El reto de transformar la basura en energía

El reto de transformar la basura en energía

Procesos de gasificación de desechos reducen el impacto negativo de residuos sanitarios.

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17 de agosto 2015 , 08:52 p. m.

Sacarle provecho a la basura es un reto que han asumido muchas industrias del mundo en los últimos años. Uno de sus objetivos es evitar que los desechos sólidos, que se acumulan en rellenos sanitarios, liberen altas cantidades de gas metano, una causa directa del calentamiento global. (Vea aquí los datos de la NASA sobre el Fenómeno del Niño)

La tecnología ha abierto la puerta a diversos procesos de transformación de las basuras hacia fuentes como la producción de energía. Así lo explicó Néstor Vela, ingeniero agrónomo de la Universidad del Tolima, durante una reciente conferencia en la Universidad Sergio Arboleda, en Bogotá.

Vela señaló que los desechos de los rellenos sanitarios pueden ser vistos como materia prima para generar energía y que plantas de gasificación y pirólisis (uso de altas temperaturas para destruir materiales) se están utilizando a escala comercial en países como Estados Unidos.

Existen dos formas de gasificación: la convencional y la de plasma. La primera transforma los residuos usando temperaturas entre 600 y 1.200° centígrados y muy poco oxígeno; la segunda genera el calor necesario a través de una antorcha que puede alcanzar temperaturas entre los 2.000 y 7.000° C.

La pirólisis, por su parte, consiste en la destrucción de la materia con calor, normalmente entre 600 y 1.200° centígrados, en ausencia de oxígeno.

El profesor Vela compartió la experiencia de la compañía estadounidense PHG Energy (PHGE), de la que es contratista, y que cuenta con un equipo de gasificación que permite convertir biomasa (materia orgánica vegetal y animal) y residuos sólidos urbanos en combustible gaseoso.

Esta biomasa –añadió– se desintegra, se muele y se carboniza, con lo que se obtienen tres productos principales. Uno es el syngas, un gas de síntesis compuesto principalmente por hidrógeno y monóxido de carbono. Cuando este gas combustible se enfría y se limpia, se transporta a una turbina de gas o a un motor de combustión interno para producir electricidad.

Otro es el aceite de pirólisis, un líquido compuesto por una mezcla de hidrocarburos oxigenados, que se refina y se destila para producir diésel. Y el tercero es también combustible líquido.

A la fecha hay 13 plantas desarrolladas por PHGE operando a escala comercial en Estados Unidos, gasificando cualquier tipo de desechos, desde cáscaras de banano hasta un pedazo de zapato (excluyendo únicamente los materiales radioactivos).

No es necesario hacer una separación de materiales, pues todos se trituran y se mezclan para ser transformados. De una tonelada de residuos sólidos urbanos gasificada se puede producir alrededor de 800 kilovatios por hora, lo que equivale a unos 8.000 bombillos de 100 vatios encendidos durante una hora.

Una planta para residuos sólidos urbanos importada desde Estados Unidos, con capacidad de 64 toneladas por día, costaría alrededor de 17 millones de dólares. Para reducir costos existiría la posibilidad de producir el 70 por ciento de la máquina en Colombia, lo que rebajaría el precio a unos 10 millones de dólares. Sin embargo, es necesario un estudio de factibilidad para evaluar el caso.

En Colombia

En el país se han adelantado procesos de transformación también con el objetivo de producir energía. En el 2008, la vereda El Totumo, de Necoclí (Antioquia), no contaba con energía eléctrica y allí se instaló la primera planta del país capaz de generar energía a través de la incineración de trozos de madera, que alimentaban una pequeña red eléctrica. En el 2011, EPM conectó El Totumo con el sistema de electricidad del país y la planta no se volvió a usar.

Otro proyecto lo lideraron estudiantes de Ingeniería de la Universidad Nacional en el 2013, con la intención de tratar los residuos sólidos del relleno sanitario Doña Juana, donde se reciben diariamente más de 6.000 toneladas de desechos.

El proyecto tenía como objetivo disminuir el impacto ambiental reduciendo la cantidad de residuos hasta un tercio. “La falta de experiencia y de criterio en este tipo de actividades fue un gran impedimento”, sostiene Daniel Hernando Gómez, líder del proyecto.

Tal vez el caso más exitoso de alternativas para manejar los desechos sólidos en los últimos meses en Colombia es el del Jardín Botánico de Bogotá, donde hace un año se instaló una planta que genera energía con la incineración de los desechos de los árboles (producidos al arreglarlos y podarlos).

DANIELA REYES
Para EL TIEMPO

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