Lecturas dominicales: Cuatro décadas de historia

Lecturas dominicales: Cuatro décadas de historia

El retrato de un señor fotógrafo que registró con nitidez lo que fuimos

21 de agosto 2015 , 01:40 p.m.

 Una hora de nostalgia y de recuerdos. Una hora en la que se vuelve al pasado o se aprende del pasado. Una hora para conocer y reconocer a uno de los grandes de la fotografía del país y del mundo, así sin eufemismos ni falsas modestias. Sensaciones que se desgranan luego de ver el documental “Sady González: Una luz en la Memoria”, que hasta finales del mes de agosto se exhibe en el cine Tonalá, en Bogotá, al lado del Parque Nacional.

En buena hora Guillermo González, uno de los siete hijos del fotógrafo, gestor cultural y calificado periodista, director por muchos años del Magazine de El Espectador y de la Revista Número, se decidió a desempolvar el archivo de “papi”, como nombran él y sus hermanos a su padre Sady, y en alianza con la Biblioteca Luis Ángel Arango, expuso un centenar de ese acervo de registros gráficos, en la hermosa exposición, curada por el propio Guillermo y la cineasta Amalia Carrillo, bajo el título de: “Fotos Sady: recuerdos de la realidad.”

Ahora Guillermo, en compañía también de Amalia, con la dirección fotográfica de Nicolás Ordóñez la producción de la cubana Ivette Liang, con la colaboración de todos sus hermanos, especialmente de la pintora Esperanza, presenta el documental sobre la vida y, sobre todo, la obra de quien está considerado como el fotógrafo pionero de la reportería en el país y de manera particular en Bogotá, ciudad en la que vivió y trabajó hasta 1979, cuando murió.

Una vida dedicada a dejar huella precisa del acontecer nacional, a querer a su esposa Esperanza Uribe y a consentir a sus siete hijos, una familia que en mayor o menor medida hizo parte del estudio fotográfico que desde mediados de los años cuarenta del siglo pasado hasta 1979, fue uno de los más reputados de la capital.

Gracias a la esposa de Sady, las miles de fotografías publicadas y los negativos, de esas otras miles que no se exhibieron, se conservan, identificadas con la precisión del más experimentado y juicioso profesional de los archivos. Tanto es así que no solo las fotografías de la exposición, las que los González Uribe le cedieron a la Biblioteca Luis Ángel Arango, las que conservan sus hijos y de manera especial Guillermo sino las más de cien mil que encontraron hace poco y que son la “chiva” del documental.

En efecto, en una bodega aparecieron cajas y cajas, que aunque sin especificaciones técnicas ni medidas de conservación, aparentemente se conservan en buen estado y que corresponden a los 16 años en que Sady se desempeñó como fotógrafo de la Presidencia de la República, desde que Carlos Lleras Restrepo, creó ese cargo para él y dos años más en los que fue fotógrafo de la revista Nueva Frontera. Esos 18 años en imágenes prometen grandes y gratas sorpresas.

Sorpresas porque no fue un fotógrafo previsible. Ni tampoco monotemático. Todo lo contrario. Tal vez desde que hizo la primera fotografía a su padre muerto, por encargo de la madre, y luego se fue por algunos pueblos a tomar las fotos de los mayores de 21 años para su documento de identificación, a órdenes de la Registraduría, su mirada se diversificó y se hizo heterogénea, tanto como lo es esta sociedad y este país.

De tal forma, que con igual profesionalismo y virtud artística son sus registros de las fiestas y eventos de la pomposa burguesía criolla como de las personas del común. En ambos escenarios destacan las miradas, las manos, los pies calzados y descalzos, los vestidos, los detalles, para hacer de esas fotos toda una composición de una época, de sus costumbres, de sus inclusiones y de sus exclusiones.

Pero no fue tampoco solo un fotógrafo de personas y eventos sociales. La arquitectura, los deportes, los grandes personajes, los reinados de belleza, los carnavales de Bogotá, los paisajes, los automóviles, fueron de su interés. Y su esposa, Esperanza Uribe, en impecables sobres anotó día, mes, año, nombres y circunstancias, por lo que su archivo es una inagotable fuente histórica que está por explorarse. Esto lo confirman, en el documental, expertas de la Biblioteca.

Todo esto y más registraron Guillermo González y Margarita Carrillo, en la exposición, en el documental y, seguro, en los demás proyectos que se vienen cuajando de este inagotable archivo, como un libro sobre esa época dorada del fútbol por allá en los años cincuenta, con el más querido de los comentaristas deportivos: Hernán Peláez.

Sady González: Una luz en la memoria, se estrenó con éxito en el pasado Festival de Cine de Cartagena, tuvo una corta y rauda estadía en la cartelera comercial y ahora, con buena taquilla, lo hace en la del cine arte. Es muy posible que siga recibiendo invitaciones para participar en muestras internacionales de documentales.

Buen balance para el registro de la vida y obra de un fotógrafo al que le restan años de reconocimiento y gloria por un trabajo artístico y sociológico maravilloso que, en cualquier parte del mundo, haría parte del patrimonio nacional. Y ese mensaje lo logran difundir en sus sesenta minutos Guillermo González, Margarita Carrillo, y todo el equipo, así como los orgullosos hijos de Sady y Esperanza Uribe, una pareja de película.

Myriam Bautista

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