'El Museo Nacional está en una etapa de transformación'

'El Museo Nacional está en una etapa de transformación'

Daniel Castro, quien asumirá su dirección, habló con EL TIEMPO sobre los retos que se vienen.

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20 de agosto 2015 , 06:39 p.m.

El Ministerio de Cultura dio a conocer quién será el nuevo director del Museo Nacional de Colombia, tras el retiro debido a su jubilación, en noviembre pasado, de María Victoria de Robayo.

Se trata de Daniel Castro Benítez, actual director de la Casa Museo Quinta de Bolívar y del Museo de la Independencia - Casa del Florero.

Cuenta con estudios en artes plásticas, música y una maestría en Historia. Fue escogido por la ministra de cultura, Mariana Garcés, tras pasar por un proceso de selección en el que estuvieron Clara Isabel Botero y María Fernanda Urdaneta.

Castro también es el presidente de la Asociación ICOM Colombia (Consejo Internacional de Museos - Colombia) y trabajó en el Museo Nacional hace 16 años como coordinador de Proyectos Educativos Especiales, así como jefe de la División Educativa y Cultural.

Con sentimientos encontrados –lleva 16 años al mando de la Quinta de Bolívar–, Castro se siente muy feliz por volver al Museo Nacional. A manera de broma, dice que cambió “el museo verde por el museo de ladrillo”. EL TIEMPO conversó con él acerca de los proyectos a ejecutar en su nuevo cargo.

¿Cómo recibió la noticia?

Como una alegría en dos vías. El Ministerio construyó una terna y dentro de esta, había expectativa porque pasamos por procesos de selección a través de la Función Pública, como un examen de conocimiento y entrevistas. Me alegra profundamente saber que la experiencia de 30 años en el sector de los museos pueda proyectarse en el proyecto de transformación del Museo Nacional.

Además, en estos 16 años que llevo en la Quinta de Bolívar se ha invertido mucho afecto, porque el trabajo no se hace solo desde el punto de vista técnico o de un conocimiento sobre un área. Implica una inversión de energía, espero de alguna manera generar procesos de continuidad aquí. Los museos que tengo a cargo hasta el momento tienen una interlocución directa con el Museo Nacional, así que no es un corte tan radical.

¿Qué logros puede destacar durante los años que lleva en la dirección de Museo Quinta de Bolívar y el Museo de la Independencia-Casa del Florero?

Cuando recibí la Quinta de Bolívar en 1999, luego de una restauración que le devolvió a la casa el carácter que tenía cuando Bolívar lo habitó, Diana Torres de Ospina, su anterior directora, tenía unos deseos maravillosos para este. Pero lo recibí en plena obra, con un fax que se había quemado por un rayo, y un par de personas del Invías. Hoy en día, tenemos un equipo consolidado en las acciones museales. Aproximadamente 40 personas, entre los dos museos.

El deseo era que cada uno tuviera un equipo de trabajo idóneo para desarrollar la labor con la sociedad. Queda una fase de amplicación, que hemos ido completando paso a paso, y la construcción de las reservas técnicas de las colecciones, que están guardadas hace 20 años en las del Museo Nacional.

Otro logro fue haber revovado el Museo de la Independencia para los actos del Bicentenario de la Independencia. Un museo tienen la necesidad de repensarse, además en función del siglo XXI. Eso sucedió con la Casa del Florero. Activamos una consulta pública, hicimos una serie de reuniones, nos tomamos casi siete años en recoger el deseo de los ciudadanos y grupos especializados de qué esperaban al respecto. Hoy en día es un museo que está abierto, la gente se sorprende por esa transformación y se agrada, por saber que hay dinámica, que hay vida. También, un sentido crítico y maneras de intercambiar con los visitantes una reflexión y activación del patrimonio.

¿Cuáles son los principales retos ahora que asuma la dirección del Museo Nacional?

El Museo Nacional se encuentra en un proceso de transformación, por lo que el primero es ver cómo lo acompaño. He sido 'multitask' durante toda mi vida y he estado ligado con varios frentes disciplinares que he desarrollado a lo largo de mi vida: un oído agudo de músico, la paciencia del pedagogo -observar y acompañar procesos y poder esperar en transformarse-, y la creatividad del artista, así como la mirada crítica del historiador.

Creo que el aporte de observar qué debe hacer un museo como lo es el Museo Nacional, cuál es el poder de un lugar como este, es ayudar a esa transformación. Se debe tratar que esta transformación sea ágil.
También, analizar el museo y su proyecto de ampliación. Identificar si las necesidades de esa ampliación son exactamente las mismas en esta segunda década del siglo. Es una necesidad.

El tercer reto, y que es algo por lo cual me alegra poder asumirlo, porque hace parte de mi vocación, es que de alguna forma el museo fortalezca su vocación pedagógica. Cuando Bolívar y Santander crearon el museo, adscrito a la escuela de minas, de entrada tenía una vocación pedagógica. De esta forma, el museo tendrá cada vez más sentido para la sociedad. No es un espacio que alberga tesoros o piezas para maravillarnos, sino que debe dinamizar, activar y volver relevante ese patrimonio para la ciudadanía.

Hago parte de una red de profesionales de Museos, soy el presidente del capítulo colombiano del Icom, (Consejo Internacional de Museo), que agremia a más de 20.000 instituciones y 35.000 profesionales de museos, además de 269 comités especializados. Poder entrar en sinergia entre esa institución y la casa matríz de los museos del país es un punto clave.

Adicionalmente, no podemos descuidar que, si somos un espacio que activa la memoria, no debemos perder de vista cuál es la propia memoria institucional. La memoria institucional tiene que ser un referente para la memoria que queremos construir y activar hoy en día en el Museo Nacional.

¿Qué tiene que decir frente a las críticas que se le han hecho al museo?

Es importante no descuidar traer grandes colecciones y obras del mundo, pero, ¿por qué siempre recibir y no dar? Creo que el Museo Nacional tiene un conjunto patrimonial muy valioso. ¿Por qué no permitirnos llevar el Museo al resto del mundo? Equilibrar esas dos dinámicas puede contribuir a aminorar esas críticas.

Con respecto a la Sala Memoria y Nación, no se puede entender el iceberg viendo la punta. Y la sala es la punta del iceberg. Por eso, criticar solo la punta es arriesgado. Yo también tengo que entrar en un ejercicio de análisis sobre cómo se está llevando a cabo ese proceso de transformación.

Pienso que hay algo que está tal vez un poco diluido y es volver a tener un plan estratégico, diseñar y definirlo como se tuvo desde el año 2001 y 2010. Esto le generó al museo un norte muy claro, unas directrices, metas, retos, planes, programas y proyectos derivados. Podríamos entrar a mirar eso y hacer el ejercio que cualquier institución, cultural o no, debe hacer y es cómo se proyecta a corto, mediano y largo plazo.

Hay un ejercicio de planeación estratégica, que puede reformularse basado en lo que ya se hizo. Además de incluir muchas voces en la representación, espero que se acojan muchas voces en el debate.

¿Cómo llegarle a públicos en otras ciudades?

Podría resumirlo en una frase: el Museo Nacional debe irradiar, pero no imponer. Hay que partir de cómo entendemos la cultura en un país tan variado como Colombia, lleno de posibilidades.

Hay un asunto pendiente y es que está en proceso todo un ejercicio de formulación de una política pública para museos. Ese puede ser un primer paso, pues más allá de llevar exposiciones a otras ciudades es pensar en cómo generamos una plataforma muy precisa, de acciones, de intenciones, de filosofía. De qué significa para el colombiano y qué sentido tiene el museo, esté en Bogotá, en Armenia, en Ibagué, en San Bernardo del Viento o en Mompox.

Eso tiene que estar capturado por la política de museos y ese es un reto que tenemos que ver cómo se resuelve. Tengo entendido que hay avances, y frente a estos podemos determinar estos intercambios entre el resto del país y esta centralidad entre comillas -que es fortuita- y que es que el Museo tenga su sede en la capital de la república. No podemos olvidar que es el Museo Nacional de Colombia.

Esto implica encontrar e identificar pares en todos los lugares del territorio nacional. Y frente a esos pares ver qué nos hace comunes, en términos de necesidades. En términos de deseo de esa activación del patrimonio que albergan espacios como el Museo Nacional, la Quinta de Bolívar, la Casa de la Independencia y ahí, comenzar a generar y diseñar propuestas más sostenidas de qué se espera que suceda allí.

Que vaya más gente a visitar estos lugares porque reconocen que hay un sentido profundo entre lo que el museo alberga, entre el espacio que contiene esas colecciones, pero entre la gente que anima y genera el vínculo y el patrimonio mismo.

¿Cómo definir el museo hoy en día?

El museo del siglo XXI es un espacio que valora profundamente la comunidad a la que sirve. Está al servicio de esta y en un diálogo continuo. Identifica a la ciudadanía como su más importante patrimonio, más en una sociedad como Colombia. Además, activa de manera cada vez más creativa el patrimonio que alberga para que este cree sentido y construya experiencias, no solo conocimiento.

MARÍA ALEJANDRA TORO VESGA
Cultura y Entretenimiento
@martronique

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