de educación social. “En Afganistán hay muchas necesidades de formación, yo creo que al aprender y estar en un país en paz puedo ser una persona muy útil en mi país, y por esto me formo mucho. No sabremos nunca el futuro, pero quizás yo quiera volver, eso es lo que sueño, que un día pueda trabajar por mí país”.

Es un sueño lejano en terreno y en tiempo. Su esperanza a veces es truncada por la fulminante realidad. Ahora que ha vuelto de Afganistán, dice que la situación es muy difícil, sus padres están muy enfermos, hay muchos enfrentamientos, muertes violentas e incluso muchos suicidios.

“Hay gente que cuando sale de casa no tiene la seguridad de que pueda volver a ella”, comenta, antes de agregar una reflexión conmovedora: “Ayer, cuando llegué a España, estaba conduciendo y pensaba: ‘Dios mío, no quiero que me des nada, ni un paisaje como el que tiene España, ni nada. Solo quiero que mi país tenga paz, porque con paz y libertad nosotros podemos construir todo, pero si no hay paz, ¿cómo podremos tener una vida normal? Tengas lo que tengas, si no tienes seguridad, si no tienes paz, no hay vida”.

Además del teatro y de sus estudios, Nadia también pasa varias horas semanales trabajando en un colegio, enseñándoles habilidades sociales a sus estudiantes. Y a pesar de no poder determinar el futuro, su sueño no se desvanece. Algún día le gustaría, por ejemplo, ir de la mano de sus dos ángeles a Afganistán y poner en escena su obra en el lugar donde todo sucedió.

Belo Horizonte y el Colón, invitados

Del 4 al 13 de septiembre se realizará la edición 37 del Festival Internacional de Teatro de Manizales, que tendrá como invitada especial a Belo Horizonte, Brasil. De esa ciudad se presentarán cuatro espectáculos: ‘Amores sordos’, del grupo Espanca!; el monólogo ‘Olympia’, de Teatro Andante; ‘Aqueles Dois’, de la compañía Luna Lunera, y ‘Os Ancestrais’, de Teatro Invertido. La particularidad es que esas cuatro obras, concebidas originalmente en portugués, se presentarán en español en Manizales.

El invitado de honor será el Teatro Colón de Bogotá, con tres piezas, la aclamada ‘Labio de liebre’, de Teatro Petra; ‘Flowers for Kazuo Ohno (and Leonard Cohen)’, del Colegio del Cuerpo, y el estreno de ‘Hoy envejecí diez años’, de La Maldita Vanidad.

El eje curatorial será el teatro sobre el conflicto, con montajes como ‘Si el río hablara’, de La Candelaria, y ‘El ausente’, del R101.

El cartel se complementará con grupos de España, Chile, Argentina, Uruguay, Venezuela, México, Estados Unidos y República Dominicana, y además habrá una programación diaria de teatro de calle en siete espacios de la ciudad.

Funciones de ‘Nadia’

La obra se presentará el 10 de septiembre, a las 5 y 9 p. m., en el auditorio de la Universidad Nacional en Manizales. Boletas: 31.000 pesos.

Información: www.festivaldemanizales.com

YHONATAN LOAIZA GRISALES
Twitter: @YhoLoaiza

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