La Puglia, los paisajes y los encantos del tacón italiano

La Puglia, los paisajes y los encantos del tacón italiano

Esta región de la bota itálica cautiva con pueblos medievales, arquitectura y naturaleza.

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26 de agosto 2015 , 04:53 p. m.

Roma, la inmortal; Venecia, la encantadora, y Florencia, la meca del arte. Pero Italia es mucho más. La Puglia y Sicilia aventajan a las tres ciudades nombradas porque, además de tener innumerables monumentos y una rica historia, son dueñas de paisajes naturales únicos.

En alguna parte leí que la elegancia de las damas comienza por el calzado. Esa dama hermosa que es Italia se enorgullece con su bota famosa de la que La Puglia es el tacón. Enclavada entre los azulísimos mares Adriático y Jónico, y siendo poseedora de un suelo kárstico –abundante de yeso y calizas–, las playas rocosas de La Puglia alucinan por sus formas y por la riqueza de sus rocas e innumerables grutas.

En la playa de Pizzomuno, un obelisco de roca blanca de unos ochenta metros de altura separa dos sectores de arena impoluta. A las playas rocosas las suceden las arenosas. La cámara fotográfica parece enloquecer haciendo su oficio.
La región es agrícola y los sembrados de viñedos, olivares y frutales que se pierden en el horizonte confieren al paisaje una belleza idílica.

Plaza del Duomo, en la localidad de Lecce, en el extremo del tacón de la bota italiana.

La Puglia es la despensa de Italia. Y en ese mar inmóvil de inmenso verdor se levantan decenas de pueblos poseedores de iglesias que datan de la Edad Media. La lista de monumentos con los que la Unesco ha arropado a La Puglia es larga. Por este tacón de la bota italiana pasaron griegos, romanos, bizantinos, sarracenos, aragoneses, normandos, franceses, españoles. Y todos dejaron su impronta.

El castillo de Barletta, enorme y macizo, fue teatro de heroísmos en la Primera y la Segunda guerras, resistiendo los fieros ataques de la arremetida militar nazi.

Puerto de Galipoli; abajo, las ruinas del Dolmen de Bisceglie.

Cerca de Barletta está Canas, lugar de la mítica batalla entre romanos y cartagineses en el año 216 antes de Cristo. La iglesia de Biseglie tiene una cripta que debe visitarse, y cerca del pueblo hay un dolmen del paleolítico.
Bari es famosa, entre otras cosas, por su célebre patrono, san Nicolás, el Santa Claus de la Navidad, cuyos restos reposan en la imponente iglesia de estilo romano. Muchas de las iglesias de la zona pertenecen al más simple estilo románico de los siglos XII y XIII.

El barroco de la más entrañable fantasía se encuentra en el sur; por algo, Lecce, espectacular ciudad, rica en iglesias y palacios, ha sido llamada la ‘Florencia del sur’. Este florecimiento artístico tiene características propias, debido a que cuenta con canteras de una piedra cálida y homogénea.

Las murallas blancas de Cisternino son consideradas como una joya arquitectónica e histórica de Italia. Fotos: Andrés Hurtado García

Reseñar los monumentos, iglesias y castillos de cada ciudad es imposible aquí.

En una iglesia de Andría hay una espina de la corona que le clavaron a Cristo en la cabeza. La pude fotografiar. Nos dicen que hay filmación de la rosa que milagrosamente brota de la punta de la espina los viernes santos cuando la fecha cae 25 de marzo, fiesta de la Anunciación. Nos dicen que el año próximo podrá verse el milagro.

Gallipoli es una espléndida ciudad a orillas del mar Jónico, casi en la punta del tacón, célebre por el imponente castillo construido por Charles d’Anjou. La ciudad se distribuye en dos partes, la antigua, en una pequeña isla, y la moderna, en tierra firme: ambas partes se unen por un puente. Tiene muchos palacios construidos entre los siglos XVI y XVII.

Tanto Gallipoli como las ciudades a orillas del otro mar, el Adriático, gozan de un encanto común que fascina: todas las calles, recoletas y estrechas, terminan en miradores del mar, y de sus playas y rocas. Así son de sur a norte: Otranto, Bríndisi, Monopoli, Polignano, Bari, Molfetta, Biseglie, Trani, Barletta, Matinata y Pozzomunno, para citar solo unas cuantas.

Alberobelo llama la atención con su particular arquitectura.

En Polignano, una estatua del más grande cantante italiano, Doménico Modugno, se levanta cerca de la rocosa playa. Imposible olvidar su canción Volare: nel blu dipinto di blu. Foto obligada.

En Monopolis debe visitarse Il Duomo, de estilo barroco. El viajero queda boquiabierto en su interior. Una cosa maravillosa y que invita todavía más a recorrer esta región es que permiten hacer fotos prácticamente en todas partes, incluso con flash dentro de las iglesias.

La sola visita a la comarca de Murgia amerita con creces la visita a La Puglia. En las campiñas y varias ciudades predominan los trulli, construcciones en piedra seca, sin mortero, cónicas, de color blanco-gris, rematadas por techos en forma de cúpula. La más famosa de estas ciudades es Alberobello. Parece una ciudad encantada. La aglomeración de las cúpulas cónicas es de una belleza sin par. Recorrimos la calle principal, que va en suave ascenso, y las estrechas calles laterales. Todas las casas de habitación, los restaurantes, los ateliers de pintura y cerámica, los comercios, aun el teatro y las iglesias, son trullis.

No podía faltar la visita a una de las tantas cavernas del kárstico, en el pueblo de la Castellana y que dicen es una de las más bellas del mundo. En La Puglia fuimos magníficamente atendidos por Alessandro Mondelli, un empresario italiano que tiene nexos con Colombia. Sobra ponderar la cordial amabilidad de sus habitantes. Regresar de La Puglia y frotarse los ojos para volver a la realidad después de haber visitado un amable remedo del paraíso, eso fue lo que hicimos.

Dónde dormir

Excelente la cadena Nicotel, que administra hoteles en cinco ciudades de Puglia. Tenuta Monacelle es un hotel en medio de bosques cerca de Alberobello. Fue monasterio de monjas. Otro hotel espectacular, también en medio de la campiña cerca de Savelletri, es el Casale del Murgese.

Placer para el paladar

Para los italianos, la comida no es comer, es un rito. Hablan de comida, saben de comida y gozan degustando la comida. No se fastidian si se les dice que viven para comer.

Un italiano que conoce bien a Colombia me decía que así como para muchos colombianos la máxima diversión son el trago y la rumba, para “nosotros los italianos es la buena comida con la familia o con los amigos”.

Prima la dieta mediterránea rica en aceite extra virgen de oliva, en pescado, vino y frutas. No se ven en Italia los obesos que pululan en otros países. Esto se debe a la bondad de la comida mediterránea.

Son famosas en la Puglia las ‘orecchiettes’ orejitas, pastas en forma de orejas. Se las sirve con salsa de verdura.

*Este viaje se hizo gracias a una invitación de Gianna Bressan, de la Cámara de Comercio Italiana para Colombia.

Texto y fotos: Andrés Hurtado García
Especial para EL TIEMPO

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