Muere Daniel Rabinovich, nace la leyenda de 'Neneco'

Muere Daniel Rabinovich, nace la leyenda de 'Neneco'

A los 71 años fallece una pieza clave de Les Luthiers. Deja como recuerdo actuaciones inolvidables.

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21 de agosto 2015 , 12:55 a.m.

“Fui deportista, luego engordé, luego adelgacé y volví a ser deportista; ahora deporté y soy adelgacista”. La frase, tomada del libro ‘Les Luthiers de L a la S’, de Daniel Samper Pizano, refleja una de las mayores capacidades que tenía Daniel Abraham Rabinovich: despedazar el idioma hasta convertirlo genialmente en una melcocha imposible de entender. Un desparramo de incoherencias con los que era inevitable no reirse.

El genial actor, humorista y músico argentino que falleció este viernes a sus 71 años, ya venía apartado, por sus problemas de corazón, de las actividades del grupo del que hacía parte desde su fundación, el 20 de septiembre de 1967. Cuenta la historia que para esa fecha un grupo de cuatro amigos, Gerardo Masana (el líder), Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich y Jorge Maronna, decidieron apartarse de ‘I musicisti’, un grupo que combinaba humor, música y la fabricación de instrumentos extravagantes, para formar Les Luthiers, una nueva agrupación donde harían lo mismo, pero muchísimo mejor.

Prueba de ello es que el primer grupo, pese a algunos intentos de revivirlo, no soportó la partida de sus integrantes y se disolvió. Mientras Les Luthiers, ahora quinteto, cumple ya 47 años de carrera ininterrumpida. Hasta hoy, el grupo base estaba conformado por Marcos Mundstock, Carlos Lopez Puccio, Carlos Nuñez Cortés, Jorge Maronna y Rabinovich, quien este año estaba siendo reemplazado por Horacio Turano y Martin O’Connor.

 

De Manuel Darío a Helmut, pasando por Abelardo

Pero Rabinovich era uno de los ejes fundamentales de Les Luthiers. No solo era el único capaz de sacarle sonido al ‘bass pipe a vara’, una especie de vuvuzela gigante con ruedas fabricada con tubos de cartón, sino que era el mejor actor de los cinco. El que interpretaba personajes torpes y distraidos, baladistas de escaso talento y enorme ego e intelectuales de dudoso bagaje académico.

Los ejemplos abundan. Uno es Helmut Bösengeist ‘el abominable músico de las nieves’, un oscuro músico y poeta que decide huir a los alpes y convertirse en ermitaño en la obra 'El poeta y el Eco'. Pero también está Ramírez, locutor y presentador que, junto a Murena, conducen 'Radio Tertulia', programa radial de variedades. O Abelardo, el enamorado galán que intenta convencer a su novia de que lo perdone en la pieza ‘Encuentro en el restaurante’.

Pero además era un músico versátil, capaz, como sus compañeros, de aprender a tocar cualquier instrumento si una actuación lo requería, aunque sus especialidades eran la batería, la guitarra, el violín y los instrumentos de viento como el trombón y el ya mencionado Bass pipe, como lo hace en la ‘Iniciación a las artes marciales’.

‘Neneco’, como lo llamaban con cariño sus compañeros (en alusión a su corta edad al entrar al grupo y su cara de niño en ese entonces), nació en Buenos Aires y era descendiente de judíos. De hecho, su apellido, Rabinovich, era robado. Su bisabuelo, un rabino que no había prestado el servicio militar, lo tomó ‘prestado’ de un muerto para poder salir del país.

Casado con Susana, padre de dos hijos, abuelo de dos, era amante acérrimo del billar y de los perros. Pero lo que más amaba, dice el libro de Daniel Samper, era actuar en público. De hecho, por culpa de Les Luthiers, o mejor gracias a él, enterró su profesión de escribano (o notario, en Colombia).

Por su buena voz y su capacidad de interpretación, solía ser el encargado de interpretar a los baladistas estilo años 70 o a los típicos músicos ‘comerciales’ que parodiaba el grupo. Quizá el más conocido es Manuel Darío (“como el poeta”), un cantante mediocre y despistado que, sin embargo, juraba tener el mayor talento del mundo. Pase por el video y lo comprobará.

Pero sin duda, los mayores talentos de Daniel y lo que dejaba su huella en el grupo eran la improvisación y el repentismo, así como la capacidad de manipular, a una velocidad asombrosa, el idioma. Así se lo reconocieron algunos de sus compañeros, citados por el libro Les Luthiers de la L a la S’: “Es la incontinencia humorística”, dijo Carlos Nuñez Cortés. “Brutalmente espontáneo”, fue el calificativo usado por Carlos López Puccio.

De hecho, dos piezas que ya eran famosas por internet hoy circulan de forma casi viral por las redes sociales tras la partida del humorista. Una de ellas es la introducción a la obra ‘Lazy Dazy’. Allí, Rabinovich decide suplantar a Marcos Mundstock, quien en cada presentación es el encargado de hacer una reseña de la obra que tocarán. El resultado es tan lamentable como divertido.

Otro ejemplo memorable ocurre antes de que el grupo interprete el merengue ‘El negro quiere bailar’. Allí, dos intelectuales pretenden disertar sobre este género musical, que Daniel insiste en confundir con el tradicional postre. A partir de ahí, el diálogo no vuelve a retomar su cauce y los protagonistas terminan ‘razonando fuera del recipiente’, como se le oye decir a Mundstock. Como dato curioso, en medio de la confusión surge un personaje que ya es famoso, pese a que técnicamente no existe: Esther Píscore.

Además de sus actuaciones, Daniel tenía varias funciones en el seno del grupo durante el trabajo creativo en los espectáculos. Si bien no participaba en la composición de las obras (su debilidad, como lo reconocía abiertamente), era muy activo a la hora de planear su puesta en escena, de establecer cómo verían la obra los espectadores en el teatro.

Otras facetas

Rabinovich, gracias a la fama adquirida con Les Luthiers, formó parte de varios proyectos cinematograficos y de televisión argentinos. Incluso, hizo la voz de una paloma entrometida en la versión latina de la película de Disney ‘Bolt’. Pero el más cercano a Colombia ocurrió gracias a su entrañable amistad con Daniel Samper Pizano. Fue en 1996, que lo pudimos ver en la serie de televisión ‘Leche’, escrita por el Samper, Bernardo Romero Pereiro y otro luthier: Jorge Maronna. Allí cantó ‘el tango de los matones’, una pieza musical donde pondera las bondades de la carne argentina.

Ahora, tristemente, neneco se convierte en el segundo luthier fallecido. El primero fue su fundador, Gerardo Masana, en 1973 . Y lo más complicado de afrontar, a partir de hoy, será la incertidumbre sobre el futuro de ‘Leslu’, como lo llaman sus fanáticos. Porque lamentablemente 'Neneco' cumplirá al dedillo las palabras que escribió para el libro de Samper Pizano: “Nací el 28 de noviembre de 1943 en Buenos Aires… prometo no volverlo a hacer”.

RAFAEL QUINTERO CERÓN
Unidad de Datos de EL TIEMPO

 

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