Levantan universidad sobre el suelo de una vieja cárcel

Levantan universidad sobre el suelo de una vieja cárcel

La prisión del Buen Pastor se convierte en ciudadela para jóvenes de la comuna 13 de Medellín.

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23 de agosto 2015 , 10:38 a.m.

Desde las terrazas del barrio San Javier solían verse las tejas y ladrillos de una vieja estructura con fachada de convento.

Lúgubre y patrimonial, la cárcel del Buen Pastor para mujeres se levantaba sobre una pequeña colina que limitaba con el barrio La América y lindaba con el Parque Biblioteca San Javier.

Así fue hasta finales de mayo, cuando a sus 103 años de existencia, el edificio, ya consumido por el tiempo y la orfandad, fue implosionado para dar paso un ambicioso proyecto educativo que quiso cambiar los barrotes y la nostalgia de este lugar.

Sobre los cimientos del antiguo complejo penitenciario se construirá una ciudadela universitaria de 40.000 metros cuadrados, que según se espera estará lista en primera fase para el primer semestre del 2016.

Donde antes purgaban sus penas las mujeres, 10.000 nuevos estudiantes del ITM (Instituto Tecnológico Metropolitano), el Pascual Bravo y el Colegio Mayor de Antioquia, habitantes de las comunas 12 y 13 (donde no hay espacios para la educación superior) cursarán programas enfocados en artes.

La inversión de 120.000 millones de pesos alienta a aquellos que ven llegar la ventura a barrios donde la universidad se siente lejana, inalcanzable. No obstante, hay quienes creen que aquel lugar, construido por la época y con los mismos materiales del Palacio de Bellas Artes, tuvo que haberse mantenido como fortín de la historia.

La vecina indeseable

Por 1912, cuando la casona se edificó con auxilios de la caridad y del Concejo de Medellín, al centro de reclusión para jovencitas con mala conducta lo bordeaba el monte y unas pocas viviendas. Entonces, ningún ciudadano quería tener de vecina a la inmoralidad.

Las hermanas de la Congregación Nuestra Señora del Buen Pastor estaban a cargo. Corregían con lecciones de costura, cocina, tareas escolares y con hileras de rosarios, y en sus pasillos procuraron enderezar a célebres símbolos de la desobediencia.

Allí estuvo María Cano. En 1929 la culparon de rebelión y en 1934 volvió por izar una bandera durante una huelga ferroviaria.

Fue igualmente sonado el paso de Lady Tabares, la musa del director Víctor Gaviria en ‘La vendedora de rosas’, que brilló en Cannes, pero se involucró en el crimen del taxista Óscar de Jesús Galvis.

También, por los dormitorios y pasillos del Buen Pastor transitaron cientos de mujeres anónimas, más tarde bajo custodia del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec).

Victoria, una ingeniera condenada a 10 años de prisión por irregularidades en la administración de recursos públicos, tiene vivo el recuerdo del Buen Pastor: “Una casa antigua, con estructuras improvisadas, mampostería simple y muros deslustrados”.

Su patio era el número cuatro. Si bien había cierta camaradería y sancochos grupales, los calabozos y las instalaciones sanitarias eran “denigrantes”, y la energía, dice ella, “gris, de incertidumbre, de dolor”.

A veces, cuando había campeonatos deportivos o actividades en la huerta, volvía el color para ella y sus compañeras: mujeres que estaban tras las rejas por enriquecimiento ilícito, narcotráfico y microtráfico, prevaricato, rebelión y asesinato.

Aquel terreno, entonces, se convirtió para su imaginario en un sinónimo de privación de la libertad.

Por eso, dice, fue brillante la idea de construir allí una universidad. “Va a representar para nosotras la transformación de la vida. De recibir fracasos, ese suelo va a producir éxitos. De confinar mujeres tras las rejas, ese suelo abrirá conocimiento, y el conocimiento devuelve la libertad”.

La vieja cárcel del Buen Pastor, concluye Victoria, va a dejar una señal clara de cambio en la comuna 13 y en quienes un día estuvieron recluidas ahí.

Nueva página

La historia de la cárcel dio un giro en 2003, cuando el Tribunal de Antioquia ordenó al Inpec desalojar las instalaciones del centro penitenciario por retrasos en el pago de los cánones de arrendamiento a las religiosas del Buen Pastor.

Luego, en julio del 2010, 600 reclusas fueron trasladadas a un nuevo establecimiento, El Pedregal, ubicado en el corregimiento de San Cristóbal.

Victoria recuerda la escena con pesadumbre: “Quien lo creyera, pero nos dolía dejar el patio, nuestro vecindario. Salimos con la ropa que llevábamos puesta y una bolsa con lo indispensable. Nos subieron esposadas a buses y en la caravana hacia Pedregal sobrevolaban helicópteros, como si fueron las criminales más temidas”.

No obstante, la idea de construir una ciudadela universitaria allí para motivar a que los jóvenes de la zona se vincularan y permanecieran en el sistema fue tomando forma.

Dos han sido los componentes: el educativo y el arquitectónico.

Sobre el primero, Lina María Moreno, directora de Bienestar del ITM, dice que por medio de encuestas a estudiantes de la comunidad, a universidades de la ciudad y expertos en enseñanza y empleo, se concluyó que la oferta académica que querían y necesitaban en las comunas 12 y 13 era la encaminada hacia el arte y la cultura, el diseño gráfico, el diseño textil, las artes digitales y visuales y la informática musical.

Entretanto, los espacios físicos serán amplios, abiertos y flexibles para adaptarse a cualquier tipo de clase. Para mantener el acervo cultural de lo que fue la cárcel para el barrio, se conservará una capilla de la vieja estructura que se va a transformar en biblioteca, en pentágono del conocimiento, la llama Lina María por las cinco naves secundarias que tiene la estructura original y que se preservarán.

Según Sergio Roldán, director de Sapiencia, la agencia de educación superior de Medellín y la institución que encabeza este proyecto, más allá de la obra física (cuya licitación estará lista en septiembre próximo) pesa más la intervención en el imaginario de la ciudad.

Lo mismo cree el grupo de Vigías del Patrimonio de San Javier.

Para José Martín Ramírez y Luis Restrepo, que alguna vez llegaron en el viejo tranvía al barrio y vieron esa cárcel como un punto oscuro en la geografía, sienten ahora que se aproxima un cambio urbanístico y cultural radical.

No obstante, hay quienes sienten nostalgia por el viejo edificio y por su pobre manejo como obra del patrimonio. Según escribió en unas memorias Víctor Bustamante, otro de los miembros del grupo, “aquí muere una historia de una ciudad que devora sus espacios, que los abandona con su lógica del silencio, con ese sabor agrio de la destrucción y ese bajío de una nueva esperanza de la continuidad de la construcción”.

MARIANA ESCOBAR ROLDÁN
MEDELLÍN

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