Las mujeres restituidas del Alto de Tillavá en el Meta

Las mujeres restituidas del Alto de Tillavá en el Meta

Sobrevivieron, en 1997, a tres incursiones paramilitares que las desplazaron.

18 de agosto 2015 , 06:18 p.m.

Con los brazos abiertos, una sonrisa nerviosa de felicidad y un suculento sancocho de gallina preparado con los productos frescos de su finca en el Alto Tillavá de Puerto Gaitán, Luz Miriam Cubides Sánchez recibió a 20 visitantes, en su mayoría periodistas.

Ella fue la anfitriona de la convocatoria de la Unidad de Restitución de Tierras que transportó la comitiva en un helicóptero militar, que tardó una hora y treinta minutos en hacer el recorrido de Villavicencio a su finca.

La idea es que se conozcan las historias de Luz Miriam y María Eufenia Arias, que regresaron a sus predios con sus títulos de propiedad y hoy adelantan proyectos productivos.

Ellas en 1997 fueron expulsadas por las tres incursiones que hicieron los paramilitares a Tillavá, días después que ejecutaron la masacre de Mapiripán.

Luz Miriam empezó por recordar que su esposo puso un negocio en el sector de La Picota (en Tillavá) en el año 1991, en la época del apogeo de la coca.

Era un próspero negocio, paso obligado a Vichada y Puerto Alvira, en Mapiripán, donde alquilaba habitaciones, había billares, venta de cerveza, gasolina, bicicletas, víveres y productos de construcción.

El primero de septiembre de 1997 el esposo de Luz Miriam falleció de un infarto y a ella le tocó hacerse cargo del negocio y una finca. En esa época los paramilitares del Llano se unieron con los de Urabá para arrebatarles el territorio a las Farc.

Miedo

Tres meses después que los paramilitares entraron a Mapiripán, llegaron por primera vez a Tillavá, el 16 de octubre. Ese día, recuerda Luz Miriam “mataron a dos guerrilleros, a doña María, el hijo, y a un trabajador mío”. La segunda incursión la hicieron el 3 de noviembre: “mataron a dos indígenas, un vecino y a don Aquilino, el papá de María Eufenia”, su compañera restituida.

La tercera fue el domingo 8 de noviembre de 1997. Como había quedado viuda Luz Miriam pensaba que no le iba a pasar nada, pero el señor que le trajo la remesa le dijo que se fuera que venía los paramilitares en camiones.

“Les dije a los muchachos vamos y cogí la lona con cinco millones y pucho, embutí facturas y el chinchorro. Un muchacho se fue por un lado y yo me fui con el otro. De repente miramos desde un alto y abajo se veían dos cordones de gente que venía en camiones, en motos y a pie, para rodearnos. Eran unos negros feos” narró Luz Miriam.

El muchacho dijo piérdase, arrancó a correr y dejó la lona. “Me devolví por la lona, pero empezaron a dispararnos, por eso salí en cuatro patas a correr, me tire por un voladero y me metí en una mata de monte. Yo estaba en vestido y había unas hormigas arrieras que me pellizcaban por todo el cuerpo, mientras el corazón me golpeaba contra el piso. Pensé que mis hijas se iban a quedar sin papá y sin mamá. Tenían 11, 13 y 16 años, estaban estudiando en Villavicencio”.

Al amanecer se fue por la orilla del caño y encontró al muchacho que la acompañó. “Estuvimos escondiéndonos hasta el martes. La gente de la zona los encontró y se puso contenta, pues pensaba que los habían matado.

“Como teníamos hambre yo dije voy a ir a la finca a matar una gallina”. Me dijeron: “Doña Luz ellos acabaron con la finca”. Entonces dije “Me voy para el negocio”. “Doña Luz también acabaron con el negocio –los quemaron–”.

Perdón

Con las manos casi que vacías estuvo dos años en Villavicencio. Luego, regresó al sector de Carrangueros, en Gaitán, y la finca la dejó al cuidado un muchacho.

Luz Miriam participó del proceso de Justicia y Paz en tres audiencias, una de ellas con 'Guillermo Torres', el desmovilizado excomandante de las Autodefensas Campesi- nas de Meta y Vichada, que le pidió perdón por los hechos ocurridos, pero atribuyó los desa- fueros a los Urabeños, con quienes se unieron para acabar con la guerrilla, pero después querían arrebatarles el poder a los paramilitares llaneros.

Al proceso de restitución no le tenía confianza, pero finalmente salió la sentencia que le entregaron el año pasado. El Estado, además, le brindó apoyo económico con el que limpió al finca, construyó el establo, puso cerca eléctrica, compró cinco vacas y la asesoran un veterinario y un agrónomo.

Luz Miriam dice que lo más complicado fue tener que separarse y mandar a sus hijas para distintos lados. Hoy se siente alegre de contar su historia y no la molestan las preguntas. Al contrario, mostró su alegría preparando un delicioso sancocho con los frutos de su finca: unos gigantes granos de mazorca, un cremoso aguacate y una gallina tiernita, con sabor a campo.

Finca productiva

María Eufenia Arias no quiso recordar el motivo que la llevó a abandonar la finca que su padre le dejó en Tillavá y que el 3 de julio de 1998 la condujo por Villavicencio y varios pueblos del Meta a trabajar en oficios varios en casas de familia y en restaurantes.

En su ausencia de esas tierras un señor le cuidó la finca y otro se la intentó invadir. Por la felicidad que le devolvieran los títulos de propiedad de la tierra no reclamó por todo el territorio que le había dejado su padre, se conformó con 56 hectáreas.

Además, le dejó una casa a un señor que quería invadir su finca y le dio 3'000.000 de pesos, que su yerno le aportó, para que la dejara tranquila.

En la sentencia del Tribunal ordenó construirle una casa y darle 23 millones de pesos para un proyecto productivo. La casa no se la han entregado, pero con madera y tejas de zinc construyó una amplía casa donde vive sola en su finca. Con los recursos del proyecto productivo compró unas vacas, una planta solar y las cuerdas para la cerca eléctrica.

Además, desde hace seis meses que regresó a la finca ha sembrado tres hectáreas de maíz, pasto dulce, 500 matas de yuca, arroz, que ya está para coger plátano, maíz de harina y ahuyama.

En su casa vive sola y su hija, que vive en Villavicencio, la visita cada que puede. Su jornada diaria empieza antes de que salga el Sol preparando el desayuno y el almuerzo. Luego sale a mirar los animales y los cultivos,

Regresa a las 12:00 del día, hace oficios de la casa y sale nuevamente a las 3:00 de la tarde a revisar los animales y los cultivos hasta las 5:30 cuando, regresa a la casa a preparar la comida y se acuesta después de que ve la novela de Diomedes Díaz.

Van 35 familias

Wilson Perilla, de la Asociación de Víctimas Favorecidas por la Restitución en Tillavá, asegura que están agrupados en las 35 familias que han que han sido favorecidas por fallos de restitución.

Perilla, víctima de la guerrilla de las Farc, que se llevó las reses de la finca de su familia para la zona de distensión y luego de los paramilitares, que después de la masacre de Mapiripán, se tomaron el Tillavá, dice que fue de las primeras familias que recibió los títulos de sus tierras.

Aseguró que las familias restituidas están en el proceso de unirse para poder comercializar sus productos, pues esa es la mayor dificultad pues viven a cinco horas por tierra de Puerto Gaitán.

No obstante, ya han comercializado algunos productos como yuca, plátano y cuajada con un caserío cercano al complejo petrolero de Rubiales y esperan seguir haciéndolo.

De su parte, Diana Esmeralda Hererra, directora territorial de la Unidad de Restitución de Tierras, aseguró que el Meta es el departamento del país con mayor área restituida, unas 24.000 hectáreas, que equivalen al 28 por ciento del consolidado nacional y se han recuperado baldíos para el Estado que eran indebidamente ocupados en una cifra cercana a las 8.000 hectáreas. Mientras que en proyectos productivos se han hecho inversiones por cerca de mil millones de pesos.

Explicó que el universo potencial a restituir es de 5.800 reclamaciones y en este momento se han tramitado 1.600 reclamaciones y ante los jueces hay presentadas aproximadamente 420 demandas.

Eso se debe a que no todos los casos que reclaman tienen vocación de restitución y evidentemente entre el 55 y 56 por ciento los casos que no van por proceso de restitución.

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