Editorial: El estatus de la bicicleta

Editorial: El estatus de la bicicleta

Tan importantes como las políticas de estímulo de uso son aquellas para disminuir el riesgo de hurto

26 de agosto 2015 , 07:37 p.m.

“Hay cosas más importantes que una bicicleta”, le respondió un policía a un ciudadano que le informó del robo de su caballito de acero en Bogotá, recientemente, y cuyo testimonio hizo parte del informe de este diario sobre un problema que viene agravándose en el país. Fenómeno que en principio se puede explicar desde el aumento de sus usuarios, realidad que no puede ser, ni mucho menos, una excusa para quedarse de brazos cruzados.

Frente a los hurtos, las autoridades han propinado golpes importantes a bandas dedicadas a este delito. Pero son esfuerzos que resultan aislados al no haber una política pública de seguridad ciudadana para contrarrestar esta actividad criminal en todos sus eslabones.

Y para que exista una, para que la inseguridad deje de ser –como lo es hoy– el principal obstáculo que detiene a quienes están considerando bajarse del carro para intentar desplazarse en la cada vez más popular bici, alternativa que según la encuesta de percepción ciudadana de la red ‘Cómo vamos’ es la que más deja satisfechas a las personas, es necesario, ante todo, un cambio de mentalidad.

Las autoridades y la institucionalidad en todos sus niveles deben darle a la bicicleta el mismo estatus del que goza otro tipo de vehículos y procurar que esto se traduzca en su lista de prioridades. A fin de cuentas, para quienes dependen de ella como medio de movilización, pocos bienes materiales son más importantes que esta, y ni hablar de los deportistas, frecuentes víctimas de los ladrones. Bueno saber que según la más reciente encuesta de calidad de vida del Dane, mientras 31,7 por ciento de los hogares del país cuentan con una bicicleta, la cifra para los automóviles es de 13,7. Tan importantes como las políticas de estímulo de su uso son aquellas para disminuir el riesgo de hurto.

Sin llegar a implementar los mismos mecanismos que se utilizan para los carros, pues son dos modos de transporte distintos, sí hace falta que el Estado ejerza un mayor control sobre estas a través de instrumentos de registro.

Fundamental, por último, que los usuarios sepan que al comprar repuestos o bicis de dudoso origen se convierten en “benefactores” del flagelo que los azota.

editorial@eltiempo.com

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