La milagrosa operación que logró separar a siameses chocoanos

La milagrosa operación que logró separar a siameses chocoanos

Así fue la exitosa cirugía realizada por médicos de Medellín. Padres de los niños buscan ayudas.

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24 de agosto 2015 , 07:23 p.m.

El nacimiento de Juan José y Juan Felipe Palacios García fue tan milagroso como infrecuente. En Medellín apenas se han contado 12 casos de siameses gemelos desde 1970, y de estos, solo tres separaciones han sido exitosas: una en 1980, otra en 2006 y la última, el pasado 15 de agosto.

Esta vez, la vida superó el desalentador pronóstico de la ciencia, y lo hizo en el vientre de Mercedes García, una mujer chocoana de 42 años, madre de 12 hijos y convencida de que, pese a las premuras, estos jamás son una maldición.

Aunque 15 veces ha parido, incluso en su propia casa del Alto Baudó y sin la ayuda de una partera, la intuición y el aumento de la presión arterial le hicieron creer que en este último embarazo algo no andaba bien.

Entonces, a finales de junio, cuenta la propia Mercedes, “comenzó la pesadilla de ir desde mi casa hacia Quibdó, en compañía de mi hijo de un año y de mi esposo Alirio Palacios”.

Con náuseas e indisposición, recorrió tres horas y media en bote por el río Baudó, desde su vereda, Chigorodó, hacia el caso urbano de Pie de Pató. Allí tuvo que esperar varias horas por un turno en el hospital, pero como no tenía EPS ni siquiera le practicaron una ecografía.

La remitieron entonces a Quibdó: cuatro horas por el río hasta Puerto Meluk y ocho horas más por un camino destapado hasta la capital chocoana, donde permaneció tres semanas con un diagnóstico de hipertensión materna y la noticia de que esta vez serían dos bebés.

Allí, dice indignada, “nadie supo que mis niños venían pegados”. Fue solo cuando la trasladaron en avioneta a Medellín, al Hospital San Vicente, que recibió la noticia de un grupo de especialistas.

La hazaña de un hospital

Por lo general, afirma Abraham Chams, cirujano pediátrico del Hospital, salvar a estos bebés es complejo. Por factores aún desconocidos por la ciencia, muchos de ellos vienen unidos por órganos vitales o fallecen por malformaciones asociadas.

No obstante, y aunque la madre llevaba más de un mes yendo y viniendo con deterioro en su salud, todo parecía indicar que Juan José y Juan Felipe regresarían salvos al Alto Baudó y, tal vez, como es común en la familia de Mercedes, sembrarían plátano y ayudarían a su madre a cargar al hombro canecas de 25 litros de agua, porque en casa no hay acueducto ni saneamiento ni energía.

Después de una resonancia magnética, resultó ser que los dos niños estaban unidos por parte del esternón, la pared abdominal y el hígado.

Si bien se comprometía este importante órgano, Juan José y Juan Felipe tenían hígados y cavidades abdominales independientes, condición que facilitaría la intervención.

Así las cosas, un grupo interdisciplinar de médicos prepararon el método de cirugía que practicarían, las condiciones en las que mantendrían a los bebés mientas los intervenían y determinaron cómo podrían estar saludables después de la separación.

Tras una semana de preparativos y de ajustes técnicos, a Mercedes le practicaron la primera cesárea de su vida. Juan José y Juan Felipe nacieron el pasado viernes 7 de agosto, y aunque a su madre le sorprendió ver cómo se unían los dos vientres, siempre tuvo la certeza de que saldrían vivos. Incluso, atemorizada por perderlos en una cirugía, estuvo a punto de pedirle a los médicos que los dejaran juntos, que así también ella podría amarlos.

Durante los siete días que siguieron, la madre solo pudo verlos de lejos en la incubadora. Cualquier mal paso podría arriesgar la vida de sus pequeños. Por eso, recuerda ella, las enfermeras debían mover y alimentar a los bebés con una sincronía prodigiosa y mantenerlos de lado para no provocarles lesiones.

María Victoria Arango, cirujana pediátrica del San Vicente, dijo que los gemelos quedaron en la Unidad de Cuidados Críticos, porque uno de ellos tenía un ritmo urinario mucho mayor que podía resolverse.

Por fin, el pasado 15 de agosto, todo estaba listo para la cirugía. La noche anterior, Mercedes durmió con una biblia en la cabeza y encomendó a sus bebés a todos los santos y amigos conocidos. “Dicen que Chigorodó y Quibdó estaba rezando por nosotros”, cuenta ella, segura de que el éxito de la intervención fue fruto de las plegarias.

De las plegarias, y según Abraham Chams, del trabajo de los dos equipos de anestesiólogos y dos más de cirujanos que lograron separar hígado, esternón y luego unir el defecto de la pared abdominal.

Solo queda una cicatriz

Lo que vino después siguió siendo increíble. Durante la última semana, la parte hepática de los gemelos respondió de manera adecuada. Sus cavidades abdominales fueron recubiertas. Su adaptación neonatal fue espontánea.

A uno que progresa mucho más rápido, se le pudo quitar más tempranamente el soporte respiratorio y aguanta una alimentación enteral. Al otro gemelo también se le pudo retirar el soporte de ventilación y ya respira por sí mismo, con un poco más de lentitud.

De acuerdo con Chams, por el momento, ninguno de los dos necesita trasplante u otro tipo de procedimiento quirúrgico. Los intestinos funcionan de manera autónoma e independiente, y es muy probable que estos niños no vayan a tener secuelas, más allá de una simple cicatriz en su estómago.

Para Mercedes García, el regreso a casa aún es incierto, y eso la angustia. Sus cuatro hijos, que se quedaron en el Alto Baudó, no tienen celular y no ha podido comunicarse con ellos en el último mes.

Los padres de los siameses cuentan con la ayuda de una trabajadora social del Hospital San Vicente, pero la vida en Medellín, ella en una posada y él en la casa de un hijo a dos horas del centro, es dura. Aquí no hay campo para cultivar, y esa es la vida que conocen.

No obstante, dice la madre, el consuelo es visitarlos cada día, de 7:00 a. m. a 4:00 p. m.; verlos abrir esos ojos negros, grandes; verlos responder con miradas y balbuceos cuando ella les habla con dulzura, y verlos sanos, aunque al principio pocos apostaban por ellos.

MEDELLÍN

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