'Por mis derechos, equidad e inclusión', proyecto sólido en Medellín

'Por mis derechos, equidad e inclusión', proyecto sólido en Medellín

La alcaldía atiende a personas en contexto de prostitución que deseen mejorar su calidad de vida.

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19 de agosto 2015 , 06:57 p.m.

Francisca*, de 40 años de edad, lleva más de la mitad de su vida ejerciendo la prostitución. Trabaja en el centro de Medellín, donde dice que ha visto drogas, crueldad, excesos, robos y violaciones.

Por eso, para dejar ese mundo que la ha llenado de desgracias y le ha impedido criar a sus cinco hijos, hace parte del proyecto ‘Por mis Derechos, Equidad e Inclusión’, de la Alcaldía de Medellín, que atiende a hombres y mujeres en contexto de prostitución que deseen mejorar su calidad de vida y acceder a otros servicios.

Allí, en una casa grande ubicada en plena zona céntrica de la ciudad, en la calle 57 n° 45 - 129 (Argentina con la Avenida Oriental), implementan estrategias de atención a población en riesgo y ejercicio de prostitución.

El objetivo es mitigar los riesgos que existen por la condición de vulnerabilidad, y a su vez empoderar a estas personas para que construyan un proyecto de vida sólido.

Según Olga Lucía Guzmán, supervisora del proyecto, en el año 2015 han recibido sensibilización 1.200 personas y han ingresado 550 usuarios nuevos, sumados a 410 que vienen de años anteriores, para un total de 948 hombres y mujeres que ejercen la prostitución o son vulnerables a llegar a realizar este oficio.

Todos ellos reciben acompañamiento psicosocial, educación, capacitación y formación para el empleo, apoyo a iniciativas productivas, asesoría jurídica, orientación y acceso a servicios de salud, entre otros componentes que fortalecen su proceso de cambio.

“Todas las semanas hacemos recorridos en diferentes sectores de la ciudad, como en San Diego, la 33 y la Bayadera, donde invitamos a la población y a la comunidad a participar en la generación de factores protectores individuales y sociales frente al tema de la prostitución”, afirma Guzmán.

A la par de estas acciones adelantan una articulación con el Metro, para realizar sensibilizaciones en cuatro de las estaciones de este sistema, ubicadas en sectores en contexto de prostitución: Prado, Parque Berrío, Hospital y Cisneros, con el fin de abordar a quienes circulan por las zonas de acceso.

La intención, según la supervisora, es llegar a los sectores donde se ha identificado la prostitución, para lograr un contacto directo con las personas que la ejercen o se encuentran en riesgo de hacerlo. Invitan a las personas a que se acerquen al proyecto y tengan oportunidad de mejorar sus condiciones de vida.

En una de estas salidas de campo Francisca, que aún ejerce la prostitución, conoció el proyecto y cuenta que por medio de este a revaluado su vida, sus prioridades y sus metas. Ahora desea tener un negocio y así poder estar junto a sus hijos, que se encuentran a cargo de su hermanas.

En cinco años que lleva en el programa ha hecho cursos de administración, emprendimiento, productividad, además ha accedido a servicios de identificación, habitabilidad, nutrición, empleabilidad, salud, dinámica familiar, educación, bancarización y acceso a la justicia.

“Esas jornadas de emprendimiento son muy chéveres. Hablan de muchas cosas, de como manejar una pequeña empresa, cómo hacer una hoja de vida, cómo llegar a una entrevista de trabajo e impresionar. Ya estoy preparada para todo, sobre todo para que me contraten y salir de la calle”, dice Francisca.

Explica que lo que más le ha servido del proyecto es la terapia con la psicóloga, porque ha aprendido a valorarse como persona, mujer y a tener un buen estado de ánimo.

Así como Francisca, a los beneficios del proyecto también ha accedido Rosa*, que nunca ha ejercido la prostitución pero según la Secretaría de Inclusión Social, por sus características está en riesgo de hacerlo.

Esta mujer, de 42 años de edad, tiene un hijo de 9 años, es desempleada, no terminó la primaria y vive del día a día vendiendo tintos y café con leche desde las tres de la madrugadas hasta las seis de la mañana, en pleno Centro.

Para Rosa este proyecto le ha dado la oportunidad de aprender inglés, administración, de acceder a cursos de culinaria y marroquinería artesanal.

También volvió al colegio y todas las noches, durante tres horas, estudia matemáticas, biología, historia y refuerza la lectura y la escritura. Se siente orgullosa porque ya puede ayudarle a su hijo a hacer las tareas.

El peligro de la calle

“Ahora sé que no hay que sobrevivir en la calle, solo hacer lo posible para salir de esta, porque allí se aprenden muchos vicios, se sufre la soledad y se viven muchas violencias. Eso nadie se lo merece”, cuenta Francisca.

La mujer, de ojos verdes, grandes y profundos, desearía no haber visto todo ese mundo endemoniado que le ha tocado en vida.

Pero relata que no fue por voluntad propia que comenzó a ejercer la prostitución, sino que desde muy pequeña se vio obligada a dejar la casa materna por el maltrato que le propinaba su madre.

Cuando narra todo esto, la historia de su vida, es notable el esfuerzo que hace para no abrir la boca. Le faltan dos dientes frontales, pero en ocasiones olvida el defecto, también las tragedias y adversidades, y ríe con soltura, agitando un poco su pecho.

Dice que aún recuerda qué es la alegría, pero quiere recuperarla en su totalidad, para sentirse libre y plena.

“A la larga lo que deseo es una estabilidad emocional y de dinero para poder estar tranquila, no quiero vivir más en hoteles o inquilinatos. Por ahora tengo la moral de que por medio de este proyecto podré conseguir un trabajo o tener mi propio negocio”, dice Francisca.

Para ella el sufrimiento va por dentro y durante estos años ha vivido la depresión y la melancolía en silencio, sin un amigo o amiga a quien acudir, muchos menos un familiar. Dice que a veces no aguanta y llora, porque aunque se siente joven cree que ha desperdiciado su vida.

Tanto Francisca como Rosa piden solo una oportunidad para enmendar sus vidas y poder tener un trabajo digno para sobrevivir. Piensan que por medio de este proyecto podrán tener un trabajo y un negocio, pero los más importante, un proyecto de vida que les permita vivir con dignidad.

*Nombre cambiado

PAOLA MORALES ESCOBAR
inemor@eltiempo.com - @PaoLetras
Redactora de EL TIEMPO
Medellín

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