Alguien nos ve

Google conoce asuntos nuestros que no le contaríamos a nuestra pareja y que ni la CIA sospecha.

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28 de agosto 2015 , 06:10 p. m.

‘Hackearon’ la página de Ashley Madison. Ashley Madison suena a actriz porno y aunque casi, se trata de un portal para infieles con más de 37 millones de usuarios. Medio millón de ellos están en Colombia, que ocupa el puesto doce en el ranking con más inscritos y supera a países con más habitantes, como Japón, Francia y Alemania. Así, de un momento a otro, la información personal, financiera y sexual de las personas registradas pasó a ser de dominio público.

Es aterrador, pero no sorprende que algo que esté en internet termine siendo revelado. Lo sorprendente es que, sabiendo que todo lo que hagamos puede y será visto por otros, continuemos en esas. De niño pensaba que los que salían en televisión podían verme, así que evitaba estar en calzoncillos o comerme los mocos frente al televisor. Descubrir que tal cosa no pasaba es aún hoy una de las grandes revelaciones de mi vida. Pero internet es otra cosa, allí todo se vuelve público, así esté forrado de contraseñas. Alguien nos mira, siempre. Igual, seguimos cometiendo imprudencias.

Vía Facebook, Twitter, Whatsapp y Skype, he hablado mal de amigos y compañeros de trabajo, he contado secretos inconfesables, he mandado y recibido fotos indignas de cualquier álbum familiar, sabiendo que mi interlocutor no era el único que se estaba enterando, pero guardando la esperanza de que el tercero que leía a escondidas fuera tan bondadoso de no revelar nada. Y entrar a Google no ha sido más sencillo. A mí me inquieta que el buscador más grande del planeta sepa sobre mis gustos, especialmente sexuales, porque internet podrá ser una bendición para consultar información y enterarse de lo que pasa en el mundo, pero lo que ha hecho por la vida sexual del ciudadano común y corriente, para bien y para mal, es invaluable.

Google conoce asuntos nuestros que no le contaríamos a nuestra pareja y que ni la CIA sospecha. Por eso, cuando usted busca algo, le autocompleta la frase con las búsquedas más populares. Y encima está enlazado con todas las plataformas. Cada vez que usted ve una noticia, sale abajo su fotico y su nombre por si quiere comentar. Esto resulta espantoso, tanto como guardar el historial de búsqueda. A usted podrá parecerle normal, pero que quede registro de todo lo que miramos es casi tan torcido como las páginas de sexo que buscamos.

No se puede confiar en nadie. Jurarán que estoy paranoico, pero estoy convencido de que cuando se cae la página del banco o el Whatsapp, es porque están capturando nuestra información. Por eso me asusta que los programas del celular se actualicen todo el tiempo. ¿Qué traman? ¿Qué es lo que tanto se ponen al día, si igual siguen fallando?
Nada más esta semana, mil millones de personas se metieron a Facebook en un solo día, lo que viene siendo una persona en el mundo, de cada siete. Y lo peor es que creemos que nos dan todo gratis, que nos permiten navegar y ‘postear’ fotos y compartir videos y tuitear y mandarnos correos electrónicos porque son unos bacanes. Saben todo de nosotros y van por más. En la vida análoga quieren nuestro dinero de retiro; en la digital, van por nuestros datos, por eso usted le da su teléfono a cualquier empresa y terminan llamándolo de un banco, en el que ni cuenta tiene, para ofrecerle una tarjeta que no necesita.

Yo tengo con internet una relación similar a la que tengo con los muertos. Estoy seguro de que en los cuatro años que lleva muerto, mi padre ha sabido de mí más de lo que supo en vida porque sigue ahí, observándome en silencio, como Google, moviendo la cabeza de un lado a otro en señal de decepción cada vez que hago algo que él no aprobaría. La diferencia es que mi padre aún me quiere pese a ser un ente incorpóreo y no le daría mi información a ninguna base de datos ni a cambio de regresar a la vida.

Adolfo Zableh Durán

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