Remedio para una vida larga

Remedio para una vida larga

El lenguaje se ha venido deteriorando como consecuencia negativa de la confrontación y la guerra.

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17 de agosto 2015 , 09:07 p. m.

El otro día, en una rendición de cuentas de la ministra de Cultura, Mariana Garcés, con la presencia del presidente Santos, fue invitada la cocinera del Pacífico Maura de Caldas. El objetivo: el Presidente iba a pedir excusas a la negra Maura por haber utilizado mal la palabra ‘folclor’.

Santos había usado el vocablo como un improperio contra el procurador Alejandro Ordóñez, desconociendo las raíces anglosajonas que tiene esta palabra en las culturas del mundo: ‘folk’ quiere decir pueblo; ‘lore’, creencias, tradición.

La cocinera del Pacífico escuchó al Presidente y, con el humor que la caracteriza, le hizo la corrección pertinente invitándolo a que se utilicen las palabras como son y no como uno quiere que sean.

En el país ha sido mala costumbre cambiar el sentido de las palabras para eludir la realidad, encubrirla, o simplemente deformarla.

Veamos unos ejemplos.

En los años noventa, cuando las Farc acostumbraban secuestrar personas en las carreteras del país, no sé a qué periodista se le ocurrió la idea de llamar a esta práctica perversa ‘pesca milagrosa’, ocultando así toda la carga de crueldad y sufrimiento que contiene este delito.

En la época de Uribe Vélez, a los asesinatos extrajudiciales que hacía el Ejército con el objeto de recibir prebendas se les llamó eufemísticamente ‘falsos positivos’.

La invitación que nos hace Maura es a que no deformemos el lenguaje, y llamemos las cosas como son. Nuestra realidad ya está bastante deformada, no tiene sentido que ahora cambiemos el lenguaje, que es el que nos permite definir las cosas por su nombre.

En el país, la guerra también se ha metido en el lenguaje desvirtuándolo, hasta el punto de que hemos abandonado el argumento crítico, razonamos a través del insulto y la calumnia.

El expresidente Uribe, con su expresión “le voy a dar en la cara, marica”, inauguró ese lenguaje que nada tiene que ver con el discurso que debe caracterizar a un estadista.

Los políticos son los que más abusan del lenguaje cuando, al verse cogidos con las manos en la masa, invocan la expresión manida de ‘soy inocente’. Poniendo esta hermosa palabra –‘inocencia’– en el mundo turbio del bandidaje y la corrupción.

Entre los jóvenes, el lenguaje se ha venido deteriorando como una consecuencia negativa de la confrontación y la guerra. En la universidad donde trabajo escucho a menudo a mis estudiantes saludar de esta manera: “¡Hola, perro!” ¡Hola, gonorrea!” Expresiones que, de entrada, minimizan al otro.

La negra Maura fue invitada a la rendición de cuentas por la Ministra de Cultura, y, en agradecimiento por las excusas públicas que dio el Presidente, le regaló una botella de ‘parapicha’, que es una bebida

tradicional del Pacífico, hecha a base de ‘arrechón’ bejuco de la selva, huevos de tortuga y testículos de toro; se les da a las personas que saben reconocer sus errores y les garantiza una larga vida. www.fabiomartinezescritor.com

FABIO MARTÍNEZ

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