El dramático regreso de colombianos por sus pertenencias a Venezuela

El dramático regreso de colombianos por sus pertenencias a Venezuela

Por permiso especial, cientos de colombianos buscaron sus pertenencias al otro lado de la frontera.

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25 de agosto 2015 , 06:46 p.m.

Era tanta la rabia que sentía el vendedor de zapatos Hernando Suárez cuando miembros de la Guardia Venezolana lo sacaron del barrio Mi Pequeña Barinas, el sábado por la mañana, que por la noche de ese mismo día decidió regresar a Venezuela para recuperar lo que le pertenecía.

Mi tragedia empezó cuando dije que era colombiano”, contó el hombre. “Me dijeron, ah, ¿usted es colombiano?, ¡saque una muda de ropa y se va!”.

Pero ni siquiera alcanzó a llegar al albergue al que lo llevaban en Cúcuta tras ser deportado cuando, con un puñado de vecinos, volvió por las peligrosas trochas que hay en la frontera entre ambos países para recoger lo que pudiera de casa. (Lea: Cierre fronterizo es el inicio de la respuesta a la violencia: Maduro)

No vamos a dejar las cosas allá para que ellos mismos las saqueen”, les dijo a sus allegados, para animarlos.

Nada detuvo a los cientos de colombianos como él que regresaron en los últimos tres días a Venezuela. Ni las aguas del río Táchira ni las historias de que hay miembros de “la Guardia” en el camino apuntándoles con sus armas a los nacionales que intentaran volver.

Emel Alberto Méndez, quien llevaba siete años viviendo en Mi Pequeña Barinas cuando decidió escapar por temor a que lo terminaran señalando como ‘paramilitar’ en medio de los operativos de deportación, como le había pasado a otros hombres, cuenta que hubo dos militares venezolanos que lo “pusieron a correr” el lunes para no dispararle. (Lea: 'Es una frontera viva que debemos fortalecer como hermanos': Iglesia)

“Yo crucé a las 4:30 p. m., me los encontré y me dijeron ‘¿para dónde va?’. Yo les dije que iba a ‘sacar mis cositas’ y me dijeron que no podía, y dijeron: ‘Le vamos a dar un minuto’ y cogieron los fusiles y los traquearon, como alistándolos, y me apuntaron”, contó el hombre, que volvió y luego tomó otros caminos para recuperar sus pertenencias.

Los retornos de nacionales por sus posesiones, y de muchos otros que aún estaban en Venezuela,  aumentaron este martes por la mañana, porque corrían rumores de que las autoridades venezolanas terminarían de echar abajo las casas del barrio después de mediodía y que habría una especie de permiso para que lograran sacarlas. Lo cierto es que la Guardia Venezolana no estaba ejerciendo tanta presión. (Además: 'Le exigimos a Venezuela respeto por todos los colombianos': Santos)

Hasta esa tarde las cifras oficiales indicaban que 1.085 nacionales habían sido enviados por las autoridades venezolanas al país.

María Guerrero, de 56 años, fue una de las mujeres que volvió, pero por su cuenta, atemorizada de lo que pudiera pasarle si se quedaba del otro lado. Vivió 40 años en Venezuela y tuvo nueve hijos que tienen la nacionalidad, aún así, cruzó el río Táchira por miedo el lunes en la noche. “Yo me voy a morir mejor, no sé que voy a hacer”, lloraba.

Esta mañana, en el paso por una vieja trocha entre ambos países, no muy lejos del puente Internacional Simón Bolívar, utilizada en distintas épocas por contrabandistas y pimpineros, los hombres de Mi Pequeña Barinas cargaban sobre sus espaldas pesadas neveras y muebles. Viejos televisores y colchones. Era una procesión imparable la que venía desde la orilla venezolana del río hasta que se internaban en la trocha que conduce al municipio de Villa del Rosario, aledaño a Cúcuta.

A Ender Chacón le dolía todo el cuerpo. Con un cuñado y un hermano trajo hasta Villa del Rosario dos camas, una nevera y un escaparate. “La Guardia fue tan mala que creo que me robaron los zapatos de la casa", dijo el hombre. Otros vecinos aseguraron que perdieron caletas de dinero ahorrado que tenían escondidas en sus viviendas.

La Policía de Cúcuta se puso la camiseta de los nacionales y envió varios camiones para ayudar a la comunidad a movilizar las pertenencias que traían. “Esto lo hacemos por ustedes, por la dignidad de ustedes”, le gritaba a la gente un uniformado que cargaba una nevera sobre la espalda. (Además: Reunión de cancilleres, cita clave en crisis fronteriza con Venezuela)

Y el patrullero, Yeison Altamar, que pasó la mañana cargando muebles y televisores y sillas aunque usualmente se dedica a prestar seguridad en las zonas rurales, le dijo a un periodista de este diario que estaba dolido por lo que pasaba: “Porque todos somos Colombia, y esto no debería ser así”.

En el puente internacional Simón Bolívar, donde miembros de la Guardia Venezolana pasaron la mañana mirando de reojo a los policías colombianos del otro lado, los uniformados nacionales les piden a los periodistas no “hablar duro” de los colombianos que están cruzando. “No vaya ser que se vayan a molestarlos”, aseguró un uniformado.

Mientras tanto, Hernando Suárez, a las 11:00 a. m., cuando ya había traído todo lo suyo, descansaba a un lado de la trocha en un sendero polvoroso, con el sol reventándole sobre la cabeza. (Lea también: Colombianos expulsados por Venezuela se echaron al hombro sus casas)

Este hombre de contextura gruesa, de 35 años, permanecía rodeado de un viejo mueble de sala, la nevera, un par de ventiladores, una vieja máquina de coser, recipientes de plástico para poner platos y un par de camas desarmadas que no sabía a dónde iba a llevar tras recuperarlas, porque en el país no tiene familia.

Si me volvían agarrar, como soy deportado, me metían preso. Pero era más grande en ese momento el amor por recuperar lo que he logrado en la vida”, concluyó, tras tres días de trabajo.

Alberto Mario Suárez D.
Enviado especial de EL TIEMPO

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