'Quiero hacer música parrandera campesina sinfónica'

'Quiero hacer música parrandera campesina sinfónica'

Desde hace 5 años Iván Darío Mejía organiza un encuentro de música típica en La Florida de Pereira.

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16 de agosto 2015 , 03:58 p.m.

Veinte años después de haber dejado las compañías de ópera con las que recorrió Europa y Estados Unidos y regresar a su ciudad natal para vivir como el campesino que es, el pereirano Iván Darío Mejía Zuluaga está más convencido que nunca de que su decisión fue acertada.

Sus otros dos ‘hijos’: la Feria y concurso mundial del gallo ornamental y el Encuentro de cultores de la música parrandera campesina ‘Cantagallo’, están cumpliendo, respectivamente ocho y cinco años, y se han convertido en los eventos populares por excelencia de las Fiestas de la Cosecha de Pereira, que se celebran anualmente en agosto. De hecho, los dos certámenes se realizan durante este puente festivo y se espera, como siempre, una numerosa asistencia de público en el corregimiento de La Florida.

Mejía promovió la feria del gallo ornamental para exaltar el biotipo de las aves que crían con cariño los habitantes de La Florida. Luego surgió la idea de complementarla con un concurso de música parrandera, que desde la segunda versión es un encuentro.

¿Pero por qué un cantante de ópera abandona los teatros más prestigiosos del mundo para vivir en el campo? “En el momento en que uno canta ópera es completamente feliz. Pero cuando sale de ahí (los escenarios) y vive la vida de una persona extranjera, no lo es. Nunca quise ser un extranjero, siempre quise ser raizal, tengo raíz campesina”, explicó Mejía, de 48 años de edad.

Tras dejar los smoking y los vistosos trajes con los que interpretaba sus personajes en óperas como ‘Don Giovanni’, ‘Tosca’, ‘La Bohemia’, entre muchas otras, este bajo-barítono regresó a La Florida, donde se radicó con sus padres, dos campesinos de Yarumal (Antioquia) en los 80’s.

“Sentí que me hacía falta lo vernáculo, lo tradicional y quise hacer música sin mayores pretensiones cuando regresé”, recordó el cantante, ahora de escaso cabello y espesa barba, casi totalmente blancos.

‘No entraba a clase’

Mejía no fue un buen estudiante. Cuenta que fue malo para permanecer en el salón de clases y hacer tareas, pero sí sacaba buenas notas en los exámenes finales. “Así es Antonio, mi hijo mayor”, contó entre risas. Antonio, de 14 años, vive en Estados Unidos, es saxofonista.

Aunque no heredó la vena musical de su familia directa, sí de otros parientes. Cuando era niño intentó aprender a tocar guitarra, piano y flauta, pero su camino era el canto.

Sus grandes amores han sido la música andina colombiana y el canto lírico, pero en su adolescencia tuvo un romance con el rock. Tenía una frondosa cabellera y siguió con furor a las míticas bandas ‘Kiss’ y ‘Queen’, entre otras.
Aprendió el canto lírico con el pianista italiano Emilio Parachini, uno de los gestores culturales más importantes de Pereira.

A los 23 años ya tenía unas de las cuerdas bocales más apetecidas del entorno musical de Risaralda y pronto se dio a conocer en el país.

La vinculación a la ópera llegó y comenzó a participar en montajes en las principales ciudades del país y luego en el exterior. En la ópera profesional estuvo durante cinco años, hasta que volvió a su tierra.

“La ópera está latente, aún la canto. De hecho, con un amigo, Juan Diego Laverde, hacemos un dueto y cantamos”, comentó.

Pero lo que tiene más encarretado a Mejía ahora es el montaje de un concierto de música parrandera campesina con tres cantantes autóctonos de Pereira y la Banda Sinfónica de Pereira. “¡Será música parrandera sinfónica!”, dice emocionado.

Mientras terminan ese montaje, Mejía continúa apostándole a la creación cultural en La Florida. Lo hace desde Antahkarana, una ONG que creó con unos amigos para buscar el desarrollo del corregimiento y el bienestar de sus pobladores. Antahkarana es una palabra del idioma sánscrito que significa el corazón, el sitio donde convergen el alma, la conciencia y la inteligencia. 

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