Las claves detrás de 'La chica del tren'

Las claves detrás de 'La chica del tren'

El fenómeno de esta obra refuerza el buen momento que vive el género de novela negra.

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23 de agosto 2015 , 12:00 a.m.

¿Qué hace que un libro se convierta de repente en un fenómeno editorial o best seller? Así como le ocurrió a J. K. Rowling o a Stieg Larsson, para mencionar solo algunos casos recientes, la misma suerte está teniendo la escritora Paula Hawkins (Zimbabue, 1972) con su novela La chica del tren, que en pocos meses alcanzó la nada despreciable cifra de 5 millones de ejemplares vendidos y ya va a ser adaptada al cine. ¿En dónde está la clave de su éxito?

Para Felipe Ossa, veterano librero de la Librería Nacional, el triunfo de este tipo de publicaciones es una circunstancia que todavía le resulta “algo absolutamente inexplicable”, aunque tiene claro ciertos factores.

“Uno de ellos, indudablemente, es el azar. El boca a boca hace que a pesar de estar junto a libros muy buenos en la mesa de novedades se convierta en un éxito. Y ahora que ese boca a boca se expande más por las redes, el fenómeno se multiplica”, explica Ossa.

Paula Hawkins cuenta la historia de Rachel, una extraña mujer alcohólica que hace un recorrido de ida y vuelta cada día a la misma hora desde una pequeña población cercana a Londres. En su trayecto, que se sabe de memoria, suele observar por la ventana las mismas escenas, entre las que sobresale una pareja desayunando. Un día, la mujer no vuelve a aparecer en la mesa y Rachel se propone seguirle el rastro.

Desde el autor estadounidense Stephen King hasta diarios como The Guardian, The New York Times y US Today se han referido a este libro, que no se mueve de los primeros lugares de los listados en casi todo el mundo. “Una gran novela de suspenso… Me mantuvo despierto casi toda la noche”, comentó King.

En la rueda de prensa que dio recientemente en Madrid, donde presentó la edición en español de su novela, Hawkins contó que la génesis del libro le surgió de la propia experiencia de sus viajes en tren hacia la capital inglesa. La autora se había preguntado qué pasaría si en alguna ocasión viera algo alarmante en esas casas cercanas a las vías y en las que se adivinan las vidas de sus ocupantes.

Esta idea la combinó con otra que venía dándole vueltas en su cabeza desde cuando escribía novelas románticas para mujeres, por encargo, pero que firmaba con un seudónimo. Quería escribir sobre un personaje que, como Rachel, la protagonista, tuviera problemas con el alcohol y por ello viera afectada su memoria: “Cuando junté ambas ideas vi que funcionaban muy bien”, contó.

“Estos libros tienen que tener un buen narrador. El lector se atrapa con una narración sencilla, pero al mismo tiempo hay que crear intriga y atmósfera de suspenso, de tal manera que agarre al lector y lo lleve hasta el final, ya sea por curiosidad o porque siente la tensión del relato. Y esas características las tiene este libro”, comenta Ossa, que ya ha vendido más de 1.500 ejemplares de La chica del tren en los dos meses que lleva en Colombia.

En últimas, el libro de Hawkins, como tantos otros que ha dado este género, cumple con su objetivo principal: entretener al lector, como lo anota el escritor José Manuel Otero Lastres, bloguero del diario ABC de España, quien, sin embargo, le quita brillo al éxito que rodea al libro.

“Acabo de leerla y, en mi opinión de simple lector, me atrevo a afirmar que no es para tanto. Es una buena historia con intriga, narrada en un lenguaje sin pretensiones literarias y que resulta, en ocasiones, reiterativa en exceso. (…) En resumen, se trata de una buena novela, que entretiene y solo por eso debe ser comprada, pero me parece una gran exageración todo el alboroto mediático que se está montando sobre ella”, anota Lastres.

Sin embargo, Felipe Ossa resalta que el fenómeno de Hawkins es un espaldarazo para este género. “La novela policiaca había venido vendiéndose bien en todo el mundo, pero había tenido una caída en Colombia de manera particular, salvo casos puntuales como el de Stieg Larsson, por ejemplo”.

Esta especie de primavera local en torno a la novela policiaca es una tendencia que viene precedida por la apuesta que están haciendo varias editoriales españolas por el género y que también está en consonancia con el trabajo de algunos autores latinoamericanos.

“Acá hay nuevos y muy buenos, como Élmer Mendoza, el mexicano, que ha escrito novela negra latinoamericana excelente, que también se está desarrollando especialmente en México y en Argentina”, dice Ossa, y añade que la tendencia puede estar relacionada también con el auge de las series de televisión.

“Qué bueno que suceda eso. Las series policiacas y las series de suspenso que dan en la televisión, y que por cierto hay algunas excelentes, reviven la curiosidad por también recurrir al texto impreso. Y eso naturalmente viene a ser una alianza de ese ecosistema de los medios: el de la imagen, en este caso la televisión, y el medio impreso del libro. El libro no tiene por qué desaparecer con la televisión, puede subsistir”, concluye el experimentado librero.

Un mundo de títulos para explorar

Además del libro de Hawkins, el veterano librero Felipe Ossa destaca otros autores y colecciones que están llegando a las librerías como ‘El leopardo’ del noruego Jo Nesbo, con más de 25 millones de ejemplares vendidos y ‘Perdida’ de Gillian Flynn, ambos de Random House. Navona Negra y Salamandra Black son dos colecciones dedicadas al género. Se destacan de estas clásicos como Rex Stout (‘Sonó el timbre’ y ‘Demasiados cocineros’), famoso en los años 30, y autores nuevos como Deborah Crombie (‘Nadie llora al muerto’). También, la antología de James Ellroy. A su turno, Salamandra tiene ‘Galveston’ de Nic Pizzolatto, creador de la serie ‘True Detective’, y ‘La mujer de un solo hombre’, de A. S. A. Harrison, con ventas superiores al millón de ejemplares. De Tusquets se destaca ‘La ira de los ángeles’, del irlandés John Connolly; ‘Zapatos italianos’, del sueco Henning Mankell; ‘Liquidación final’, del turco Petros Márkaris. De la región, Ossa destaca ‘El misterio de la orquídea Calavera’ del mexicano Élmer Mendoza, y ‘Paisaje de otoño’ y ‘Pasado perfecto’, del cubano Leonardo Padura. Finalmente, una curiosidad: ‘Hanshichi’ del japonés Okamoto Kido.

CARLOS RESTREPO
Cultura y Entretenimiento
Con información de EFE. @Restrebooks

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