Cúcuta: la víctima de Maduro

Cúcuta: la víctima de Maduro

No debe convertir una ciudad que lo acogió en su juventud en víctima de sus errores como presidente.

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26 de agosto 2015 , 04:24 p. m.

¡Quién lo creyera! Desde el Palacio de Miraflores, el presidente que muchos aseguran tiene sus raíces en Cúcuta toma medidas que afectan la economía de la ciudad colombiana fronteriza con Venezuela. Ver para creer, como reza el dicho.

Aunque no se sabe hasta dónde sea cierto que Nicolás Maduro nació en territorio colombiano, como dijo el columnista Alexander Cambero en este diario, la verdad es que el mandatario venezolano está convirtiendo la capital de Norte de Santander en víctima de sus excesos de poder. Cerrar la frontera con Colombia por dos meses es una decisión que no tiene explicación lógica. Más bien es una medida desesperada por la situación interna que vive Venezuela, una cortina de humo para desviar la atención sobre los problemas que afectan a los venezolanos.

Para nadie es un secreto que la economía de Cúcuta está condicionada a lo que suceda en el país vecino. Si el bolívar está fuerte, los comerciantes de la ciudad reciben los beneficios de una moneda que en la región tiene más circulación que el peso colombiano. Pero cuando la moneda venezolana cae, los efectos se notan sobre el movimiento comercial de una ciudad que tiene en los venezolanos un potencial inmenso de compradores. Cúcuta ha vivido bonanzas económicas cuando el bolívar ha sido revaluado. Pero ahora las cosas son diferentes: los hijos de la patria de Bolívar han perdido capacidad adquisitiva por la devaluación de su moneda. Todo, por los bandazos que en el manejo de la economía viene haciendo el gobierno de Nicolás Maduro.

Por allá en el año 1976 la frontera vivió una verdadera bonanza económica. El bolívar alcanzó su más alta tasa de cambio frente al peso. La política petrolera que entonces diseñó el equipo económico del presidente Carlos Andrés Pérez produjo ese buen momento de la economía cucuteña. Por esa época, el mandatario venezolano publicó en el New York Times un aviso de página entera que decía que los precios del petróleo no los imponían los países consumidores sino los productores. La Opep respaldó la posición de Pérez. Vino entonces una revaluación importante del bolívar. En Cúcuta llegó a dieciséis pesos. Como consecuencia de esto, la avalancha de compradores se disparó, lo que no ocurre hoy, debido a que un bolívar vale menos de diez centavos colombianos.

¿Cuál fue la consecuencia inmediata de ese buen precio del bolívar? En primer lugar, el incremento del comercio informal. Las calles se transformaron en una vitrina al aire libre donde se encontraba de todo. Cúcuta se convirtió en la despensa de Venezuela. Los fines de semana, los venezolanos llegaban en caravanas multitudinarias a dejar sus bolívares en el comercio de la ciudad. Por las avenidas Quinta y Sexta, por la diagonal Santander, y por las calles diez y once, rodaban lujosos vehículos de ocho cilindros. Ese buen momento económico produjo una avalancha de colombianos que llegó de diferentes ciudades del país vecino a buscar fortuna. Muchos de esos comerciantes informales se hicieron ricos, pero abandonaron la ciudad, con sus capitales, cuando empezó la debacle económica.

La afluencia de turistas venezolanos a Cúcuta ha decaído. ¿La razón? Ya no tienen capacidad adquisitiva. Ahora son los cucuteños los que buscan la oportunidad de comprar al otro lado de la frontera. El cambio de pesos por bolívares los favorece. Pero el gobierno de Nicolás Maduro, que debería tener una frontera abierta, toma medidas que en nada favorecen a los habitantes de Cúcuta. Prácticamente, la ciudad se convierte en víctima de su mandato. Al cerrar la frontera, miles de ciudadanos son estigmatizados. La persecución contra los colombianos en la zona fronteriza no tiene razón de ser. Son muchos los colombianos que han establecido empresas en San Antonio y Ureña, generando empleo de calidad.

Nicolás Maduro no debe convertir una ciudad que lo acogió en sus años juveniles en la víctima de sus errores como presidente. Cientos de colombianos que viven del rebusque en territorio venezolano, porque no encuentran en Cúcuta un empleo estable, no pueden ser perseguidos de la manera como la Guardia Nacional lo está haciendo. Las deportaciones desde Venezuela están creando un grave problema social. Esos colombianos que Maduro expulsa sin nada entre las manos deben ser atendidos por las autoridades cucuteñas. Declarar el estado de excepción en las poblaciones fronterizas con Colombia es un golpe bajo contra una ciudad que ha representado para los venezolanos un espacio geográfico donde pueden disfrutar de tranquilidad.

José Miguel Alzate

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