Editorial: Mejor preparar el arnés...

Editorial: Mejor preparar el arnés...

Es sensato que el país establezca los mecanismos que permitirán la implementación de lo pactado.

22 de agosto 2015 , 09:35 p.m.

“No ensillar sin traer las bestias” es un sabio adagio popular. Pero si las bestias vienen en camino, es aconsejable preparar el arnés. Esto es justamente lo que ocurre en la mesa de conversaciones en La Habana. Es cierto que los posibles acuerdos no se han cristalizado, pero los avances son notables. Ya hay convenio sobre tres puntos de la Agenda, aun con salvedades importantes.

Las Farc han reconocido que no todos sus delitos son susceptibles de amnistía e indulto y que los crímenes internacionales que se hayan perpetrado merecen sanciones, aunque insisten en que ellas deben estar dentro del terreno de la justicia restaurativa. En buen romance, continúa la discusión sobre posibles restricciones a la libertad de los máximos responsables. Aquí el Gobierno mantiene su punto de vista.

Sobre las características del cese del fuego, la subcomisión técnica que tiene a su cabeza por el lado del Gobierno al general Gabriel Flórez ha tenido avances notables, aunque aún se conservan diferencias.

Para ser claros: la construcción de los acuerdos viene avanzando. En tales condiciones, parece absurdo que el país y sus instituciones no comiencen a establecer los mecanismos que permitirían agilizar la implementación de lo pactado. Esto, para evitar el escenario de que estén listos y solo en ese momento se nos ocurra comenzar el largo y tortuoso camino de implementar los desarrollos legales y administrativos necesarios.

En consecuencia, hizo bien el Gobierno al reunir a los directores de los partidos políticos de la Unidad Nacional para plantear alternativas que permitan adoptar instrumentos que necesariamente tendrán que tener características distintas a los habituales, tal como lo demanda el carácter transicional y excepcional de las medidas que han de ponerse en marcha.

Como lo dijo Humberto de la Calle, hay que innovar. Se requieren herramientas eficaces y que garanticen que el Estado cumpla la palabra empeñada en La Habana.

Una primera idea es que se cree dentro del propio Congreso una Alta Comisión Legislativa que lleve a darles rápida aprobación a las leyes que desarrollen lo pactado. La Constitución, para los trámites normales, contiene una serie de plazos, períodos de enfriamiento y demás requisitos. Pero esta no sería una situación habitual, es una que demanda eficacia.

También se ha hablado de facultades al Presidente. En la reunión con los partidos quedó claro que el propio Jefe de Estado rechaza convertir las facultades en una especie de carta blanca, más propia de una dictadura. Por eso se habló de controles en el ejercicio de tales facultades. Pero no es mala idea que algunos temas queden en manos del Primer Mandatario. Así lo hizo la Constitución de 1991 mediante los artículos transitorios 12 y 13. ¿Qué impide apelar a esa experiencia? ¿Por qué lo que fue bueno en 1991 es malo ahora? Él dijo en su primer discurso que tenía en su poder la llave de la paz. Que sea cierto.

Por último, las Farc y el Gobierno pactaron una refrendación que permita a la ciudadanía pronunciarse sobre los acuerdos. Los actuales mecanismos son bastante intrincados. El sistema político no puede quedar atrapado en momentos decisivos. Es necesario cumplir el pacto de la refrendación. La creación de instrumentos de implementación no impide que esta se lleve a cabo. Son materias distintas. Pero es también buena idea crear un mecanismo sencillo para lograrlo en el entendido de que la paz es una sola. Los colombianos debemos valorar lo pactado en su integridad. Eso implica crear un mecanismo nuevo de refrendación de un acuerdo de paz para que la voluntad ciudadana pueda brillar.

Así las cosas, es de esperarse que las Farc no se empecinen en la tesis recalcitrante de que nada de lo que haga el Estado los compromete. Es cierto que las conversaciones de La Habana se desarrollan en un marco de bilateralidad. Pero el Estado, quiérase o no, así se lo denomine despectivamente como un Estado burgués, se mueve a través de normas. Y no podía ser de otra manera. Las Farc, al menos, deben dejar abierta la puerta para que la institucionalidad cree herramientas nuevas que faciliten la implementación futura. Y entender que la adopción de estas no entorpece la continuación de la discusión.

Los opositores del proceso prefieren esperar a tener los acuerdos para comenzar a discutir los instrumentos. Critican al Presidente porque debate en público diversas posibilidades. Ignoran que a estas alturas es necesario ser realistas y prácticos. Examinar opciones es sano. Buscar a través de la innovación ante circunstancias nuevas es lo que aconseja el buen juicio. El papel de la oposición se verá engrandecido si, en vez de un rechazo ciego, se incorpora a la discusión en el Congreso.

Mientras llegan las bestias, ir preparando el arnés, aconseja también la sabiduría popular. Y si no llegan, tampoco pasa nada. Peor sería el escenario de una guerrilla con sus fusiles en la mano esperando largos meses de discusiones jurídicas. Al que madruga, Dios le ayuda, dice igualmente un acertado refrán.

EDITORIAL
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