De desastre en desastre

De desastre en desastre

¿Cuáles son causados por la naturaleza y cuáles son producto de la mano del hombre? Entrevista.

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27 de agosto 2015 , 06:41 a.m.

Según el Índice para la Gestión del Riesgo - Index for Risk Mangement – OCHA 2015, Colombia ocupó el puesto 25, entre 194 países con el más alto riesgo de amenazas de tipo natural, como terremotos, tsunamis, ciclones tropicales, lluvias extremas y sequias, o por la presencia de amenazas humanas que generan conflictos sociales, o por su alto nivel de vulnerabilidad socio económico y de sus grupos más débiles, o por su factor de inequidad o por la falta de capacidad institucional y de infraestructura para enfrentarlos.

¿Qué significa estar en ese escalafón, cuáles eventos podrían prevenirse y de qué manera poder clasificar los eventos, entre los que son naturales y los que no? Para poder diferenciar estas categorías y comprender más claramente este panorama invitamos a Ricardo Lozano, ex director del Ideam y actual consultor internacional en temas de cambio climático para que explicara cuál es el panorama que hay en Colombia y cómo se pueden clasificar los eventos ocasionados por el hombre y los que la naturaleza ocasiona por su propio devenir.

¿A qué se le puede llamar un desastre?

En Colombia le llamamos desastre a los eventos que interrumpen el funcionamiento normal de la sociedad, que exceden la capacidad de ella misma para hacerle frente mediante el uso de sus propios recursos, ocasionando muertes, pérdidas o impactos materiales, económicos y ambientales. En ese sentido, existen varios tipos de desastre: políticos, financieros, tecnológicos, económicos, sociales, naturales y ambientales, entre otros.

¿Qué diferencia hay entre un desastre natural y uno ambiental?

De manera general, podemos decir que los de tipo natural son aquellos causados por los movimientos normales de la Tierra, como terremotos, erupciones volcánicas, lluvias o sequías extremas, huracanes o tsunamis, que casi siempre nos toman de sorpresa.

Los de tipo ambiental son llamados así porque son los causados por el hombre en un ambiente natural, como la destrucción de páramos, humedales, ríos, ciénagas, selvas, océanos por falta de previsión, accidentes, incompetencia, uso indiscriminado sin control, o por atentados en la infraestructura energética del país, provocando consecuencias de larga duración, que incluye la muerte de seres humanos, animales y plantas, provocando la migración y desplazamiento de los mismos. En otras palabras, sin la intervención humana ellos nunca hubieran pasado.

Una inundación o un deslizamiento, ¿se puede catalogar como un desastre natural o es una consecuencia del mal manejo ambiental?

Los deslizamientos, inundaciones, avalanchas y hambrunas son, usualmente, consecuencias suplementarias a otros desastres naturales o ambientales como el clima extremo o la deforestación, respectivamente.

Eso no quiere decir que los de tipo natural no causen desastres ambientales como la pérdida de humedales, lagos o lagunas por eventos extremos secos. Cuatro años después del tsunami y terremoto del Japón, las autoridades siguen detectando impactos ambientales en la pesca con niveles de radiación mayores a los permitidos. O que desastres ambientales como el calentamiento global causado por la emisión en exceso de los gases efecto invernadero GEI a la atmósfera estén aumentando la intensidad y frecuencia de los desastres naturales con la presencia de lluvias o sequías más extremas en nuestro territorio, con la presencia de fenómenos como El Niño y La Niña más intensos y frecuentes como los vividos en los 10 últimos años.

¿Podría mencionar algunos ejemplos de desastres ambientales en Colombia?

De acuerdo al estudio de las Naciones Unidas ‘Construcción de una paz territorial estable, duradera y sostenible en Colombia’ (2014), para diciembre de 2013 Colombia tenía 48.000 hs. sembradas con coca, las cuales se encontraban distribuidas en 23 departamentos. Dichos cultivos modifican y alteran el paisaje y debido a las sustancias químicas que utilizan, contaminan las fuentes hídricas y los suelos. Sumado a lo anterior, las fumigaciones para su erradicación afectan la población, el medio ambiente y el agua.

Por otro lado, la minería en Colombia se realiza bajo un modelo extractivista sin control, con limitados recursos humanos, técnicos y financieros y no incorpora de manera adecuada sus impactos ambientales y sociales según indica “El Informe del Estado de los Recursos Naturales y del Ambiente 2012 – 2013” de la Contraloría General de la República.

Dicho informe resalta temas como los pasivos ambientales, la afectación a ecosistemas estratégicos (106.506 hs. de páramo con títulos mineros), producción de desechos, pérdida en la estructura del suelo y daños al subsuelo, deterioro de las propiedades químicas de las aguas superficiales y subterráneas, modificación de la cobertura vegetal, afectación a estructuras sociales y culturales, entre otros.

¿Cómo se cuantifica la magnitud de un desastre?

Para reconocer la magnitud de un desastre es importante diferenciar dos conceptos. Magnitud de un desastre y magnitud de un evento. En general, la magnitud de un desastre se mide por las pérdidas humanas, costos derivados de los destrozos y por la recuperación de las zonas devastadas. A diferencia de esto, la magnitud o intensidad de un evento natural es medido por el nivel de energía acumulada, liberada o transportada en un medio natural, como la escala Saffir-Simpson para evaluar la fuerza de los huracanes, o de Richter para los terremotos.

Existen huracanes de categoría 5 que nunca llegan a la costa, y, por lo tanto, no se les considera desastre. O existen huracanes de categoría 1 que pueden causar muertes sencillamente porque la gente está expuesta, la calidad de la infraestructura que los protege es mala o porque la capacidad de las autoridades responsables son superadas para hacerle frente. Es decir, todo depende del grado de exposición y vulnerabilidad del bien. Todo depende de nosotros.
El costo en pérdidas materiales y vidas no tiene tanto que ver con la intensidad del fenómeno natural sino con el dónde y cómo se construye la infraestructura, dónde vive la gente y el costo de la inversión de las actividades económicas expuestas a estos fenómenos.

Países en desarrollo como Colombia pueden perder, en promedio, entre el 2 % y el 6 % de su PIB anual como consecuencia de los desastres, como lo ocurrido con las pérdidas de los años 2010, 2011 y 2012.

Eso muestra lo que implica para Colombia, tan solo en su economía. Y, ¿qué pasa en el mundo?

De acuerdo con el informe “Hacia un Marco después del 2015” de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción de Riesgos de Desastre (UNISRD), la exposición al riesgo de desastres en el mundo es cada vez mayor, entre otras, como consecuencia directa de los efectos del cambio climático y al aumento cada vez mayor de la exposición de la población y de las actividades económicas a los desastres.

Según este informe entre el 2002 y 2011, se produjeron 4.130 desastres registrados, resultantes de riesgos naturales en todo el mundo en los que fallecieron más de 1.100.000 personas y se registraron pérdidas por 1.195 millones de dólares. Solo en el año 2011, 302 desastres cobraron 29.782 vidas, afectaron a 206 millones de personas y provocaron daños por un valor estimado de 366.000 millones de dólares.

¿Por qué va en aumento, está solo relacionado con el cambio climático o hay más factores que incrementan el riesgo?

El mensaje más importante es que más personas y recursos se siguen ubicando en zonas de alto riesgo. La proporción de población mundial que vive en cuencas fluviales inundables ha aumentado en un 114 por ciento, mientras que la población que vive en zonas costeras expuestas a ciclones aumentó en un 192 por ciento en los últimos 30 años.

Así mismo, el riesgo ante desastres es mayor a medida que se acelera el proceso de expedición de permisos y licencias ambientales, así como la elaboración de estudios de amenazas y vulnerabilidades sin el rigor científico necesario para la construcción de infraestructura, vivienda o de cualquier actividad económica.

En cuanto a la recuperación, después de un desastre, natural o ambiental, siempre se habla de ello. Pero en la práctica es poco lo que se conoce de lo que pasa luego de la emergencia.

La recuperación de una comunidad o de un ecosistema depende de su grado de resiliencia, es decir, de su capacidad de amortiguar o soportar dichas interrupciones, de la capacidad de auto-organizarse y la capacidad de aprendizaje y de adaptación a las nuevas circunstancias de un territorio

HUELLA SOCIAL

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