La prueba reina del Mundial de Atletismo, entre la rubia y la morena

La prueba reina del Mundial de Atletismo, entre la rubia y la morena

Shelly-Ann Fraser-Pryce y Dafne Schippers, las mujeres más rápidas de esta competencia. Perfil.

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28 de agosto 2015 , 07:19 p. m.

En los 100 metros puede ser letal un suspiro, son unos pocos segundos en los que un pestañeo es suficiente para quedar con el sabor amargo de la derrota. En esa prueba la raza negra ha sido especialista a lo largo de la historia, como quedó confirmado en el Mundial de Pekín 2015, pero en la prueba femenina hubo un detalle, no menor: apareció una holandesa, la única blanca en la final, y quedó a 5 milésimas de segundo de romper esa tradición, para no llamarle hegemonía. Dafne Schippers le respiró en la nuca a la jamaiquina Shelly-Ann Fraser-Pryce, 10,76 contra 10,81, oro y plata, pero este es el prólogo de una historia que tendrá varios capítulos, y Río 2016 será el primero de ellos. Aquí, el perfil de las dos mujeres más rápidas del mundo.

Shelly-Ann: dura vida

Suena la pistola y ella sale como una bala; su velocidad más los 1,52 metros que tiene de estatura la hacen a veces imperceptible para sus rivales, que la ven en la línea de meta con los brazos en alto celebrando un nuevo triunfo. Ella es Shelly-Ann Fraser-Pryce, que se convirtió en la primera mujer en ganar tres títulos mundiales en los 100 m, el último en China-2015.

Fraser-Pryce muestra orgullosa la bandera de su país, que también simbolizó con la diadema de margaritas y con su cabello. Foto: AFP

La atleta, de 28 años, convirtió la pista del estadio Nido de Pájaro de Pekín en una pasarela cuando salió a competir con una diadema de margaritas amarillas combinada con el verde de su cabello y sus uñas para formar los colores de la bandera de Jamaica. “Estoy alegre y feliz, por lo que decidí teñirme el pelo de verde”, dijo Shelly-Ann.
Por sus logros la han empezado a comparar con Usain Bolt, pero ella es clara: “Yo soy Shelly-Ann Fraser-Pryce. No me comparo con nada. Lo de Usain es de Usain. Lo que tengo es producto de un duro esfuerzo”.

Aunque ahora está en los gloriosos, Shelly-Ann pasó por los dolorosos, y muchos. Creció en Waterhouse, un barrio pobre de Kingston en donde “los niños tienen hijos y hay mucha delincuencia, además de sobrepoblación; es un lugar complicado”, dice con tristeza la múltiple campeona, a quien le mataron un primo en esa zona.

En ese barrio vivía en una casa de una pieza en la que junto con su mamá, Maxine Simpson, y sus dos hermanos dormían en la misma cama.

Y es que su madre es una inspiración para ella, pues los sacó adelante siendo una vendedora ambulante, aunque a veces eso no fue suficiente.

“Me iba sin dinero para la escuela y, en ocasiones, sin desayunar, pero allá me daban el almuerzo. A veces a mi mamá no le alcanzaba con lo que vendía”, confesó con una notable nostalgia.
Pero su mamá no fue solo inspiración para la vida, también para el deporte. Maxine había sido velocista y saltadora de longitud, pero ser madre joven la llevó a otro camino, además de que el padre de Shelly-Ann no respondió por la familia Pryce.

“No estábamos cerca y no nos hablamos. Bueno, si nos viéramos en la calle me gustaría decirle ‘hola’, pero él no hace frente a sus responsabilidades”, comentó Shelly-Ann con decepción sobre su progenitor.
A los 9 años, la tricampeona comenzó con el ‘bicho’ del atletismo, no tanto por convicción, más como un vehículo de escape a la situación que atravesaba.

Y su primer gran logro no fue un oro ni un récord, pero aún lo tiene presente como un gran tesoro: fue un segundo lugar en un campeonato escolar en el cual corrió descalza, y no precisamente por gusto. Ese resultado hizo que empezara a tomar más en serio el atletismo y se destacara en Wolmer’s High School for Girls, eso hizo que a los 14 años dejara su casa para buscar mejores condiciones.

“El peor momento para mí fue muy traumático”, recuerda sobre aquel entonces.
A los 18 años compitió en Juegos Carifta, evento de países del Caribe y fue tercera en los 100 metros.

Después se vino la catarata de triunfos en olímpicos y mundiales, pero en medio de ese idilio aparecieron una cirugía de apéndice y una contractura de isquiotibiales a comienzos del 2009; aunque parecía que se aproximaba algo malo, se recuperó y logró dos medallas de oro en el Mundial de Berlín-2009, en los 100 m y el relevo 4 x 100.
Pero en el 2010 llegó el que, hasta ahora, era su lunar en su carrera profesional, un doping.

“Soy una profesional que se supone dar el ejemplo. Así que lo que sea que puse en mi cuerpo es mi responsabilidad”, comentó sobre un caso del que había explicado que fue un medicamento que tomó para un dolor de muela. Finalmente, fueron 6 meses de sanción.

Shelly-Ann, que en el 2011 se casó con Jason y de él tomó el apellido Fraser, quiere evitar que los niños pasen las dificultades que ella tuvo y por eso creó su fundación Pocket Rocket.
“No me convertí en una estadística mala de Waterhouse, quiero mostrar que puede venir algo bueno de la comunidad de Jamaica, inclusive de barrios malos”, dijo la atleta con la alegría de un niño que abre un regalo de Navidad.

Dafne, belleza veloz

Su presencia en la pista impacta. Su pelo rubio ayuda a adornar la silueta de los 1,79 metros que tiene de estatura Dafne Schippers, imposible de pasar inadvertida, y menos cuando empieza su carrera; su cara no se ve tan angelical, como la de una modelo. Por el contrario, hace rememorar a Xena, aquella princesa guerrera que cautivaba con su belleza y fuerza.

La holandesa Dafne Schippers festeja su segundo lugar en la prueba de los 100 metros en el Mundial que se disputa en China. Foto: AFP

Apenas dan la largada, sus músculos se contraen y ese pelo rubio pasa de ser un adorno de su figura a un cómplice del viento para que sea la nueva esperanza de la velocidad europea.

Esta holandesa de 23 años se ha convertido en la nueva sensación del atletismo. El lunes pasado logró una marca de 10,81 segundos en el Mundial de China, con lo que ganó medalla de plata y fue el mejor tiempo de la última década de una atleta del Viejo Continente.

Dafne tiene esa mezcla que hipnotiza, belleza y talento; para ser justos, no es talentosa, es de las mejores.
Su influencia en el deporte llegó por sus hermanos que practicaban fútbol, pero ella se inclinó por el tenis, el cual practicó hasta los nueve años.

“Algunas personas vieron algo en mí y me animaron a probar el atletismo y después de un tiempo, en el 2008, me uní a un programa de la federación holandesa dedicada al heptatlón”, recuerda la atleta.

Hellas, en su natal Utrecht, fue el club en el que estuvo hasta llegar al programa de la federación, y ahí descubrió el heptatlón; sí, el heptatlón, porque ella no empezó como velocista. En Holanda se acostumbra a que los jóvenes participen en pruebas combinadas.

En el 2009 fue un gran año para Dafne: fue campeona nacional absoluta y cuarta en el Mundial Júnior, con 17 años, cuando sus contrincantes tenían 19. Al año siguiente logró el título júnior y en el 2011, el de Europa. Su carrera iba en ascenso, en el heptatlón.

Llegó el Europeo Indoor de París 2011, y desde ahí su vida deportiva tuvo un cambio tan rápido como es ella en la pista, pues corrió los 60 m planos y dejó buenas sensaciones, tantas que, en el Mundial de Daegu 2011, le dijeron que participara en los 200 metros planos y el relevo 4 x 100; el resultado: batió los récords absolutos de Holanda (22 s 69 ms, en 200 metros, y 43 s 44 ms, en el 4 x 100).

Y en medio de tanta alegría también surgía una pregunta que parecía antipática para ese instante, ¿se dedicará a la velocidad?, ¿dejará el heptatlón?

“Me gusta la velocidad, pero no quiero dejar el heptatlón”, fue su respuesta en ese momento.
Y así siguió alternando las dos modalidades. En 2012, cuando coincidieron el europeo y los olímpicos, dividió sus esfuerzos. En el Europeo de Helsinki fue quinta en los 200 metros y subcampeona con el relevo 4 x 100, que batió el récord de su país con 42 s 80 m. Y en Londres fue 12 en heptatlón y sexta en 4 x 100.

En 2013 siguió con esa solución, las dos especialidades, y logró oro en el Europeo Indoor, en 100 m y otro bronce en heptatlón en el Mundial de Moscú, adornado con el récord de Holanda, con 6.477 puntos.

Sus resultados no la ayudaban a decidir; por el contrario, la complicaban más, pero tenía que tomar una decisión. Era el 2014 y el turno de los Campeonatos de Europa de atletismo de Zúrich, donde logró el oro en 100 y 200 m.
Ella, que ya sabía lo que le iban a preguntar, se les adelantó: “Estaré en Gotzis”, dijo sobre un encuentro de pruebas combinadas que fue este año y al que finalmente no fue.

Antes de conocerse que no estaría en Gotzis había señalado: “Tengo mucha curiosidad de ver lo que puedo hacer en la velocidad; pero cuidado, esto no es un adiós al heptatlón”.

Bart Bannema, su entrenador, ayudó para esa decisión. Los análisis dicen que su fuerte son los 200 m, pues con su mejor marca, conseguida en Zúrich (22,03), hubiese ganado plata en Londres 2012 y oro en Moscú.
“Me gusta más los 200 m porque mi arranque no es bueno y eso me perjudica en los 100 metros”, dijo la joven que seguirá atrayendo las cámaras no solo por su belleza, también por su calidad y por la incertidumbre de cómo seguirá su exitosa carrera deportiva.

ANDRÉS FELIPE VIVEROS B.
Redactor de EL TIEMPO

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