'En moda hay que consumir calidad, no cantidad': Anna Fusoni

'En moda hay que consumir calidad, no cantidad': Anna Fusoni

Entrevista con la observadora y analista de la moda que trabaja por conectar la moda en México.

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21 de agosto 2015 , 07:12 p.m.

La mexicana Anna Fusoni solo quería ser maestra de francés. Por eso estudió Licenciatura de letras francesas en la prestigiosa y exclusiva universidad Vassar College, en Estados Unidos. Pero en 1966 obtuvo el primer premio del certamen Prix de París, organizado por la edición estadounidense de la revista Vogue, que ya había ganado Jacqueline Kennedy.

Eso implicó ser practicante o aprendiz en la revista durante un año tanto en las oficinas de la publicación en Nueva York como cubriendo la temporada de desfiles de prêt-à-porter en París. Desde ese momento quedó atrapada en el mundo de la moda, pero no solo en el de las pasarelas, los reflectores y las fotos. Su gran preocupación ha sido la de construir una industria, un sistema moda en su país, México, una lucha desde distintas trincheras que se ha extendido por toda América Latina.

Trabaja incesantemente por conectar todo el sistema de la moda: la industria textil, la confección, los diseñadores y los consumidores, para lograr el desarrollo del sector.

Además, es una impulsadora de nuevos talentos a través de los premios Moda premio y Creáre en México. Por todo ello se ha convertido en una voz respetada y en una observadora y analista de la moda –bastante mordaz, por ciento–, que la ha traído varias veces al país. La última fue hace poco a Medellín, como conferencista en la reciente edición de Colombiamoda.

 

Anna Fusoni lleva 45 años trabajando por conectar toda la cadena de la industria de la moda: sector textil, confección, diseñadores y consumidor. Fotos: archivo particular

¿Por qué esa dedicación a tender lazos en la industria de la moda?

Es un reto sobre todo en los países jóvenes en moda. Estados Unidos, Francia, Italia ya tienen un sistema moda, que yo llamo un cluster de confección, algo que no sé como sea en Colombia, pero en México nos falta mucho para que tenga un desarrollo más empresarial, en vez de que los diseñadores estén cosiendo en sus casas pensando en convertirse en el próximo Galliano. Cuando ese diseñador sale al mundo se da cuenta de que no sabe costear, que las costureras cobran el viernes y hay que pagarles, y que los textileros no fían. La infraestructura está, el problema es que el diseñador no conoce esas posibilidades, por lo que hay que conectarlos.

Hay muchos diseñadores que se han quedado con la idea que son solo artistas.

Sí, siguen con este sueño de la pasarela. Todos quieren estar en el Mercedes Fashion Week y yo les digo “oye, tienes 240.000 pesos (mexicanos, unos 15.000 dólares) disponibles, porque eso cuesta estar allí, más producir tu colección”. Y se asombran. Es más, si los tienen, que mejor monten su empresa y no solo piensen en esos 12 minutos de fama.

¿Los diseñadores siguen soñando solo con las luces y han perdido el oficio?

Sí, se ha perdido mucho el oficio. Estas generaciones viven pendientes del celular, del chat, quieren todo rápido, entonces hacen cosas terribles. Un buen patrón no se hace rápido, rápido. Una buena muestra tampoco. No quieren aprender a coser, a patronar, porque ellos están en otra dimensión. Yo les digo “tienes que saber patronar aunque no vayas a patronar, y tienes que saber coser aunque no vayas a coser, porque si alguien te trae una prenda mal hecha tú debes poder decir ‘aquí está el error’ ”.

¿De qué se debe alimentar un diseñador?

Amén de la cultura, de ir a museos, viajar, tener mucha curiosidad. Pero realmente un diseñador que no investiga no va a ir muy lejos. Si se va a inspirar en Picasso o en Frida Kahlo, que está tan de moda, si no investiga a profundidad acaba haciendo unos vestidos miméticos de un cuadro de Picasso o del sufrimiento de Frida Kahlo y nada más. Hay que saber por qué esa inspiración puede ser un tema, qué hizo el personaje, qué sucedió en los tiempos que pretende que te inspiren. Es todo un proceso cultural.

Al público general todavía le cuesta conectar las pasarelas de las semanas de la moda del mundo, incluso las de Colombiamoda, con su clóset, ¿cómo se concilia esto?

Primero que todo tenemos que tener en cuenta que una pasarela es un show. Un desfile de Lagerfeld es una fantasía y cuesta mucho dinero. Esa es la fantasía que te queda, pero luego tienes que desmenuzar un poco lo que estás viendo: el saquito, los zapatos, el detalle, porque en paralelo, Lagerfeld o su equipo van a tener derivados de esta colección que va a las tiendas. Así funcionan todos los diseñadores. Esa colección comercial es la que va aterrizada y dirigida a un consumidor de alto nivel, pero esas ideas se van filtrando por redes sociales, en las revistas y por el fast fashion (moda rápida) de Zara, Mango, Forever 21 y llega a un nivel que la gente entiende lo que le estás proponiendo y compra. La pasarela vende el sueño aspiracional del consumidor.

Está el diseño latinoamericano tratando de lograr una identidad recurriendo mucho a lo indígena y artesanal, ¿se logrará esto?

Si usas estos elementos tienes que llevarlos a otro nivel. Esta cuestión de la identidad es muy difícil de definir. Por eso estamos tan agarrados de la cuestión artesanal, porque es bien obvia. Otra cosa es que haya diseñadores artesanales, que ese es el ADN de su marca o colección. Usan esa herencia muy bien. ¿Qué pasa con los demás que quieren ser modernos, espaciales, proyectar la identidad? No tengo ni idea. Quizás lo que pueda empezar a suceder es poder crear tus propias telas, algo que ya hacen muchos diseñadores que están estampando sus telas con propuestas artísticas que sí pueden tener identidad de país con grafías étnicas o de arte. Otra cosa también puede ser el uso de materiales alternativos con fibras naturales; ahí podría surgir una identidad. Y los países latinoamericanos son suntuosos en cuento a la naturaleza.

Se habla de que la moda murió.

Dicen que murió porque ahora todo el mundo la puede tener. Pero la moda sigue siendo lo que es: una búsqueda de una expresión tanto de un diseñador como del que lo va a llevar.

¿Y qué les dice a quienes creen que la moda es superficial?

Que no es válido. La industria de la moda genera una cantidad de plazas de trabajo: mujeres indígenas están generado bienestar en sus comunidades, está la gente que trabaja en una boutique, en los servicios de entrega, por todo lados. En Colombiamoda se mueve la ciudad con una derrama muy atractiva. Los que venimos a la feria vamos de compras, al restaurante, tomamos taxi. Eso también es parte de la moda

Y si es superficial, pues todos lo somos porque todos compramos y nos vestimos. Todo el mundo se produce para la oportunidad fotográfica, algo que ya pasaba en Nueva York en los años 70, solo que no había la inmediatez de ahora con las redes sociales.

¿Este fenómeno de las redes y los ‘bloggeros’ cómo ha influido a la industria?

Es un fenómeno un poco triste. Es triste que una persona se levante y abra el blog de su blogger favorita para saber qué va a ser de su vida. Hay videos sobre cómo maquillarte, vestirte, peinarte, con millones de seguidores, porque hay gente insegura que no sabe qué hacer, o gente cómoda que prefiere que le digan lo que tiene que hacer. Los blogger son un universo que no se va acabar, así aparezcan y desaparezcan por miles. Y hacen lo mismo que hacían las revistas, pero llevado a la red: qué está in, qué está out...

Tanto acceso a la información ha hecho que ya no sean válidos las temporadas de moda, porque lo que se ve en un desfile para el próximo año se comienza a usar casi inmediatamente.

Así es, en Fashion Consulting Network (su empresa) buscamos lo que los diseñadores y marcas tienen en ese momento y es lo que vamos a proyectar porque la gente quiere comprar de inmediato, no esperar.

Las grandes marcas de lujo no sufren tanto porque tienen objetos icónicos a los que les haces un pequeño cambio y siguen de moda. Pero el fast fashion sí cambia mucho y los nuevos diseñadores tienen que estar pendientes y olvidarse de las temporadas (primavera/verano - otoño/invierno). Además, vivimos a este lado del mundo, donde en una ciudad como Medellín siempre es primavera. Tenemos que ser locales, olvidarnos de las temporadas internacionales porque, si no, nos volvemos esquizofrénicos. Otra cosa es para quienes tienen mercado en países con estaciones.

¿Qué escoger entre tanta información?

Lo que pasa con esta sobreinformación es que todo el mundo se esta volviendo experto, y cada quien decide: ‘yo soy diseñador, yo soy fotógrafo’ y cada quien hace lo que le da su regalada gana. La gente está tomado decisiones propias por el exceso de información. Tu mismo cerebro no te permite asumir tantas cosas. Y a pesar de las blogger, a pesar de tanta información la gente no esta ni mejor vestida ni más elegante que antes.

¿Cómo ha impactado el ‘fast fashion’ a la moda?

Muchísimo. Zara llegó hace como 22 años a México y dijo: “Chicas, no se preocupen, la moda no es ir a comprar a Palacio del Hierro, que es nuestra tienda top. Vengan conmigo que por mucho menos van a poder vestirse bien. Entonces vino uno proceso de educación de moda que a todo el mundo le sirvió. Y las marcas mexicanas están ahí, con muy buena salud. Y si han quebrado es por la crisis económica, no por don Amancio (dueño de Zara).

La ropa se ha convertido en un problema por la basura que genera...

Ese sí es un grave problema por el consumo excesivo. Lo ambiental está de moda y los nuevos consumidores están orientados a lo orgánico y están tomando conciencia del planeta y ellos mismos van a dejar de consumir, van a empezar a leer las etiquetas y a hacer sanción moral: dónde está hecho, en qué condiciones, cómo le pagan a la gente.

Y está el tema de la moda ecológica.

Eso es imposible. Por que se haga con fibra ecológica no es mejor; procesar el bambú requiere de mucha agua; el algodón orgánico necesita de mucho cuidado. Cuando a un botadero de basura llega una playera de algodón orgánico o de lo que quieras, tarda un año y medio en desintegrarse; una playera de poliéster lo hace en seis meses. ¿Dónde te queda el mensaje?

Ahora, las fibras alternativas sí pueden ser algo interesante. Estuve en una conferencia y hablaban de hacer telas con papas. Pero realmente lo que hay que hacer es dejar de consumir tanto; hay que consumir cosas de mejor calidad, que perduren.

NATALIA DÍAZ BROCHET
Editora de EL TIEMPO
En Twitter @nataliadiazbrochet

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