¡No cooperen!

¡No cooperen!

Lo que está en juego en La Habana es la terminación del conflicto armado que impera sobre Colombia.

26 de agosto 2015 , 09:34 p.m.

Esta fue la respuesta de Mahatma Gandhi a sus conciudadanos que preguntaban por qué los ingleses, siendo una impresionante minoría apoyada por las tropas del British Indian Empire, dominaban a la India, que entonces tenía 400 millones. Gandhi les dijo: imperan porque les cooperamos. Y optó por la no cooperación en desobediencia civil no armada. Gandhi hizo viva esta decisión para liberar a la India. Llegó hasta el boicot de los productos, la educación, las instituciones y los honores imperiales. Se mantuvo firme a pesar de la masacre de Jallianwala Bagh, en la que tropas británicas mataron a centenares de pacifistas con aprobación y celebración de muchos ingleses y probritánicos.

Hoy, cuando el proceso de paz en Colombia, en medio de dificultades y contradicciones, ha tomado paso firme, el mensaje de Gandhi tiene gran pertinencia. Cada vez más comprendemos que lo que está en juego en La Habana no son unos acuerdos con las Farc, sino la terminación del conflicto armado interno que impera sobre Colombia.

No cooperar significa analizar en todo comportamiento académico, social, político, militar y religioso la contribución, por acción o por omisión, a la continuación de conflicto armado interno y participar en el boicot no violento y activo, a esos comportamientos, para contribuir en serio a que las armas no sigan determinando la vida y la política en nuestra sociedad, y actuar eficazmente en la terminación de todos los aparatos que empujan el conflicto armado: las convivir, los paramilitares y las ‘bacrim’, el accionar guerrillero de las Farc-Ep, el Eln y el Epl, la sobremilitarización del país que tiene el más alto gasto militar del continente en relación con el producto interno, la policía militarizada, cientos de miles de guardias privados, y los medios de comunicación que exacerban el conflicto.

Y, por supuesto, para poner fin a todas las actividades del conflicto armado: secuestros, falsos positivos, masacres, minas antipersonas, asesinatos extrajudiciales, desapariciones, amenazas, extorsiones, presos políticos, fosas comunes, despojo de tierras, desplazamientos, violencia sexual contra la mujer, polarizaciones y odios.

Análogamente a como ocurrió en la India, terminar la dominación del conflicto armado y la victimización, ya de siete millones, que hace de Colombia el país extraño en el contexto mundial, es solo el comienzo de la construcción participativa de la nación, que la violencia ha impedido, para adentrarnos a fondo en el largo proceso de los cambios estructurales de la economía y la política para acabar con la exclusión, la inequidad, la corrupción y la destrucción del medioambiente.

Muchos apoyaron, sin tener conciencia, las decisiones que empujaban el conflicto armado. Otros lo hicieron y lo siguen haciendo plenamente conscientes y convencidos de que la solución armada es lo mejor para Colombia y por eso insisten, desde un lado, en que haya más gasto y resultados militares, más organizaciones convivir, ‘oficinas’, civiles armados, ‘clanes Úsugas’, paramilitares y ayuda militar de los Estados Unidos. Y del otro lado, más jóvenes vinculados a la guerrilla, más sabotajes, combinación de formas de lucha, justicia insurgente; cocaína, retroexcavadoras, extorsión y secuestros para financiar la guerra. Afortunadamente, cada día crece más el número de los que quieren terminar el conflicto armado, en las empresas, la política, las Fuerzas Armadas de Colombia, la guerrilla de las Farc y del Eln y los desmovilizados de todos los grupos.

La llamada es a terminar toda cooperación y complicidad con quienes, a sabiendas o por ignorancia, propician aparatos y acciones que impulsan el conflicto armado interno, y a bloquear sin armas, pero con determinación, todas esas acciones y aparatos para liberar a Colombia del imperio de la violencia, y para cooperar en la construcción de un país en paz, basado en la confianza colectiva.


Francisco de Roux

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