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'Tenemos que darles la sopita a los que lo necesitan': líder religioso

'Tenemos que darles la sopita a los que lo necesitan': líder religioso

Diócesis de Cúcuta ayuda a mitigar crisis humanitaria tras deportación de colombianos.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
28 de agosto 2015 , 09:41 p. m.

A las 5 de la mañana, Francy Elena Arce, tras ponerse un delantal y un gorro, comienza a preparar, junto con otras dos mujeres, la comida para los colombianos deportados de Venezuela.

Ellas hacen parte del programa de la Diócesis de Cúcuta, que a través de su banco de alimentos de la Pastoral Social ayuda a mitigar la crisis humanitaria que se registra en esa ciudad y en el municipio de Villa del Rosario.

En una cocina adecuada en una vivienda del barrio San Luis, estas mujeres tienen el compromiso de preparar las tres raciones diarias de desayuno, almuerzo y cena para las más de 700 personas, entre niños y adultos, que son atendidos en el Centro de Migraciones y el colegio municipal de la capital de Norte de Santander.

Elba Rotain, de 52 años, acompaña desde muy temprano en los quehaceres a Francy Elena. Mientras prepara el chocolate, asegura que con la madrugada no se sufre porque lo que importa “es atender con amor a esas personas, porque Dios está en su corazón y desde allí debe tender la mano”.

En el corregimiento Juan Frío, de Villa del Rosario, la Pastoral Social ya está adecuando un comedor comunitario donde se buscará brindarles las raciones diarias de comida a un grupo de alrededor de 600 personas, de aproximadamente 6.000 que se cree han retornado de Venezuela por sus propios medios.

Mónica Bernal, nutricionista del banco de alimentos de la diócesis, señala que con cada plato de comida que la Iglesia ha podido entregar, se busca cubrir las necesidades nutricionales de la comunidad en general, con una minuta que incluye cereales, carnes, frutas y verduras.

El obispo de Cúcuta, monseñor Víctor Manuel Ochoa, dijo que la capacidad de asistencia alimentaria que pueden brindar frente a la alta necesidad que se tiene en medio de la crisis humanitaria en la zona de frontera ya está llegando al máximo, y eso es algo que les preocupa.

“Es incierta la cifra de personas que estamos atendiendo, pero nos sobrepasa la capacidad. Tenemos que darles la sopita caliente a los que necesitan. Mi interés no es el número, mi interés es darles”, dijo el líder religioso.

Según monseñor, esta obra no es nueva y, en los últimos 37 años, el Centro de Migraciones de Cúcuta, administrado por la comunidad Escalabriniana y en el que permanecen actualmente 200 de los deportados, les ha dado abrigo a 90.000 personas que han llegado a esa ciudad expulsadas por el país vecino.

Entre tanto, otras 310 personas en el albergue del colegio La Frontera, en el corregimiento La Parada de Villa del Rosario, vienen siendo atendidas por la Alcaldía de ese municipio, mientras otras mil, dispersas en sectores aledaños al río Táchira, reciben ayudas para la preparación de los alimentos en las llamadas ‘ollas comunitarias’.

Según Carlos Iván Márquez, director del Unidad Nacional del Riesgo, en total han sido habilitados cinco albergues en Cúcuta y Villa del Rosario, poblaciones en las que se decretó la calamidad pública. 

CÚCUTA

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