Las guerreras del Chocó que batallan contra la miseria y la violencia

Las guerreras del Chocó que batallan contra la miseria y la violencia

Josefina Klínger y otras chocoanas aseguran "no comerse el cuento de la pobreza".

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26 de agosto 2015 , 09:46 p.m.

La pobreza y la violencia en Chocó, de las que las mujeres son víctimas principales, tienen su antídoto en el fiero coraje de grandes guerreras.

 

“Crecí escuchando que Colombia es un país racista, que las mujeres estábamos relegadas a la cocina y a la casa, que no servíamos, que tenían que golpearnos. Pero en paralelo a eso, crecí en la minga, que es cuando todos marchamos por un mismo objetivo, viví la mano cambiada, que es el trueque de oficio. Entonces entendí que la gente podía no tener plata, pero contaba con la solidaridad de los suyos como una estrategia de supervivencia”.

Esta es la voz de Josefina Klínger. Le habla a mi grabadora mientras la sigo por las calles de Quibdó. Tiene 51 años, vive en Nuquí, donde promueve el turismo comunitario como una estrategia de desarrollo local. Maneja la operación turística del Parque Nacional de Utría y hoy marcha entre la Cámara de Comercio y la Dian con su cuerpo nervudo y ágil: “Con 25 años, separada y con dos hijos, mi idea era conseguir una familia que me llevara de empleada doméstica”.

Por suerte, nadie se la llevó. Se quedó, y con el tiempo Josefina se ha convertido en una de las lideresas más visibles del Chocó porque, como dice, decidió “no comerse el cuento de la pobreza” y comprendió que “el liderazgo no se decreta, se asume”. Su lucha diaria es por que el crecimiento de su territorio surja del nivel local y se base en los mayores activos del departamento: lo ambiental (la biodiversidad) y lo cultural. Josefina no es la única que considera que la espiritualidad del pueblo afrochocoano se ha visto amenazada por la violencia ligada tanto a la guerra como a la pobreza y a una cultura del dinero fácil.

En palabras de Nimia Teresa Vargas, fundadora y directora de la Red Departamental de Mujeres Chocoanas: “Acá antes nadie aguantaba hambre. Yo recuerdo que se iban al río Atrato, pescaban y llegaban con una liga a la casa. Ahora en el río no hay nada porque está la contaminación por la minería”.

También considera que la solidaridad ha ido menguando: “Hoy día las familias se han dispersado por el desplazamiento y tampoco hay ingreso suficiente. La vida de muchos es llegar a la casa con las manos vacías, los niños con hambre, la niña que se fue a buscar comida y se prostituyó. Toda esa serie de problemas hacen que las violencias vayan cobrando un tinte cada vez más desesperado”.

Viaje al ‘Futuro’

Cuando Josefina buscaba trabajo en su juventud, los hombres le ponían como condición llevarla a la cama primero. Esto me hizo recordar que Heidys Mena, líder comunitaria e integrante de la Red Juvenil de Mujeres Chocoanas, me comentó que la misma práctica es habitual en la universidad: “Algunos profesores buscan quebrar a las alumnas, para luego pedírselo como condición para pasarles la materia”.

Heidys tiene 24 años, trabaja en el barrio El Futuro II, ubicado en Zona Norte, el sector más conflictivo de Quibdó, donde el 90 por ciento de sus habitantes son desplazados. La población de la zona equivale a casi la mitad de la ciudad. Se llega en colectivo, pues los taxis y los mototaxis no suben. Las casas de madera se extienden entre la selva.

Barrio El Futuro II.

Por las calles de tierra se ven niños descalzos. En una cancha de fútbol hay unos muchachos jugando. En el barrio no hay alcantarillado, ni agua. Pregunto cómo hacen para ir al baño. Me dice un hombre que usan bolsas y luego las lanzan al aire. Las llaman ‘voladores’. Ríe. Después se pone serio al hablar de las problemáticas del sector. Tiene la mujer enferma de cáncer y está desempleado. Trabajaba en una mina, “pero con los precios del oro, ya no hay qué hacer”.

En Quibdó no hay grandes empresas, el mayor empleador es el Estado, que tiene los índices de corrupción más altos del país. Una mujer desplazada de Armenia cuenta desde el barrio El Futuro 2 que su nieta fue violada en la escuela. Dice que los maestros les dan golpizas a los alumnos. Ante sus denuncias, las autoridades se escudan en que estas son tierras de invasión para no intervenir y, en efecto, no intervienen.

Los dolorosos testimonios de vida, la violencia, el abandono, se viven en medio de una calma dominguera, entre el reguetón, los picaditos de fútbol y el olor a sancocho.

En el colectivo de regreso al centro de Quibdó viajamos solo mujeres. La mayoría lleva al menos un niño pequeño. La más joven no alcanza a tener 14 años. Cuando suben al vehículo, van pasando los bebés en una cadena de brazos hasta el último puesto. Está sonando una canción de Alexis Play, el cantante chocoano. Algunas cantan bajito mientras les acarician las trenzas cargadas de chaquiras a sus pequeñas, enfundadas en trajecitos de un rosa o un blanco inmaculado.

Heidys dice que muchas de las mujeres a quienes ayuda ya son madres, algunas no son bachilleres ni llegarán a serlo. Es frecuente que los embarazos sean causados por los padres o los padrastros de las muchachas y también que estas situaciones no sean denunciadas: “Zona Norte tiene muy mala fama, pero usted encuentra una población juvenil ansiosa de oportunidades, de espacios recreativos, llenos de necesidades. Es una comunidad luchadora”.

De vuelta a la ciudad veo una pelea de puños entre dos muchachitos que no llegan a tener 10 años. Hay bares, discotecas y grilles por todas partes, lo que hace difícil imaginar qué hacer en familia el fin de semana. Entre las discotecas se destaca Jennylao, una edificación escandalosamente engallada que podría estar en Miami. Según reza la leyenda, su edificación fue posible gracias a 15.000 millones de pesos robados del presupuesto para la salud.

Poder femenino

El Instituto Nacional Demócrata (NDI, su sigla en inglés) le otorgó el premio Albright Grant, que se entrega a grupos que defienden los derechos políticos y civiles de las mujeres, a la Red Departamental de Mujeres Chocoanas en el 2010. La Escuela de Liderazgo y la Escuela de Formación Política de la red habían capacitado a la mayor parte de funcionarias en ejercicio en el departamento en ese momento. Pero el trabajo de estas heroínas ha tenido un costo. Muchas de ellas han sido amenazadas y al menos dos asesinadas, en Riosucio y Acandí. Incluso Nimia Vargas, su fundadora, tuvo que huir por 14 meses.

Una práctica de baile en la Casa de la Cultura

El flagelo de la violencia contra la mujer es tan serio que el departamento tiene la tasa más alta de violaciones del país, con unos 400 casos reportados al año. No obstante, se calcula que solamente el 27 por ciento se reportan (lo cual arrojaría una cifra tentativa de más de 1.600). Con una pobreza del 64 por ciento, Chocó alcanza la natalidad más alta del país.

Además, el embarazo adolescente mostró un incremento de tres puntos porcentuales entre el 2005 y el 2010, según la más reciente Encuesta de Demografía y Salud, donde también se evidencia que el 30 por ciento de las adolescentes chocoanas tienen al menos un hijo.

Para el mayor de la Policía Pablo Cerón, estas problemáticas están relacionadas con el más alto índice de consumo de alcohol del país, así como con lo que él llama “una tolerancia de las víctimas a estos abusos”. Otras líderes me explicaron el fenómeno como un efecto del machismo estructural de la región, ligado a una ignorancia extendida entre las mujeres, muchas de quienes desconocen sus derechos.

“En Quibdó hay más muertes por riñas que por el accionar terrorista. Eso es algo que no se resuelve con capturas, sino con inversión social y cultura ciudadana”, continúa el mayor, quien reconoce que hay presencia mayoritaria del Eln, seguido por las Farc y por un reducto del ‘clan Úsuga’.

Sin embargo, la Policía considera que, a diferencia de otros centros urbanos del Pacífico colombiano, no hay grandes capos ni bandas delincuenciales manejando el negocio de la droga. El drama en Quibdó es sobre todo social. Una población llena de necesidades, con las secuelas de la violencia sobre la piel y sin oportunidades a la vista.

Esto es lo que hay

Pero si bien el panorama puede ser desolador, también es cierto que la cultura chocoana es de una riqueza tal que ha producido la que algunos consideran la mejor cocina colombiana, así como músicos que le han dado la vuelta al mundo, como lo fue el ‘Brujo’, Neivo Moreno, Jairo Varela (Grupo Niche) y, actualmente, Leonidas Valencia, de La Contundencia, además de Chocquibtown, entre otros.

No obstante, más allá de sus riquezas culturales y la potencia arrasadora de sus liderazgos, la problemática social en el Chocó no da tregua. La violencia contra la mujer está en el centro de esta problemática.

Para la experta Ana María Arango, el cuerpo de la mujer negra ha sido satanizado, erotizado, considerado pecado, y, en esa medida, ese imaginario desde la visión de lo blanco ha inducido unas prácticas de castigo y sufrimiento hacia la mujer afrochocoana, algo que refuerza el imaginario de lo femenino sometido a lo masculino, subordinado y reducido a la obediencia.

Pero esta dolorosa tendencia tiene su antídoto en el fiero coraje de guerreras como Josefina Klínger, Nimia Vargas o Mábel Torres, con Bio Innova, un centro de desarrollo económico enfocado en biodiversidad, desde donde se buscan alternativas sostenibles para cientos de familias a partir de la producción de cosméticos y comestibles hechos con productos nativos.

También desde la Cámara de Comercio e Invest in Chocó (presididas ambas por mujeres) se busca atraer inversión nacional y extranjera para luchar contra el desempleo.

El gran dilema viene a ser cómo transformar ese paisaje de pobreza desde la comunidad local, con los insumos que ofrece el territorio y respetando los modos de vida de su población. “Tenemos que amar lo que hay aquí. Esto no es Medellín, no hay que seguir modelos de otras partes. En la medida en que nos enamoremos de nuestra tierra sabremos trabajar con lo que ella nos da”, dice Klínger.

Pero hay quienes piensan que mientras continúen los niveles de corrupción local, muchas de estas iniciativas serán estériles. Es por eso por lo que, para el músico Leonidas Valencia, hace falta que los jóvenes crean en la política y que quienes sean elegidos gobiernen para la gente. En palabras de Heidys Mena, “la única manera de hacer la diferencia es permitiendo que aquellos que realmente representan los intereses de la comunidad lleguen al poder”.

Al igual que ella, medio millar de líderes se han formado en programas con temáticas como gobierno, innovación comunitaria, construcción de paz, economía y liderazgo efectivo, ofrecidos por la fundación Manos Visibles, presidida por la exministra de Cultura Paula Moreno Zapata, como una estrategia para formar capital humano en el Pacífico colombiano y empoderar a sus líderes como agentes de cambio desde la base comunitaria y la gestión pública.

De igual manera, la alcaldesa Zulia Mena se ha destacado por cumplir con su mandato de manera eficiente y con transparencia en el manejo de los recursos, algo excepcional para Quibdó, donde la violencia y la miseria contrastan con un sobrio optimismo frente a la gestión municipal.

La altísima participación femenina es un motivo de esperanza. Con la fiereza de un pueblo que se ríe del dolor, que se baila el sufrimiento y le canta a la muerte, los chocoanos, y muy especialmente las chocoanas, están dando una batalla admirable por arrebatarles el territorio a la miseria y a la violencia.

MELBA ESCOBAR
Especial para EL TIEMPO

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