¿Quién era Genaro García, el líder afro asesinado por las Farc?

¿Quién era Genaro García, el líder afro asesinado por las Farc?

La guerrilla aceptó el crimen. Fue un incansable defensor de los derechos de comunidades negras.

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21 de agosto 2015 , 09:26 p.m.

Tuve el inmenso privilegio, durante casi ocho años, de acompañar a Genaro García y a varios de los líderes del consejo comunitario de Alto Mira y Frontera (Nariño), en una gesta casi solitaria pero siempre heroica en la defensa de sus territorios ancestrales para alejar de allí la violencia y el narcotráfico y llevar oportunidades de desarrollo propio para sus comunidades, históricamente marginadas y excluidas.

La de Genaro, como la de sus compañeros ya sacrificados y los que aún sobreviven y continúan, ha sido una lucha pacífica y valiente, pero desigual. Sin armas pero llenos de razones históricas han confrontado la presencia de actores armados ilegales, de narcotráfico y de grandes proyectos de agroindustria que consideran lesivos para sus territorios, al tiempo que han interpelado, siempre y duramente, al Estado y a los distintos gobiernos por las décadas de abandono en que han vivido.

Un asesinato infame

El día lunes 3 de agosto de 2015, Genaro se movilizaba junto con otros dos acompañantes, también líderes de la comunidad, por la carretera que va de Chilvi al corregimiento de San Luis Robles, en la zona rural de Tumaco. Se había propuesto atender una “invitación” de un miembro de una asociación campesina contraria al consejo comunitario, quien, según conocieron familiares y amigos, le había planteado la reunión para llegar a “acuerdos” con las Farc.

En el interés de “limar asperezas”, Genaro acudió a la cita, que, por la forma como se relata de su despedida, muy seguramente creía fatal, muy a pesar del “cese del fuego” unilateral a que se comprometieron recientemente las Farc.

En el trayecto, en una zona de dominio exclusivo de la guerrilla, los interceptaron cuatro hombres armados y los hicieron bajar del carro en el que se movilizaban. Según testigos y las versiones ya en poder de autoridades de gobierno, judiciales y militares de la zona, uno de los asesinos dijo: “Ah, Genaro García, hazte para allá. Ustedes dos, para acá”, y luego le ordenó: “Tírate al piso, boca abajo y ponte las manos en la cabeza”. Luego, dos atacantes más llegaron en moto y uno de ellos le disparó en la cabeza y las piernas, frente a sus dos compañeros.

Genaro García fue un incansable defensor de los derechos colectivos de las comunidades negras y de los derechos de las víctimas afrocolombianas del conflicto armado. Además de representante legal del consejo comunitario, Genaro ocupó diversas posiciones de liderazgo en la Red de Consejos Comunitarios del Pacífico Sur (Recompas), y, como lo señaló el Consejo Nacional de Paz Afrocolombiano en una comunicación pública dirigida a las Farc, “desde hace más de cinco años venía denunciando amenazas y persecuciones en su contra y en contra del consejo comunitario Alto Mira y Frontera que representaba”.

En octubre de 2014, miembros de la columna ‘Daniel Aldana’ de las Farc citaron a Genaro a una reunión, en la que le notificaron que quedaba destituido como representante legal de la comunidad y que, en adelante, la organización que decidiría en el territorio sería una expresión del “trabajo de masas” de las Farc.

Y a Genaro le dieron un ultimátum: si continuaba con sus labores como representante legal, sería asesinado, no obstante lo cual continuó, también muy a pesar de que su hermana Yerly Maricel García ya había sido asesinada en 2012 por dos hombres que se identificaron como de la guerrilla, en retaliación al liderazgo de Genaro.

Pero es que, como bien lo señala un documento del portal Verdadabierta.com, “Las muertes de líderes son excesivas y desproporcionadas en Tumaco. A Genaro le tocó ver la muerte de tres compañeros líderes de su misma organización: en 1998 fue asesinado Francisco Hurtado, representante legal del consejo comunitario de Alto Mira y Frontera, y en el 2008 fueron asesinados Felipe Landázuri y Armenio Cortés. Algo similar ha ocurrido en muchos de los consejos vecinos. A Felipe Landázuri, secretario del consejo comunitario del Bajo Mira, se lo llevaron hombres armados el 2 de julio del 2008 y su cuerpo apareció dos horas después con tres tiros. A José Aristides Rivera, presidente de la junta de La Anupa, lo asesinaron en diciembre de 2002. Lo mismo le sucedió al hijo del representante legal del consejo de Chigüí y al de la primera representante legal que tuvo el Bajo Mira”.

Por todo este contexto extremo que incluyó amenazas de las Farc a toda la junta directiva del consejo comunitario, los líderes debieron solicitar al Gobierno Nacional medidas especiales de protección cuya respuesta, al decir (a condición de anonimato) de líderes sobrevivientes, “han sido tardías, insuficientes y no pertinentes a la luz de las amenazas recibidas, las realidades de los territorios y los liderazgos que ejercemos”.

Tan dramática ha sido la situación de este territorio que el consejo comunitario de Alto Mira y Frontera fue definido por el Gobierno como uno de los casos prioritarios de atención y protección contemplados en el auto 005 del 2009 de la honorable Corte Constitucional, sobre lo cual también, como lo establece la comunicación del Consejo de Paz Afrocolombiano, “existe una resolución defensorial (n.º 059 del 29 diciembre del 2010) y una decisión del juez civil del Circuito Especializado en Restitución de Tierras de Pasto, quien en febrero del 2012 le ordenó a la Unidad Nacional de Protección (UNP) el diseño y la aplicación de un plan de protección especial para los líderes y miembros del consejo comunitario Alto Mira y Frontera”.

Un territorio estratégico

Genaro García era un reconocido líder afrodescendiente en una zona vasta y compleja que está en la jurisdicción de Tumaco, en zona limítrofe con Ecuador y que abarca cerca de 20.000 hectáreas, de las cuales casi una cuarta parte están ya invadidas de cultivos de hoja de coca. Otrora fue un territorio pacífico en el que las manos laboriosas de miles de afrocolombianos sacaban adelante proyectos de vida colectivos, preservando su identidad y su cultura y sacando un provecho responsable de sus ríos caudalosos y selvas casi vírgenes.

Con el tiempo llegó la violencia, primero las Farc y luego los paramilitares, como parte de una disputa por territorios estratégicos que, además de compartir frontera con el Ecuador, conectan áreas inhóspitas con extensas zonas de playas a través de caudalosos ríos, trochas y caminos veredales.

Y para peor de los males, las comunidades vieron impotentes cómo hizo su ingreso el cultivo de la hoja de coca, como parte de un proyecto de colonización de la guerrilla, que migró con campesinos desde el Putumayo hacia estas tierras inexploradas para asentar allí su proyecto político y de economía ilegal, lo que también puede ser considerado como una sofisticada estrategia de despojo de tierras a comunidades ancestrales afrodescendientes.

Durante años, la resistencia de estas comunidades soportó también el paso del paramilitarismo con el llamado Bloque Libertadores del Sur, que desató una oleada sangrienta de masacres y asesinatos de población civil en medio de la inacción oficial, cuando no de complicidades también criminales de muchas autoridades.

Pero una vez desmovilizado este grupo armado en 2005, las Farc se propusieron de nuevo retomar el “control” del territorio, y lo hicieron de forma autoritaria, alentando la confrontación entre los campesinos dedicados a los cultivos de uso ilícito y las comunidades negras; creando organizaciones o asociaciones campesinas para disputar el poder legal a los líderes de comunidades negras naturales al territorio y forzando al mismo tiempo la exigencia al gobierno de títulos de tierra individuales para desarticular el territorio colectivo.

Temores y desesperanza

Haciendo eco de los pronunciamientos de la Diócesis de Tumaco y de múltiples organizaciones de DD.HH., el coordinador residente del PNUD en Colombia, Fabrizio Hochschild, al comentar recientemente sobre la grave situación de los defensores de DD. HH. en Colombia, anotó con particular preocupación lo que ha estado ocurriendo en el Pacífico sur de Colombia contra líderes y comunidades negras, como las de Alto Mira y Frontera.

En medio de la devastación e incertidumbre, hay desesperanza entre muchas comunidades. La incapacidad del Estado para brindar protección a los líderes amenazados ha sido manifiesta, al igual que para garantizar el derecho a su propio desarrollo y el ejercicio legal y autónomo de sus formas organizativas.

Y temen también que la suerte de sus comunidades y sus territorios no sea decidida por ellos mismos sino a través de la violencia o como parte de las negociaciones en La Habana, pues ya circula una versión, propalada por las Farc dentro de la comunidad, de que este territorio, afrodescendiente, ancestral y colectivo, será declarado una “zona de reserva campesina”.

Muchos se preguntan si el cese del fuego de las Farc no debiera incluir el cese de hostilidades contra líderes y comunidades como las que representaba Genaro. Este asesinato no va a poner en crisis el proceso de paz, pero sí cuestiona el talente ‘democrático’ con el que las Farc eventualmente aspiran a ganar el apoyo popular.

Epílogo

Pero esta y muchas otras muertes son una buena razón para que el conflicto armado termine en un acuerdo de paz. Como bien lo dijo el padre Francisco de Roux en una reciente columna de opinión (‘Los héroes de la Dignidad’. Agosto 12/2015. EL TIEMPO): “A quienes protestan en contra de La Habana, vale la pena recordarles que, desde 1988, esta guerra mató por lo menos a 5.000 hombres y mujeres de la grandeza de Genaro… Fueron incómodos porque no se subordinaban y porque los armados no entendían tanta audacia sin armas… Pero si todos rodeamos este proceso de paz y ayudamos a corregirlo, profundizarlo y protegerlo, terminará el asesinato de hombres y mujeres, como Gílmer Genaro, que son los verdaderos héroes de Colombia”.

Farc dicen que no es su política asesinar líderes comunitarios y que investigan

En un comunicado de cuatro puntos, publicado el pasado 16 de agosto en su página web, el Bloque Occidental Comandante Alfonso Cano, de las Farc, rechazó que lo relacionen con la muerte de Genaro García. El siguiente es el comunidado:

1. Categóricamente rechazamos y condenamos el asesinato del dirigente étnico y comunitario Genaro García. No es política de nuestra organización atentar contra la vida de líderes y dirigentes sociales o políticos.

2. Llamamos la atención y alertamos a todas las comunidades habitantes de los departamentos del Cauca y Nariño sobre los recientes anuncios del retorno de un grupo paramilitar que se hace llamar ‘Autodefensas Gaitanistas’, hechos a través de un comunicado, el 3 de agosto de 2015, en el que se amenaza de muerte a líderes sociales, comunitarios y a la población en general del área rural del departamento de Nariño.

3. Damos nuestras condolencias a todos los familiares del señor Genaro García, a sus amigos y al Consejo Comunitario de Alto Mira y Frontera, municipio de Tumaco.

4. Informamos que estamos haciendo una investigación rigurosa a nivel interno y externo sobre tan lamentable hecho. Los resultados de la investigación se darán a conocer públicamente.

DIEGO ARIAS
Exfuncionario del Programa Presidencial de Derechos Humanos.
Especial para EL TIEMPO

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