Rumbo equivocado

Lo que el país necesita es otra apertura y un cambio de 180 grados en su mentalidad empresarial.

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15 de agosto 2015 , 06:52 p. m.

La discusión sobre política económica, hábilmente orquestada en todos los medios por los asesores de comunicaciones de la Andi, y el debate provocado por las declaraciones del presidente de ese gremio en los medios con anterioridad a su congreso anual tienen el propósito de evitar que se tomen las decisiones que el país necesita para adaptarse a las nuevas condiciones que le ha impuesto la súbita caída de los precios del petróleo.

Esto ha provocado la necesidad de que el país sustituya rápidamente los ingresos que provenían de las exportaciones de petróleo y carbón, y ha llevado a que se analice por qué la industria ha estado estancada y por qué abandonó su vocación de exportar. Era algo que se debería haber hecho con seriedad hace por lo menos 15 años, cuando salimos de la recesión que se inició en el gobierno de Samper. Pero la recuperación coincidió con el auge de las exportaciones de petróleo, carbón y otros productos básicos que nos permitió vivir nuestra propia época de la ‘plata dulce’.

Despertar bruscamente de ese sueño nos está llevando a dar palos de ciego. El sector industrial no mantuvo su dinámica y su rumbo exportador, no sustituyó industrias obsoletas ni acogió nuevas tecnologías, no desarrolló otros productos y se conformó con abastecer el mercado interno porque echó para atrás la apertura. Continuar produciendo lo mismo a niveles cada vez más elevados de protección e ineficiencia nos conducirá a la ruina.

Lo que el país necesita ahora no es regresar a 1989. Necesita otra apertura y un cambio de 180 grados en su mentalidad empresarial. Existe un poderoso sesgo antiexportador que la macrodevaluación ha hecho aún más pronunciado (a pesar de ello, el 61 por ciento de los consultados en la encuesta gremial sostiene que el principal problema es ¡la tasa de cambio!). Como en el caso del café, el estudio anunciado, y rápidamente engavetado, que llevó a cabo Juan José Echavarría sobre la necesidad de modificar la estructura arancelaria y las demás políticas de protección excesiva a la industria y a la agricultura nacionales fue premonitorio y acertado. Si se hubieran seguido sus recomendaciones, estaríamos mejor preparados y no estaríamos sacando del clóset esqueletos del pasado, como lo está haciendo el presidente de la Andi.

Evidentemente, sus afiliados han entrado en pánico con la perspectiva de que se reduzca la sobreprotección de sus mercados y por eso ha revivido el debate que se dio cuando se hizo la apertura hace 15 años, después de que la Andi había sepultado un intento anterior de liberar el comercio exterior durante la presidencia de Alfonso López. Un fantasma recorre prematuramente las oficinas de la Andi. Los argumentos y el talante son los mismos de 1975 y de 1991 (que no se preparó debidamente la industria, que fue apresurado, que ha sido una apertura hacia adentro...). La verdad es que la apertura de los años 90, tal como la concebimos, la mataron hace años. Lo único que ha sobrevivido son la filosofía y el espíritu de libertad económica, que aún subsisten hasta en la junta de la Andi, y la posibilidad de estar conectados con el mundo exterior. La economía es más libre hoy que hace 25 años, pero necesita liberarse aún más.

Perú, que mantuvo la libertad económica y profundizó sus reformas, no está considerando si les impone un sobrearancel a las telas que vienen de China, ni hace polvo sus relaciones diplomáticas con Panamá por ese motivo.

Le da la batalla a China exitosamente en los almacenes de departamento de los Estados Unidos con sus confecciones de algodón, y ha logrado transformar su industria y su agricultura. Nos tiene comiendo mandarinas peruanas, platanitos y espárragos.

RUDOLF HOMMES

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