En América Latina los gobiernos ya no son lo que eran

En América Latina los gobiernos ya no son lo que eran

Corrupción, escándalos y crisis económicas golpean la imagen de los presidentes.

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23 de agosto 2015 , 05:44 p.m.

Caídas récord en las encuestas, escándalos de corrupción y nepotismo, protestas masivas, peleas internas, fuga de aliados... la tormenta perfecta se desató sobre los gobiernos que dominaban a voluntad la escena latinoamericana. Los oficialismos tallados en roca entraron, muy a su pesar, en la era de la fragilidad, una dimensión desconocida para sus líderes.

A partir de la desaceleración económica que afectó a toda la región, de Brasil a Chile, y de Venezuela a Perú, gobiernos populistas y otros más ortodoxos comparten el tobogán de deterioro de gestión y malestar ciudadano, la cuesta abajo de una crisis de gobernabilidad en la que la parálisis desespera a la gente, provoca tensiones y revela un conflictivo escenario político.

El presidente de la consultora brasileña Data Popular, Renato Meirelles, contó en una entrevista con el diario El País que, ante la pregunta sobre cómo veían el futuro, los más pobres solían decir cosas como ver a sus hijos graduarse, tener su negocio, viajar o tener casa propia. Hoy, según el analista, sólo hay silencio. "Y después de un largo tiempo, contestan: la incertidumbre, la oscuridad".

A muchos les llegó la noche. Lejos quedaron los días de gloria del chavismo, que dominó las urnas, las calles y los medios, y que exportaba su modelo al resto del continente. Lejos quedaron los días soleados del PT de Lula y los primeros años de Dilma, entonces determinados a convertir a Brasil en una potencia internacional. Atrás quedó el regreso triunfal de Michelle Bachelet, que, en 2014, retomó el poder como líder indiscutible del país estrella de la economía.

Todo eso parece un espejismo. La aprobación del mexicano Enrique Peña Nieto es del 34% en un país donde el promedio ronda el 50%. Y se puede considerar afortunado. Bachelet tiene el 25%; Nicolás Maduro, el 24%; Ollanta Humala, el 17%, y Dilma un bajísimo 8%. Rafael Correa y Evo Morales están de momento a salvo del repudio popular, pero no de las protestas.

Al menguar los ingresos por la caída de los precios de las materias primas, las estructuras de gobierno que parecían sólidas se descascararon y dejaron a la vista las carencias económicas, políticas y sociales de modelos que a los gobiernos les sentaban cómodos. No había plan B. De ahí el fuerte rechazo a líderes que, como Maduro y Dilma, se convirtió en el reclamo de renuncia o de juicio político.

"Estos gobiernos que se basaron en el liderazgo carismático están experimentando una grave crisis política y económica. Significa un atrevimiento pronosticar que todos estos gobiernos pasarán rápidamente a la historia. Pero sí es sensato pensar que ya tienen el sol en la espalda", asegura el politólogo venezolano Carlos Romero.

Aunque pone el acento en la izquierda populista, Romero dice que otros países arrastran los mismos problemas, "a partir de una fatalidad común: la falta de eficacia para resolver los problemas cotidianos de la gente". Y el origen de ese conflicto está, en todos los casos, "en un bajo nivel de institucionalidad".

Arrecian las críticas, las protestas, las denuncias de corrupción. Ahí está el caso de Petrobras, que cada día trae nuevos capítulos cargados de revelaciones, como las telenovelas de Globo. Hasta hay un nuevo héroe: el juez de la causa, Sergio Moro.

Por el lado de Chile, se podría decir que la corrupción y el nepotismo cruzaron finalmente los Andes. El caso más conocido tiene un aire de familia. El hijo de Bachelet intervino en una maniobra de compraventa de tierras que incluyó un préstamo que negoció... al día siguiente de la reelección de su madre. Quizá ningún otro negociado, conflicto o protesta dañó más la imagen presidencial que esa traición de entre casa.

El punto de inflexión en el caso mexicano fue el escape de "el Chapo" Guzmán de la cárcel de alta seguridad donde, según se presumía, debía pasar el resto de sus días. Al final fue sólo una temporada, un alto en el camino del delito. Por cada metro del túnel que Guzmán usó para la fuga, Peña Nieto retrocedió varias décimas en la opinión pública. Y el túnel tenía un kilómetro y medio.

Sociedades cansadas

Cansados de esperar a Godot, la oposición, las organizaciones sociales y la sociedad civil hacen valer sus reclamos a voz en cuello. Es la frustración con un sistema reducido a facturar el dinero de las materias primas y manejarlo a discreción.

"Los gobiernos de todos los signos se organizaron durante este superciclo de precios de lascommodities sobre la base del extractivismo. El problema fue que, además de recursos, se necesitaba tener buenas gestiones, ser eficientes y lograr resultados", señaló el sociólogo Eduardo Toche, del Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo de Perú. Otra vez sobraron los hombres fuertes para hacer caja, pero faltaron las instituciones para el desarrollo.

A ningún observador escapaba que las cosas venían mal barajadas desde antes de la caída de los precios del petróleo, la soja y el cobre. Faltaba que el fin de fiesta se hiciera notar entre la gente de a pie. Como dice el politólogo chileno Patricio Navia: "Ya sabíamos que esto iba a ocurrir. Los gobiernos de la región se dedicaron a gastar la plata en los años de las vacas gordas y ahora que se vienen los años de las vacas flacas, muchos gobiernos no están lo suficientemente preparados".

Los dirigentes se refugian en el discurso de víctimas, de que no son ellos los que transitan la cuerda floja, sino el propio sistema democrático. Cuestionarlos a ellos, dicen, es cuestionar la democracia. O bien: después de mí, el diluvio.

El PT de Dilma dice llegada la hora de salir a las calles "sobre todo, para defender la democracia". Y Nicolás Maduro se llena la boca de conspiraciones. La última se refería a "treinta grupos" dispuestos a matar a cuanto político se les cruzara en el camino, incluido el opositor Leopoldo López. Para asesinar a López, claro, los mercenarios tendrían que abrirse paso a los tiros hasta su celda de Ramo Verde, la cárcel militar donde lo confinó el propio chavismo por cuestionar su gobierno.

Pero los presidentes pasan y la democracia queda. Patricio Navia señala que el apoyo a los autoritarismos es bajo, aunque no descarta que si la crisis económica se prolonga demasiado, entonces habría riesgo de crisis de régimen. Y cualquier régimen es posible en estas tierras. Según el historiador brasileño Marco Antonio Villa, América latina está aún a buena distancia de las democracias plenas: "Tengo esperanzas moderadas, no creo en el fin del mundo ni que estemos cerca de paraíso. Estamos en el purgatorio democrático".

GDA / LA NACIÓN

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