Murió Nereo López, decano de la fotografía colombiana

Murió Nereo López, decano de la fotografía colombiana

Por su lente pasó la realidad colombiana del siglo pasado. Se encontraba con su hija en Nueva York.

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25 de agosto 2015 , 08:59 a.m.

“El gran Nereo falleció en New York, acompañado por su hija Liza. No le debo nada a nadie, dijo. Nosotros le debemos mucho: una imagen de país”, escribió el periodista Jaime Abello Banfi. (Vea la galería: Las icónicas imágenes que deja el fotógrafo Nereo López)

En conversación con este diario, Abello comentó que habló esta mañana con Liza López, la hija de Nereo, quien le comentó que “murió tranquilo y en paz”.

“Murió de pura vejez. Este año había venido dos veces, nunca se desconectó de Colombia y deja gran parte de su patrimonio en la Biblioteca Nacional”, comentó Abello, al agregar que su hija conserva un importante archivo que tenía su padre en Nueva York.

“Es importante que el país rescate y preserve esa parte que es importantísima de sus archivos y de la historia del país”, dice Abello.

El director de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano le comentó a EL TIEMPO que la editorial Maremágnum, de José Antonio Carbonell, prepara el último libro de López Mesa. “Nereo nos deja de despedida el libro, nos deja un patrimonio, fue un hombre vital que rio e hizo reír hasta el final de sus días”, dijo.

Abello contó que uno de los últimos encuentros que tuvo con el maestro López fue en el pasado Carnaval de Barranquilla, luego de que el propio López le dijera a un amigo común de los dos que le debían un sancocho.

"En la Feria del Libro de Oaxaca, el año pasado, Nereo le mandó una foto a mi amigo Carlos González, con una leyenda que decía: ‘En el más allá, el sancocho lo quiero con el hueso de vaca’. Como acusándolo de haberle prometido el sancocho que no había cumplido”, relata Abello.

“Y decidimos conspirar para llevarlo a Barranquilla y aprovechar ese proceso de revisión del libro que estaba haciendo José Antonio. Entonces, tuvimos a Nereo en la guacherna, luego lo tuvimos en mi casa, en una parranda memorable con Toto la Momposina, Silvana Paternostro y John Lee Anderson, entre otros. Y Nereo con su cámara al hombro a los 94 años de edad. Fue un hombre increíble”, anotó Abello.

El ojo de Nereo López registró a la Colombia en desarrollo y fue un maestro en blanco y negro.

Miembro del Grupo de Barranquilla

Miembro del Grupo de Barranquilla, López era considerado uno de los decanos de la fotografía nacional. Hasta sus últimos días, conservó esa vitalidad y curiosidad en torno a los avances de la fotografía.

Prueba de ello son las cerca de 100.000 imágenes del Fondo Nereo, que custodia la Biblioteca Nacional de Colombia, y que dan cuenta de su trayectoria en destacados medios como Cromos, El Espectador, EL TIEMPO, O Cruzeiro, de Brasil, y sus diversos libros de gran formato.

Gabriel García Márquez por la lente de Nereo López.


El maestro López tuvo una importancia también para el cine nacional, trabajando como productor y también en el desarrollo de foto fija, incluso actuó.

Ese trabajo fue visto en cintas como 'El río de las tumbas', 'Cóndores no entierran todos los días', 'Libertad corrida', 'Tiempo de sequía' y 'Con su música a otra parte', entre otras.

Precisamente, hace tres años, cuando vino al país a presentar su libro 'Nereo López, un contador de historias', una obra de gran formato que le editó La Silueta, López le comentó a este diario datos de su agitada vida de aventura, desde cuando quedó huérfano (“soy dueño, desde los 11 años, de mi destino”).

En esa oportunidad recordó cómo consiguió su primera cámara, sus aventuras con los amigos del Grupo de Barranquilla, del documento exclusivo que logró para la revista Cromos, cuando cayó Rojas Pinilla, de sus innumerables viajes por el mundo, como cuando cubrió la entrega, en Estocolomo, del Premio Nobel para Gabo; de cuando estuvo a punto de suicidarse al cerrar su escuela de fotografía en los años 80 y, por supuesto, de sus muchos amores. “No hay nada en la vida que yo no haya probado, menos el homosexualismo. Y no porque yo esté en contra, porque tengo muchos amigos, sino porque me encantan las mujeres”, contó con un sentido del humor sin igual que siempre lo caracterizó.

De esas aventuras, recordó su paso fugaz por el cine, cuando hizo el papel de gringo, en 'La langosta azul', “que tiene el mérito de ser –dice– la película más famosa del cine colombiano, pero la peor. Y la única con cuatro directores: Álvaro Cepeda, Gabriel García Márquez, Enrique Grau y el catalán Luis Vicens, que fue su verdadero director”.

“La idea nació así: Luis Vicens leyó el cuento de Álvaro Cepeda que se llamaba 'La langosta azul'. Entonces, se le ocurrió la idea de hacer la película con aporte de todos. Yo aporté el trípode, plata para comprar la película y dirigí la fotografía. Grau hacía el papel de brujo. Y el papel de gringo lo iba a hacer ‘Bob’ Prieto. Cuando estábamos instalados en las playas cerca de Barranquilla, dice Prieto: ‘No’mbe, yo no le jalo a esta mamadera de gallo’. Entonces me mira Vicens y dice: ‘Nereo, ojos azules, te tocó hacer de gringo’”, recuerda.

Y aprovechó para recordar, también, el suceso de la caída de Rojas Pinilla. “Yo estaba recién llegado a Bogotá, en 1957, y me bajé en un edificio, que me consiguió Manuel Zapata Olivella, en la calle 3.ª con 20. Era jefe de fotógrafos de Cromos. Una noche oigo rumores de que se iba a caer Rojas Pinilla y salgo a tomar fotos en la oscuridad. Los rollos se los daba a ‘Sevillita’, mi asistente. Cuando el resto de colegas trataron de llegar, ya el ejército estaba dominando la situación”.

Le coqueteó a la fotografía digital

Su mente inquieta no dejaba de crear proyectos. Uno de sus últimos experimentos, que andaba haciendo en un laboratorio improvisado con computador e impresora, en su pequeño apartamento de Nueva York, estaba relacionado con el mundo digital, que supo asimilar sin problema. Decía que lo estaba llamando “transfografía”.

Al respecto, el fotógrafo de este diario Filiberto Pinzón recuerda que el maestro López lo contactó para que le diera clases de fotografía y retoque digital. Cuando López le dijo cómo podía pagarle, Pinzón le comentó que el mayor homenaje para él sería que le pagara con alguna de sus viejas cámaras. Y mientras López escogía la que le daría a su también alumno en las épocas de la Kodak, el querido Nereo señaló una y le dijo: 'Esa no se la puedo dar porque esa es de una novia y qué tal que venga acá y no la encuentre. Me mata', le dijo en medio de una gran carcajada.

Por eso odió el término de ‘viejo’. “Viejo es lo que no sirve. Yo soy mayor, porque sigo produciendo”, concluyó, en esa oportunidad, mientras abría sus vivaces ojos azules y se balanceaba en una mecedora en su apartamento de la avenida Jiménez, en el corazón de Bogotá.

CARLOS RESTREPO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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