El libro de las mujeres anónimas

El libro de las mujeres anónimas

'Érase una mujer' es un libro que permite que los lectores lo escriban y dibujen en él.

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16 de agosto 2015 , 08:47 p.m.

Todo comenzó con una mujer. Lua, de 4 años, la de nombre de luna, quería saber sobre las princesas. Su padre, Lizardo Carvajal, decidió explicárselo a través de su arma secreta y lo que mejor sabe hacer: dibujar.

“Las princesas son solas, no pueden jugar, no pueden tomar fotos, nada. Solo hacen cosas aburridas y llorar todo el día”, le dijo la pequeña Lua en una entrevista grabada en video.

Y sí. Carvajal, diseñador colombiano que vive en Canadá, estaba de acuerdo. Hay mujeres más interesantes que las princesas, mujeres que han marcado la historia de la humanidad y que hacen cosas nada aburridas, mujeres que no se han quedado llorando todo el día.

Así, empezó a investigar y nació Érase una mujer. De su trazo salieron matrioskas, esas muñecas rusas que tienen una dentro de otra, mujeres de todos los colores, con velos turcos, con coronas indígenas, con el pelo cano.

Una tras otra, las matrioskas comenzaron a narrar las historias de grandes mujeres del mundo en distintas épocas y lugares: las de las Madres de la Plaza de Mayo, las de las masái que valientemente se han opuesto a la ablación, las de las abuelas maya.

Acá es muy fuerte la cultura Disney y yo quería contarle a mi hija un relato diferente sobre la historia de la mujer. Que ella tuviera referencias de mujeres llenas de coraje, de valentía, que supiera el conocimiento del universo que tienen las mujeres”, dice Carvajal, cofundador de la editorial digital LuaBooks, especializada en literatura infantil y juvenil, que comenzó a publicar en papel.

Pero esas mujeres tenían que tener palabra y, para eso, –dice Carvajal– se necesitaba la voz de una mujer. Entonces todo continuó con una: Vera Carvajal, su hermana y escritora.

Ella –cuenta Lizardo– se enfrentó a las imágenes y les pidió que le hablaran, que le contaran su historia. Tras un año de investigación, salieron veintidós relatos que comenzaban siempre así: “Érase una mujer que era dueña de las llaves de su universo”, “una mujer que tomó el lugar de su padre para ir a la guerra”, “una mujer que liberó pájaros encerrados en jaulas de oro”. Muchas mujeres, todas valientes a su manera.

“El libro nació de la necesidad de contar la mujer desde otra memoria mucho más profunda y poder entregar a las niñas otras formas de valorarse y de ser mujeres. Fue buscar los hilos de la esencia del universo de lo femenino”, dice la escritora caleña, que creó este libro mientras vivía en Lima “frente a atardeceres vainilla, el mar Pacífico y la nostalgia de la lluvia”.

Para ella fue la posibilidad de dar voz a mujeres que generalmente no aparecen destacadas en los libros. “La idea de los bocetos hechos por mi hermano planteaba que las mujeres somos matrioskas y que unas nos conteníamos a las otras, desde la actualidad hasta la madre tierra. Por eso el libro es un viaje circular”, agrega Vera, a quien le gusta verse más como aprendiz de escritora.

La del corazón de paloma

No se trata, sin embargo, de un libro feminista, ni de biografías de mujeres. De hecho, está planeado para niños y adolescentes, pero ha causado impacto entre adultos. “Siempre las historias han sido contadas desde la óptica masculina y dominante, y esas mujeres anónimas han quedado sin una voz concreta que las cuente”, dice la autora.

Todas son creaciones de ficción pero inspiradas en situaciones reales e históricas. Una de ellas, la de una mujer de sonrisa luminosa, con la que comienza el libro, es una exaltación al poder subversivo de la risa. Narra la historia de un reino donde les prohíben reírse a las mujeres, pero está basado en un hecho real ocurrido en Turquía en el 2011.

El libro está estructurado como una línea de tiempo que nos lleva desde esa historia, pasa por el momento en que las obreras de las fábricas textiles de Nueva York exigieron “pan y rosas”; va hasta los pueblos originarios de América del Norte, donde las mujeres comenzaron a parir como estrategia para evitar ser exterminadas; nos presenta la historia de las mujeres vikingas o las brujas que fueron perseguidas durante la Inquisición hasta llegar a Lucy, la australopiteca, y terminar en la gran mujer, la Madre Tierra.

Así que puede leerse desde la última historia a la primera y viceversa, desde el origen a la actualidad o al revés.

Florence Thomas, quien hizo el prólogo, asegura que este debería convertirse en un libro escolar para bachillerato. “(…) un libro que nos muestra que hay miles de maneras de escribir una historia de las mujeres del mundo, una historia que nos recuerda su fantástica soberanía –destinadas tradicionalmente a la soledad de la reproducción materna– cuando se atreven a enfrentar un mundo hostil y nunca pensado para ellas (...)”.

Por supuesto hay una sobre las mujeres colombianas: “Érase una mujer que tenía un corazón de paloma”.

“Es un homenaje a la mujer colombiana, que tiene un corazón tan inmenso que le permite amar y honrar a los muertos que no ha conocido”, explica Vera Carvajal.

Pero el libro no habla solo de luchas políticas de las mujeres, sino que aborda cómo estas han defendido su cuerpo, su relación con la belleza, o la palabra, para lo cual se habla de Sherezade, y aun de la picardía y malicia de las mujeres para conseguir lo que quieren, como en la historia de mujeres griegas que se vistieron de hombres y suplantaron a sus esposos para hacerse escuchar.

“Buscamos no repetirnos porque creemos que nuestras niñas merecen otras historias diferentes a algo más que las princesas Disney, que son un modelo tan infeliz del ser femenino”, dice.

Un libro por completar

Había más historias, pero tenían que poner un límite: el libro en papel es finito. Entonces decidieron convertirlo en un libro incompleto e interactivo y, por eso, al final de las 22 historias, les piden a sus lectores que continúen escribiéndolo.

En no más de dos páginas, los lectores pueden narrar una historia sobre una mujer importante; dibujar a la protagonista de la historia con un molde que aparece en las últimas páginas y enviarlo a la web de la editorial donde será publicado.

“Pueden contarnos la historia de una mujer: su abuela, que decidió no casarse o que fue sindicalista, o la mujer que se rebeló por cualquier cosa. Lo que queremos es que este sea un relato vivo”, advierte Lizardo Carvajal.

La forma de distribución del libro también es una declaración de principios de la editorial: solo se consigue a través de su plataforma digital y no está en librerías. Ya agotaron la segunda edición.

“Las librerías generalmente se toman el 50 por ciento del precio de venta de un libro y eso deja a los ilustradores, a las editoriales independientes o a los autores con un margen muy pequeño. Por eso nosotros lo vendemos directamente y ese 50 por ciento lo repartimos entre los autores del libro”, dice Carvajal, para quien el libro puede ser para niñas como Lua, que ven la vida más allá de las princesas, pero también para niños y hombres que “deberían conocer mejor la historia de la mujer”.

Una editorial particular

LuaBooks fue fundada por Lizardo Carvajal y Juan Saab, en Toronto (Canadá), en el 2012, y de ella también hace parte el músico Diego Palacios. Se trata de una editorial que ha hecho el camino al revés: comenzó solo en formatos digitales y ahora está migrando al papel, y funciona bajo el concepto de “hacer literatura de respeto por la infancia”. Han publicado libros como ‘El pájaro de los mil cantos’, que tiene una versión en papel y una aplicación móvil llamada BirdTron que, con un sistema de realidad aumentada, permite escuchar los sonidos de los pájaros del libro. O ‘El Vendedor de Sandías’ y ‘Malaika la princesa’. Este último tiene una versión en cortometraje que fue premiado en el Festival de Cine Latinoamericano de Toronto y se hizo para explicarles a los niños sobre la muerte.

“Nosotros creemos que la tecnología debe ir en función de alimentar lo esencial, que es la lectura y no al revés. Tampoco creemos en la guerra entre lo digital y el papel, pensamos que las dos plataformas pueden vivir y que el libro digital es un hermoso complemento del papel, que permite ciertas posibilidades como el audio”, dice Carvajal.

Érase una mujer de sonrisa luminosa

El tirano creyó ver entre las líneas de algún libro sagrado que la risa de las mujeres ofendía a toda la creación. No dudó por lo tanto, ni un momento, en emitir un mandato supremo en el que prohibía reír a todas las mujeres que habitaban su reino.

—Seré benigno —dijo a todos—: podrán reír en privado, donde no puedan alterar la recta moralidad. Pero si son vistas, escuchadas o hay sospechas de que ríen en público, tendrán un castigo ejemplar.

Las mujeres se miraron entre sí y aguantaron la respiración por un segundo. Sonrieron y después, sin que nadie pudiera impedirlo, rieron. No solo rieron, se carcajearon:

—Kahkaha, kehkehe, kihkihi, kohkoho, kuhkuhu.

Fue tanta y tan sonora, que a la risa cantarina de las mujeres se unieron las risas de los girasoles y de las sandías, de las campanas y de las palomas, que se encargaron de transmitir a todos las últimas noticias.

—La risa ha sido prohibida por el tirano: kahkaha, kehkehe, kihkihi, kohkoho, kuhkuhu —era la respuesta en todo el reino.

Como es bien sabido, la risa es altamente contagiosa, así que ya no solo reían mujeres, sandías, pájaros, campanas; los hombres comenzaron a reír. Reían con la boca, reían con los ojos, con la panza y con las manos batidas al aire...

—Kahkaha, kehkehe, kihkihi, kohkoho, kuhkuhu.

Aun las estrellas de cielos milenarios reían con su titilar.

El tirano, que no se daba por vencido, gritaba desde su pedestal:

—¡Las mujeres no pueden reír! ¡Su risa está proscrita!

Pero todos seguían riendo con cada respiración, ya sin poder escuchar tan necia voz. Reían hasta llorar y rieron de todo y, por supuesto, de sí mismos. Reían también por escrito y en todos los idiomas.

—¡Hahahaha, hehehehe, hihihihihi, hohohoho, huhuhuhu!... —¡Jajajajaja, jejejejeje, jijijijiji, jojojojojo, jujujujuju!

Cuando el ataque colectivo de risa fue cesando, el eco de los hechos les siguió haciendo cosquillas por un buen tiempo. Todos terminaron con una felicidad inédita, ingrávida.

La risa es rebelión, descubrieron.

Sobra decir que el tirano fue derrocado. Nadie quería que repitiera, por si acaso, su pésimo mal chiste.

En julio del 2014, el viceprimer ministro de Turquía, Büent Arinc, prohibió la carcajada de las mujeres en público. “Las mujeres no tienen que reírse en público porque tienen que ser castas”, declaró Arinc.

Como respuesta inmediata, las mujeres turcas no solo rieron sino que se carcajearon aprovechando las redes sociales y los medios de comunicación.

En Twitter hubo más de 300.000 mensajes con el término ‘kahkaha’, la palabra turca para ‘risa’; así como los ‘hashtags’ #direnkahkaha, ‘la risa de la resistencia’ y #direnkadin, ‘mujeres que resisten’.

CATALINA OQUENDO B.
Cultura y Entretenimiento
En Twitter @cataoquendo

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