Premio a un grande de las ecuaciones en Medellín

Premio a un grande de las ecuaciones en Medellín

Pedro Isaza gabó este año el Premio Nacional de Matemáticas.

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27 de agosto 2015 , 06:20 p.m.

El amor por los números podría resultar de la unión fortuita entre una inclinación natural, casi congénita, por conocer, y la existencia de un mentor que se refiera a las matemáticas con inspiración, sin ánimo de espantar al alumno.

Para Pedro Isaza, Premio Nacional de Matemáticas, su madre, una mujer antioqueña que renunció a la universidad para dedicarse al hogar, fue esa guía.

La mujer tenía un talento especial y por vocación enseñaba geometría y álgebra a los vecinos del barrio Estadio.

A su hijo le transmitió la manera fácil de ver que en un triángulo rectángulo la hipotenusa es el doble del cateto menor. Con esa sencilla idea, que para muchos se hizo compleja en el colegio, “ella me movió a tomar este camino”, recuerda.

No en vano, aún hoy, transmite la teoría de su madre a los estudiantes de ciencias exactas de la Universidad Nacional, sede Medellín, con la esperanza de que las matemáticas despierten en ellos inquietud y les permita experimentar la sensación de resolver un problema de meses de trabajo. Incluso, de enfrentarse a la frustración, porque “un fracaso es el comienzo de un nuevo problema cuya solución podría culminar con éxito”.

Durante la edición 2015 del Congreso Nacional de Matemáticas, Isaza recibió el Premio Nacional de Matemáticas, un reconocimiento que cada dos años se hace a alguien con trayectoria, publicaciones internacionales, experiencia docente y contribuciones importantes a esa ciencia en el país.

Para el galardonado, su mayor logro ha sido formar a muchos estudiantes con los que progresivamente ha llevado las matemáticas locales de un nivel incipiente a un punto en el que, si bien todavía hay mucho por hacer, están cerca de los estándares internacionales.

Más allá de ser un docente del que se habla con respeto y admiración en los pasillos de La Nacional, Isaza, doctor en Matemáticas de la Universidad de Syracuse, en Nueva York, ha contribuido de manera importante a la investigación de ecuaciones diferenciales parciales y ecuaciones dispersivas no lineales.

Según Carlos Montenegro Escobar, presidente de la Sociedad Colombiana de Matemáticas, Isaza ha tenido que trabajar en un ambiente que, al principio, era un poco más complejo, pero que con su “perseverancia increíble”, él mismo logró sacar adelante. “Si uno mira, sus investigaciones y publicaciones son comparables con las de un investigador en un entorno mucho más enriquecido, como EE. UU.”, añade Montenegro.

Isza aclara que casi todos los fenómenos físicos, como la electricidad, las ondas o la forma en que se propaga el calor se estudian con ecuaciones diferenciales. Para su caso concreto, él analiza ecuaciones que modelan ondas de agua y en las que se estudian varios fenómenos, como capturar, en una especie de fotografía, la posición inicial de la onda, la forma en que evoluciona y cómo va muriendo en el espacio.

Si bien en Colombia hay una moda de apoyar con recursos y reconocimiento a las ciencias que aplican soluciones a problemas nacionales, las ciencias básicas también requieren de la mirada de un país.

“Siempre uso un ejemplo para referirme a ello. Para constituir la selección nacional de fútbol no se eligieron de la nada 11 buenos jugadores. Esa selección no existiría sin semilleros de niños deportistas, sin pequeños campeonatos, sin ligas medianas. Lo mismo ocurre con la ciencia. Sin una comunidad grande de base, no vamos para ningún lado”, explica el maestro e investigador.

Sus ecuaciones, que en resumidas cuentas muestran cómo es la evolución en el tiempo, se desarrollan de manera pura, sin la obsesión de buscarle una aplicación que dé dinero o fama. “Es posible que un día alguien vea un potencial tecnológico en esto, pero nuestra misión es aportar a la esencia del conocimiento”, resalta el profesor.

Ese mismo convencimiento fue el que le sirvió, cuando decidió ser matemático, para explicar a los incrédulos por qué estudiar eso que entonces parecía tan esotérico.

Al recibir el Premio Nacional de Matemáticas, Isaza reitera que por la vía intelectual también incidió su esposa Ángela y su hijo Simón. “Ella ha promovido constantemente en mí el principio según el cual, esa idea crucial que un día llega a nuestras cabezas y que nos da finalmente la solución a un problema, es asunto de dedicar al trabajo muchas horas hombre”, y de él “con su increíble mente geométrica, he aprendido cada vez más que en la matemática yo entiendo aquello que soy capaz de dibujar”.

MEDELLÍN

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